Sabíamos que no sería fácil. Éramos conscientes del riesgo de nuestra aventura. Lo que no sabíamos era que viviríamos en primera persona una gran tormenta que amenazaría nuestras vidas.
Aunque algo nos habían comentado.
Miabuela: Pero hija, ¡que la casa lleva cerrada desde octubre! Está todo cubierto de nieve, ¡y en Cerezuela hace menos 19º! ¡Os vais a poner malas!
Pero nosotras confiamos en nuestras aptitudes y en el espíritu aventurero que nos guía. Así que partimos
Punto de Luz, Coco,
Xisca, Maya y yo. Cargadas de mochilas, maletas y paquetes de víveres.
Algunas saliamos directas de trabajar en la tele, así que nuestro atuendo es extremadamente desafiante: falda y botas altas. Pero ya habría tiempo de cambiarnos allí.
Miabuela tenía razón, para llegar el tren tiene que atravesar kilómetros de nieve y una vez allí los lugareños nos lo aseguran: en Cerezuela no se recuerda un invierno tan duro y largo desde hace décadas.
Tras cruzar bajo la nieve los 300 metros que separan la casa de la estación del tren, llegamos a nuestro destino.
La casa está en buenas condiciones y perfectamente decorada por Miabuela, pero no hay agua caliente y es imposible encontrar leña seca en toda la zona... la primera noche va a ser la más dura. Pero así es la vida de las aventureras extremas: el día a día en las expediciones es duro y muchas veces incomodísimo. Hay que esforzarse para que el frío, la incomodidad y los peligros no te desmoralicen.
Lo bueno es que con este frío los insectos no son un problema: están todos en sus casas. Congelados.
El hambre tampoco, porque vamos preparadas. Comimos sandwiches de queso, tortillas de patatas y tres pizzas: una semicruda, una casi quemada y una en su punto. Daba igual: nos hubiéramos comido cualquier cosa que estuviera caliente. No es un juego, es la única manera de supervivir.
Hace tanto frío que casi ni bebemos. Hasta que recuerdo que se supone que el Desafío es Extremo y digo:
Yo: ¡Vivamos peligrosamente! ¡Pásame la coca-light!Y entonces la botella -sin abrir- de Sunny de naranja se cayó al suelo. Y todas sabíamos que nadie iba a ir a por él. Pero fuimos. Heroicamente. Y Xisca tuvo su Sunny.
Habíamos decicido encender la calefacción sólo en dos habitaciones: una el salón, donde las cinco estamos reunidas en torno a la mesa; otra, el dormitorio principal. Pero hasta que la casa se caliente, hace un frío terrible.
Tanto, que al ir al baño sale tanto vapor que nos da complejo de
kettle. Tanto, que nos daría igual salir de la casa y hacer pis en el jardín.
Jugamos al Trivial para mantener la moral. Suena el teléfono.
StreetGirl: Hola chicas, llego después de comer.Yo: Hola SG. No sabemos lo que nos espera mañana. Tormenta de nieve, osos polares... las condiciones son extremas.StreetGirl: A eso de las cuatro. ¿Habéis conseguido un sherpa?Por eso son mis amigas. Por su valor en todo tipo de situaciones.
En un momento de
desespero lucidez decido pasar todo el día siguiente borracha, así que encargo a quien vaya a comprar el pan por la mañana que traiga también un par de botellas de Rioja.
Yo: Voy a ir a chupitos.Si salimos de esta, nuestro único objetivo será llegar sanas y salvas a Madrid capital.
Pasamos la noche bastante bien: dos duermen en el salón, tres en el dormitorio principal (donde por cierto hace un calor tremendo y me despierto sofocada en mitad de la noche).
A la mañana siguente Coco, de la mano de Xisca y bajo el auspicio Antoñita (
la santa de Miabuela, que nos cuida desde el llavero), ultima una expedición para buscar desayuno, wifi y aventura extrema. Lo encuentran.
No traen el Rioja, pero no hace falta porque las otras tres nos despertamos más tarde, a tiempo para la comida, deliciosa y acompañada de un vino estupendo, en un restaurante chupi y calentito. Allí, y ya medio pedo, nos encuentra StreetGirl, que se une a la sobremesa y recomienda "Into the woods" para preparar el proximo viaje. Yo he leído The Walden, así que considero que no me hace falta.
Los señores del restaurante nos invitan a licor de chocolate: recargamos el depósito de calor interno y salimos de expedición.
Coco y Xisca nos informan de que, durante su exploración de la mañana, han encontrado una tienda donde comprar leña, astillas y briquetas. Nos llegamos hasta allí, encargamos de todo y seguimos nuestro paseo mientras los señores nos lo llevan hasta la casa. Así que cuando volvemos lo encontramos todo esperándonos para el desafio definitivo: encender la chimenea.
Sí, amigos, finalmente conseguimos algo que nos parecía imposible y probablemente a vosotros también desde hace muchas líenas de post. Encendemos el fuego y pasamos en cuestión de 10 minutos de andar forradas de ropa a jugar a cosas en el salón en bragas y camiseta.
Fuera, nieva.
Dormimos calentitas (incluso más de la cuenta, me vuelvo a despertar acalorada) para encontrar de nuevo el jardín nevado. Esto nos anima, pues el tiempo se nos termina y queremos recordar la imagen blanca y fría de nuestra aventura en Cerezuela.
Volvemos a la estación, a coger un tren que nos lleve a casa a enfrentarnos a un nuevo y emocionante reto, el
Cocido Anual En Mi Casa de Jónatan Sark. Desde el espeso caldo con fideos, hasta chorizo, jamón, morcillo, gallina y tocino, pasando por las patatas, judías, zanahorias y nabo, sin olvidar los garbanzos, un recorrido por los mejores ingredientes del tradicional plato, que devoramos.
Y así transcurrió el fin de semana pasado: ¡me ha costado tres días recuperarme!
Que nadie se preocupe, que es todo casi broma. Lo pasamos taaaan bien...
(*) En realidad no se llama Cerezuela, pero así lo llama Sark y así se quedó.
(**) Anarroseado leve y libremente de este blog.