MANAZAS

Yo, Be, me he cargado la plantilla milenaria de QaD por torpe y con un solo clic. Me autoflagelo ante mis copropietarias y me comprometo a dejarla lo más parecida posible, si no mejor. ¡Palabra!

viernes, febrero 18, 2011

Degenerados

Estaba contando a mis alumnos pequeños (13 - 14 años) ciertas costumbres de la Edad Media y les estaba hablando de la edad temprana en la que algunos matrimonios se celebraban.

- Y sí, en la Edad Media, algunas chicas de vuestra edad ya estaban casadas.

La indignación cundió por la clase:

- ¿¿Qué????

- ¡Pero si eran pequeños!

- ¡Qué burros!

- ¡Esta gente de la Edad Media eran unos bárbaros – palabra que aprendieron cinco temas atrás y les encanta – y unos... parias! – palabra que han aprendido este tema. Aunque aún no la controlan demasiado.

- ¡Hala!

- Pero profe, eso es... ped... ped... ped... ¡PEDIATRÍA!

Los pediatras. Esos degenerados.

lunes, febrero 14, 2011

Nivel de ahogamiento dos: culazo&co

Yo también tengo señoras en la pisci, como Molinos. En el vestuario, tres señoras del tamaño de morsas marinas y de la edad de un galápago viejo, hablaban y reían de una forma en la que yo sólo podía pensar “estoy en un post de Molinos. Si de repente veo aparecer a una chica con un bañador transparente y un trasto de música de agua fulminando a estas viejas con la mirada, será ella”.

Pero como siempre las cosas pueden volverse más terribles, una se fue y se despidió de su desnuda compañera al grito de “¡ADIÓS, CULAZOOOOO!” mientras le daba una palmada en el susodicho.

Repito la asociación: tamaño de morsa, edad de tortuga vieja y desnudez.

Yo estaba estupefacta, pero aún aluciné más cuando Culazo decidió corresponder como se debía a su amiga y le dedicó un bailecito meneando sus tetas ombligueras, sus tres barrigas debajo y, claro, su culazo mientras ella misma se daba azotitos en el trasero y gritaba en el vestuario “AAUUUHHH”. Me reí un poco interiormente ante las escena, no lo pude evitar.

Ese día me olvidé el peine y el cepillo en casa y no pude desenredármelo. Me lo sequé para no coger una pulmonía, me lo mesé un poco con los dedos... y salí de mi primer día de la piscina peor que la duquesa de Alba en un bad hair day.


Fue un castigo divino por haberme reído de Culazo y tocaculazo, seguro.

jueves, febrero 10, 2011

Nivel dos de ahogamiento

Últimamente tengo la espalda pochapochísima. De vez en cuando me duelen la lumbares cosa mala, lo que hace que me mueva como una tortuga artítrica. Con las vacaciones de Navidades aparqué el baile y al cabo de unos días mi espalda se fue arrugando y tuve un par de momentos de levantarme y quedarme encasquillada en un ángulo de sesenta grados. Parece que tengo que hacer más ejercicio para fortalecer la espalda, así que decidí retomar la natación. Sé nadar, pero para coger el ritmo y obligarme un poco, preferí ir a clases.

Fui a hacer la prueba de nivel hace unas semanas a la piscina:

- Haz tres largos: uno a crol, otro a braza y el último a espalda.

Tres largos después...

- Emm, bueno, nadas bien, te voy a poner en el nivel alto, pero la verdad es que te falla un poco la respiración.

¿Que me fallaba un poco la respiración? ¿UN POCO? el chico fue muy diplomático, porque casi me ahogo después de los tres largos. Y no por no saber nadar, sino por mi deplorable estado de forma y mi lamentable capacidad pulmonar.

Así que con estos antecedentes fui a la primera clase un poco acogotada. Me imaginaba hordas de nadadores expertos pasándome por la calle a toda velocidad y mirándome mal por ser tremendamente lenta. Con todos estos pensamientos de agobio en la cabeza llegué al sitio de la pisci donde era mi clase.

Decir que había un montón de gente sería inexacto. No había mucha gente esperando. ¿Un par? no. Más bien, nadie esperando. Porque, como más tarde averigüé, la clase es muy pequeña: Soy yo. Bueno, y el monitor. El monitor y yo.

El chaval me tuvo cuarenta y cinco minutos nadando sin parar. “Claro, como estás sola no tienes descanso... ¿no te iría bien otra hora, para que estés menos solita y sea menos aburrido?” me preguntó, con voz melosa. Luego me di cuenta de que su horario laboral acaba cuando mi clase termina... y si estoy yo ahí no puede escaparse un ratillo antes. Pero para fastidio del pobre monitor, ese es el único horario que me va realmente bien, así que le tengo ahí, hastiado dándome clase a mí sola. A mí no me importa demasiado lo de estar sola y, en contra de todos los pronósticos, aún no me he ahogado en mitad de la piscina, hundida por el peso de mi propia cabeza. Pero creo que el monitor va a vengarse de mí, porque al acabar la primera clase: me dijo:

- He pensado que un día a la semana te voy a poner a hacer abdominales. Y sentadillas. Y...

Eso sí, que quede constancia de que estoy aprendiendo mucho. Estoy aprendiendo exactamente cómo colocar los brazos en crol y cosas así. Y, bueno, la enseñanza más importante: la importancia del color. Me explico. Estaba yo nadando mi primer largo a espaldas y oí así como distorsionado y a lo lejos “nooooOOOOOOUUUUUUuu”. No lo relacioné conmigo y dos segundos después oí “plonc”. Eso sí que no lo oí distorsionado ni a lo lejos. Lo oí bien alto y clarito, exactamente a la vez que mi cabeza impactaba contra el bordillo y hacía un daño que te cag*s. Así que la primera enseñanza útil de mi monitor fue “¿ves los colores de las cosas estas que separan las calles? Mira de reojo y si las ves de color rojo, PARA”.

Anda, si resulta que lo de los colorines tiene razón de ser y no es sólo para hacer bonito.

sábado, febrero 05, 2011

Con ella llegó la revolución

Este post va de hacer risas tontas sobre un asunto serio. Otros hacen risas negras y listas, como uno de los manifestantes que tuiteaba el otro día desde la plaza Tahrir: Want to laugh? I'm thinking to myself, "if I get arrested, moms going to kill me... And Mubarak"

Tengo el pasaporte caducado. Eso para un periodista es una cosa muy lamentable, porque mi trabajo es contar cosas desde la Bolsa, o desde el Ministerio de Economía, o desde la redacción de mi tele, pero imagínate que me mandan a Egipto a contar la revolución de estos días. Que me hubiera encantado, pero no hubiera podido por no tener el pasaporte en regla (*).

Así que mientras me decido a entrar de lleno en el proceso de renovación (mi dni está caducado también) me he puesto a hojear el pasaporte. Y me he encontrado algunos sellos.


Verano del 2007, viaje de superamor a un Túnez lleno de peces, picaduras de medusa y tomates, en Mahdía, el mayor puerto pesquero del país. Diciembre de 2010, un joven tunecino llamado Mohamed Bouazizi protesta después de que su puesto callejero de frutas fuera confiscado, dejándole sin trabajo, sin fuente de ingresos, sin medio de mantener a su familia, quemándose a lo bonzo. Su acción, unida al descontento de la gente por la subida de los precios de los alimentos básicos, la crisis económica y la corrupción en el país, dieron lugar a una revolución sin precedentes que consiguió derrocar a Ben Alí.


Verano de 2009, viaje de aventuras, turismo y gastronomía con Maricalpi, me dejé medio corazón en El Cairo y el otro medio en el Nilo. Enero de 2011, contagiados por la exitosa revuelta de Túnez y con un poco de ayuda en Internet, Egipto ruge. Una multitud de manifestantes, con gran presencia de mujeres, de jóvenes, de familias, protesta contra el régimen de Hosni Mubarak. Durante días se hacen fuertes en la plaza Tahrir, desafiando a las cargas policiales, a la falta de comida y agua, a los cortes de las telecomunicaciones móviles e Internet. El punto álgido es la "marcha del millón de hombres", la manifestación multitudinaria del 28 de enero. En este caso el presidente se resiste a dejar el poder, y manda a sus hombres, organizados, a enfrentarse con los manifestantes (¿qué pasa? ahora no soy periodista, soy bloguera). Armados con palos, piedras, cócteles molotov y en algunos casos armas de fuego, se enfrentan a la multitud. Tras unos días de acoso a la prensa internacional y detenciones de activistas y trabajadores de las organizaciones de derechos humanos, el gobierno promete el cambio, sí, pero con tiempo de tomar represalias y llevar a cabo un Tiananmen con cuentagotas. Cientos de miles de egipcios siguen protestando, pidiendo el cambio "ya", confiando en que pueden cambiar las cosas.

¿Casualidad? No lo creo.

Con este mismo pasaporte he viajado a Cuba, Roma, Londres, Estambul, y ya hay quien se pregunta si imitarán los cubanos a Egipto. Aquí hay una pauta, y no soy la única que la ve.

¿Qué opináis? ¿Será Cuba la próxima en caer? ¿Le seguirá Turquía y luego Londres? ¿Y después Cádiz?

Y, sobre todo, ¿dónde voy este verano?

(*) No me han mandado a El Cairo, pero lo he contado desde aquí con ayuda de nuestra corresponsal, de la agencia Reuters, de Al Jazeera y de twitter, lo mejor posible en esas condiciones. Y lo he vivido con una ilusión que hace mucho que no sentía. Hasta el 2 de febrero, mi mensaje de gtalk era "en la tele pero soñando con Egipto", 3 de febrero lo cambié a "en la tele pero sufriendo con Egipto", y ayer volvía a ser "soñando".

También he pensado en
mi copto, con el que hablé el día antes de que empezaran las revueltas y del que no había vuelto a saber hasta este miércoles: "No te preocupes por mí, estoy con mi familia lejos de El Cairo. (…) la situación ha dejado de ser apasionante para ser peligrosa solamente (…) ¡Hablar contigo resulta muy peligroso porque al día siguiente pasan los líos!".

viernes, febrero 04, 2011

Dancing with myself

Últimamente, me está costando bastante escribir en el blog. Se me han cruzado un par de pensamientos inquietantes por la cabeza difíciles de controlar (¿qué pasaría si en el trabajo descubrieran? ¿me podría meter en problemas? ¿tiene algún sentido que escriba, así en general?). Creo que no soy la única, una de mis bloggers preferidas, Perlita de Huelga, está pensando en abandonar el blog (dear, no lo hagas. El tuyo suele ser el primer blog que nombro cuando alguien me pide recomendaciones. En serio. Me encanta como escribes y tu forma de contar las cosas y, de verdad, creo que tienes talento. Compártelo con nosotros y si tienes que dejar algo, deja algún foro, que seguro que no aprecian tus palabras como yo y sigue dándole a la tecla como Perli).

En resumen, que estoy un poco plof con lo de escribir, así que para motivarme he decidido escribir sobre algo que me encanta (aunque me va a salir un post bastante aburrido, aviso).

Baile.

No, no de los míos, que ya he dado mucho la lata. Sino sobre otro baile que me encanta, que fue el primer tipo de danza que me hizo exclamar "guau. Ojalá yo pudiera hacer eso". El ballet. Cuando lo descubrí tenía ya unos once-doce años y era una cría tímida y patosa que estaba muy frustrada porque cierto ejercicio de gimnasia deportiva no le salía después de estar cuatro años practicando. Pero esa es otra historia.

Un verano vino una compañía de danza a Palma, creo recordar que fue la compañía de ballet de Cuba, dirigida por Alicia Alonso y le pedí a mi madre que me llevara a ver el espectáculo. Salí emocionada. A partir de entonces me enamoré del ballet y fui a ver espectáculo tras espectáculo.

Pero nunca llegué a apuntarme clases de ballet. Supongo que esa cría regordeta pensó que ya era tarde para poder ponerse unas puntas y nunca pidió que le apuntaran a ballet. Supongo que pensó que con esos kilos de más y con esa gracia de menos nunca podría encajar dentro de un tutú. No me acuerdo. Pero leyó mil y una veces "hijos de jueves" (una novela juvenil sobre un crío y su hermana que bailaban. Se lo dejé a una ........ y nunca lo volví a ver. Aún añoro ese libro), robó a su padre las cintas de música de Tchaychovsky, Stravinsky o Rimsky-Korsakov, suspiró por Julio Bocca y dio la tabarra mucho a su mamá para ir a ver espectáculos de ballet.

Muchos años después, me sigue encantando el ballet. Lo alterno con danza contemporánea, que descubrí aún más tarde y que tiene cosas maravillosas. Quisiera ir mucho más a menudo y saber más sobre historia del baile y sobre técnica, pero voy aprendiendo poc a poc. Así que estoy encantada en estos meses, porque están saliendo bastantes documentales y pelis sobre el tema.

Primero, Black Swan, peli que en cuanto estrenen iré a ver a la carrera.

Seguimos con "El esfuerzo y el ánimo", un documental sobre cómo la Compañía de Maurice Béjart de Lausanne está viviendo tras la muerte de Béjart.



En tercer lugar, "La danza", sobre el Ballet de la Ópera de París.



Y finalmente (creo) "Pina", una peli en 3D con la obra de la coreógrafa Pina Bausch.



¿Cuántas se estrenarán en España? Posiblemente todas, aunque creo que sólo los privilegiados de Barcelona y Madrid podrán verlas todas.

"El esfuerzo y el ánimo" creo que se presentó en Barcelona pero no en Madrid, "La danza" está ahora en los Verdi, ver "Black Swan" no creo que sea un problema y con "Pina"... veremos.

lunes, enero 31, 2011

Perrito y sus taras


Perrito tiene dos años, un colmillo a la virulé, complejo de bajito, malas pulgas con los otros perros y dos o tres taras.

También tiene poderes, porque salir en todas las fotos con los ojos verde fosforito no es normal, yo creo que le pilló en la calle una tormenta eléctrica rara o algo así.

Perrito, el sexto Misfit. Ya iré investigando a ver cuál es su poder.

Pero ser maltratado, abandonado y atropellado puede dejar secuelas. Y en el caso de Perrito, son:

1- No le gusta estar sólo. Al principio de venirse a casa lloraba desconsolado cada vez que me iba a trabajar. Yo me acababa de mudar al edificio que tiene unos vecinos majetes pero un portero gilipollas. Todos los días me daba el parte, todos los días cronometraba el tiempo que Perrito pasaba llorando después de irme yo (5 minutos el día que más tiempo, señores, y no eran ladridos, eran lloros perrunos), todos los días me decía que lo que Perrito necesitaba era "libertad". Perrito dejó de llorar y el portero dejó de dar el coñazo, no sin que antes yo sacara a pasear a la pija que puede haber en mí (no en vano Mi Madre Mola Mil).

2- Pega como una niña. Como tiene la mandíbula rota y le faltan dos colmillos y varios dientes, Perrito tiene hándicaps. Con comida, huesos y juguetes no hay problema, pero tiene la boca "delicada" y al pelearse (jugando) con Gol lo nota. Así que en lugar de mordisquear, como los perris normales, pega con las patas. Así como pequeños manotazos perrunos. Como las niñas.

3- No sabe jugar al fútbol (ni a nada). Parece absurdo, pero a jugar también se aprende. Y como a Perrito nadie le había dedicado tiempo, pues no sabía. Íbamos al parque, yo le tiraba su donut (una rosquilla hecha del material de las pelotas de tenis, genial!) y él iba a buscarlo y en lugar de traerlo de vuelta lo escondía. Cuando fuimos al Retiro con Moli y las Princezaz, Perrito estaba muchísimo mejor, pero aun así notaron algo raro (es que son muy listas).


Costó varias sesiones de terapia con Punto de Luz y Vann que aprendiera el sencillo mecanismo "yo te lo tiro, tú me lo traes".

Poco a poco se le van notando menos las taras y Perrito va estando mejor. Y espero que para la primavera la diferencia sea tan grande como en estas fotos que enseñan el antes y el después de unos cuantos perros abandonados que, como el mío, han tenido la suerte de encontrar una casa/familia/vida nueva.

(Dice Efe que se va a pasar una temporada sin dibujarme nada, y mucho menos perros. Pero yo no me lo creo)

viernes, enero 28, 2011

Perrito y sus complejos


Perrito hace cosas que nunca había visto en mis perros anteriores. Pero claro, todos han sido perras menos Gol, que es un pastor alemán de 40 kilos. Veréis.

Yo me pongo el visón y acompaño a Perrito mientras él recorre sus dominios olisqueando absolutamente todos los árboles, esquinas y farolas (porque son suyos), hasta que encuentra uno que le gusta especialmente. Entonces levanta la patita, se retuerce, se escora infinitamente hacia arriba… y hace pis luchando contra la fuerza de la gravedad.

Eso mis perras no lo hacían. Ni Gol. Así que cuando el Hombre Malo me preguntó si Perrito hacía pis hacia arriba le pregunté, muy intrigada, que cómo lo sabía.

-Lo hacen los perros pequeños. Es para marcar el árbol y que los otros perros piensen que es más grande.
Por eso no lo hace Gol, porque el único perro en el vecindario más alto que él es el dogo de la esquina. Y porque si apunta hacia arriba, con lo grande que es, se le acaba el árbol. En fin.

Fenomenal, Perrito tiene complejos.

¡Ah! Los dibujitos son de Efe.

jueves, enero 27, 2011

Perrito, de una vida perra a una suerte "loca"

(Gracias al Capitán Achab por el título)
Al principio no estaba segura de poder tener perro. La pereza y el caos son fuertes en mí, así que temía el momento en el que, a las equis semanas de hacerme cargo de Perrito, las responsabilidades me superaran. Darle de comer, bañarlo, cepillarlo, darle las pastillas, pasearlo tres veces al día. No tenía muy claro si podría hacerlo bien, y lo último que le faltaba al pobre, después de lo mal que lo ha pasado, era una dueña desastrosa. Pero bueno, llevamos tres meses y pico y la cosa va bien.

Incluso ahora en medio de la ola de frío polar: lo saco por la mañana vestida como si me fuera a escalar el Himalaya con Jesús Calleja, lo saco al mediodía antes de irme a trabajar vestida ya de perriodista económica y lo saco por la noche con mi Abrigo de Pasear a Perrito (AdePaP).

Mi AdePaP es un visón que le regaló mi abuelo a mi madre cuando cumplió los 18, que mi madre no usa desde que cumplió los 38 y que yo sólo me pongo de noche porque la última vez que lo adaptaron a la moda de la época era 1988 y cuando me lo pongo parezco salida de Regreso al Futuro (o Dinastía).

Pero lo uso porque, amigos, los hombres de las cavernas tenían razón. Porque los rusos tenían razón. Porque los Stark tenían razón. Las pieles son lo mejor que puede haber contra el frío. Me quito el abrigo de ir a trabajar y me pongo el de Pasear a Perrito y qué queréis que os diga: es otro rollo.

Aparte de que los pobres visoncitos ya estaban muertos antes de que yo naciera, y creo que da buen karma contribuir a que sus muertes no hayan sido en vano.

Así que me pongo mi visón ochentero, y salimos.

No sé si lo habréis adivinado por su pinta, pero Perrito es un tipo duro que no se fía de ningún otro perro.

Ha vivido en la calle ni se sabe cuánto tiempo, y le han debido de putear mucho. Así que, cuando se cruza por la calle con otro bicho peludo, básicamente gruñe. No muerde, no busca pelea (normal, con la mandíbula rota como la tiene no duraría ni medio asalto), pero no se fía.

Trata a menudo con tres perros:

1. Caníbal, el Yorkie Toy de mi exbecaria MeriBella, con el que protagonizó una maravillosa escena que el Capitán Achab describió como "violación carcelaria sobre hielo" en el parqué de mi salón para decidir quién mandaba.

2. África, la terrier de mi amiga Cris, en cuya casa Perrito hace pis según entra por la puerta. Dicen que es porque África le gusta y para los perros hacerse pis es como para los niños de 5 años tirar de las coletas.

3. Gol, mi pastor alemán de 40 kilos que vive en casapadres y al que Perrito se empeña en ladrar como si en vez de un perro de circo fuera un perro guardián. Gol le mira con infinita paciencia y suspira como diciendo: "Hay que ver cuánto ruido hace la merienda".

Sin embargo la gente le encanta.

Me sorprende que un bicho que ha sufrido tanto por culpa de las personas, al que le han hecho tantas putadas, sea tan sociable.

Todos los vagabundos de paso por el barrio le dan conversación (a mí no me dirigen la palabra) (no es que me importe) y él los mira como si los entendiera.

Los porteros hotel de 5* de la manzana de al lado hacen carreras para darle un premio perruno cada vez que pasamos por allí: Perrito llega emocionado como un loco y tras comerse su galleta se va feliz moviendo el culete.

Las señoras locas del barrio, ésas que llevan el pelo morado, ropas raras y miles de foulares al cuello, le adoran. Si van con sus perros y tienen un número variable que va de uno a tres perros pequeños con pinta de cabrones, no, porque Perrito les gruñe. Pero si van solas le hacen más fiesta que si fuera su nieto.

¿Por qué será?

Imaginemos un momento que es un día de mucho frío y yo llevo mi Abrigo de Pasear a Perrito. Y que llueve, por lo que Perrito lleva su chubasquero rojo con capucha.

Para mí que las viejas locas del barrio ya nos han aceptado como de los suyos.

Estamos superintegrados.

Una vez más, los dibujitos son de Efe.

miércoles, enero 26, 2011

Perrito y yo


Perrito es pequeño (10 kilos), peludo (está cubierto de pelo blanco y negro, y a poco que me descuide, también mis sofás, y mis jerseis y mis botas por dentro quedan cubiertos de ese pelo), suave (los mil cortes que tenía se le han ido curando, y el día que toca baño -con agua templada y champú para perros- además de suave huele a peluche durante 48 horas).

No es blando, ni por fuera ni por dentro. Cuando llegó se le veían las costillas, ahora tiene algo de carne en los huesos. No se sabe sentar, cuando le hago plantar el culo en el suelo para darle una galleta o antes de ponerle la correa para salir, se mueve incómodo como si le molestara esa postura tan rara. Creo que tiene alguna costilla rota y mal soldada, probablemente por culpa del mismo hijodeputa que le saltó dos colmillos de una patada.

Lo que tiene bonito son los ojos. Marrones, inteligentes, tristísimos.

Perrito tiene la mandíbula rota, el hocico torcido y un colmillo a la virulé, pero ahora que ya no está de los nervios parece que sonríe todo el tiempo. Es mimoso como no he visto otro perro. Si se queda dormido en el sofá se pone pegadito a mí y se acerca dormido si me separo. Si se duerme en el suelo pone la cabeza sobre mis pies. Si se duerme en mi cama se queda frito bocarriba, como sin creerse la suerte que ha tenido.

¿Han visto qué mono Perrito correteando versión Efe?

martes, enero 25, 2011

Perrito descubre el mundo


Desde hace tres meses y pico tengo un nuevo compañero de piso: Perrito.

Perrito llegó de repente. Yo estaba cenando la espectacular empanada de Sark en casa del Hombre Malo y HerrDaine cuando me llamó una compañera de curro. Era una emergencia: el perro que una vecina suya había encontrado abandonado, lleno de sangre, con la mandíbula inferior colgando y asustadísimo en una gasolinera de las afueras de Madrid necesitaba una casa y la necesitaba ya. O le encontraban una casa de acogida esa noche, o iba a una perrera. Y en su estado no hubiera aguantado en una jaula a la intemperie ni dos días.

Así que me lo trajo. Tembloroso, asustado, dolorido y frinkándose su mantita compulsivamente. Parecía un nervio con pelos, pero lo que tenía era un trauma gordísimo de perro maltratado.

Cuando llegó a mí ya no estaba lleno de sangre, pero sí flaquísimo, con un colmillo a la virulé y una expresión de miedo que recordaba a esto pero daba más penita que otra cosa. La primera vez que lo cogí en brazos y me lo puse en el regazo para ver la tele, Perrito no sabía qué iba a hacerle. Es como si no le hubieran acariciado nunca.

En principio se iba a quedar un par de semanas, mientras duraba el tratamiento con antibióticos y calmantes, el veterinario decidía si hace falta operarle de la mandíbula y las niñas de la perrera le encontraban otra casa. Las dos semanas se convirtieron en cuatro, las cuatro en seis, y al poco ya le había comprado una camita, un collar de perro pijo, otro collar para ir a la playa, miles de juguetes y el pienso más caro que me puedo permitir.

Pero no fue hasta que ya llevaba dos meses haciéndole compañía tres veces al día mientras pasea por su territorio…


…que me di cuenta que Perrito había llegado para quedarse. Estaba contándole esta historia a un amigo (Efe dice que fue él, y es muy posible que tenga razón): "Tiene el rabito retorcido y pinta de perro de circo, así que le he comprado un collar plateado como de perro de Paris Hilton". De pronto se empezó a reír y me dijo: "Ya es tu perro. Lo sabes, ¿no?"

Imágenes de Perrito cortesía de Efe Morningstar (ilustrador, mente preclara y muso).

lunes, enero 17, 2011

Sin él no habría sido igual


¡Hola! Vengo a intentar cumplir mi propósito de año nuevo. Déjenme que recuerde el post anterior… sí, esto iba de escribir más. De contarles cosas monas y felices. De volver a darle vidilla al blog. De recuperar el humor.

Y qué mejor para ello que hablar de muertos.

De uno en concreto: Augusto Algueró.

Se murió ayer, así que ya habréis visto la noticia en la tele, en todos los periódicos, en Internet. Hasta los más despistados saben a estas alturas que este señor fue marido de Carmen Sevilla, que compuso Noelia, la eurovisiva Vivo Cantando y Penélope (o sea que tiene la culpa de que Pe se llame así).

No se me ocurre pasarme por la capilla ardiente que le han puesto en la Sgae, pero sí quiero hacer un pequeño homenaje desde aquí. Porque el señor Algueró está detrás de algunas cosas muy importantes.

Está detrás de un clásico de los karaokes de antes de que se inventaran los karaokes: La Chica Yeyé.



Está detrás de muchos de los temazos de Marisol.




(Tómbola no la pongo porque odio Tómbola)

Y está detrás de la banda sonora del Verano Azul que vivimos una y otra vez.



Así que no: sin él no habría sido igual.

martes, enero 04, 2011

Escribir


El otro día decía nosequién -bueno, sí sé quién, Juan Cruz, pero es que es un señor que no me cae demasiado bien y como tengo amigos a los que sí, pues me las iba a dar de diplomática y a pasarlo por alto, pero no-, pues eso, que decía Juan Cruz, o mejor recordaba Juan Cruz, que Juan José Millás le dijo una vez que escribía "porque no estaba bien". Resumen del señor Cruz: escribimos cuando estamos jodidos, la tristeza inspira mucho más que la alegría, la depre es mejor musa que la felicidad.

Eso, señor Cruz, será verdad si uno quiere ser Buero Vallejo. Si, como yo, a lo más que has aspirado es a ser una Jardiel Poncela wannabe -y eso en los días buenos y con un subidón de endorfinas de los de después de frinkar-, pues como que no funciona.

Llevo una temporada que lo único que hago es trabajar, pasear al perro, dormir, pasar por Casapadres y llorar con las pelis de amor.

Y el mérito no es de las películas; hoy ha sido con Tom Cruise diciendo "you complete me" y Bridget Jones contestándole "you had me al 'hello'". Puh-lease!

Un lector al que tengo especial cariño me preguntó hace poco por Formspring si mi prolongada ausencia blogueril se debía a que me había echado un novio. Mi respuesta le dejó tan helado que me mandó un email genial con esto dentro que me encantó pero aún no he tenido las narices de contestar. (Al lector: si lees esto, sigue mandándome de cuando en cuando canciones por el espoti. A veces me pongo música mientras curro, y me da la vida).

No puedo echar la culpa al PPP (Puto Parkinson de Papá). Ni tampoco a mi no-tan-nuevo jefe, que tiene días mejores y peores pero tampoco es France Telecom. Ni a no tener ni puta idea de elegir hombres, que desde el maldito enero de 2009 en el que Facebook From Hell empezó a hacer de las suyas no he dado ni una (aunque sí que es cierto que me he reído mucho mucho). Ni a haberme hecho mayor de pronto, en forma de (A) contrato de alquiler a mi único nombre de un precioso pisito por la mitad de mi sueldo cada mes y (B) perrito abandonado que depende de mí al 100% mientras deja la casa perdida de pelos (en blanco y negro, eso sí, que se puede ser un chucho peludo alopécico y aún seguir conservando el estilo).

Creo que la culpa es mía por no saber levantarme del todo, o no hacerlo durante el tiempo suficiente.

Pero la cuestión es que se me fue la inspiración.
Atención, ésta es una imagen robada, repito, ésta es una imagen robada.
No es que no sea Jardiel Poncela, es que no llego ni a José Mota.

A o largo del día se me ocurren miles de posts, sí, pero cuando llego a casa y me siento en frente de HK ya no me acuerdo de qué iban.

Por ejemplo anoche estaba repasando los contenidos de mi cámara de fotos y vi un video de este verano, de cuando Little Miss X, Lauris, StreetGirl y yo íbamos camino de Benidorm y nos perdimos en un pueblo llamado Aspe y reaccionamos como cuatro buenas chicas ¡¡woo!! Y pensé "que te pase algo así y no hacer un post es como que tu padre te de tres talentos y enterrarlos en el suelo hasta que vuelva".

También tengo por escribir varios posts sobre mi nuevo perro, que apareció de repente y ya tiene más amigos en el barrio que yo. De momento tengo los títulos: "El Perrito 1", "El Perrito 2", "El Perrito 3" y "El Perrito 4".

Cuando mi padre se puso enfermo y la ola de pena se me convirtió en tsunami y necesité pastillas y a Ele (de Loquera) para salir del agujero, una de las cosas que más me apetecían, de las pocas que me hacían ilusión era escribir aquí.

Y voy a ver si puedo hacer que vuelva a ser así.

Y si puedo superar rápido la etapa José Mota y la Buero Vallejo, y saltarme la etapa Corín Tellado, y llegar deprisa, si no a la Jardiel Poncela, al menos a la Paz Padilla.

Trabajo, duermo, paseo al perro, salgo (con moderación), me emborracho (sin moderación ninguna), pruebo cosas nuevas, me intentan ligar chicos cada vez más jóvenes (el último tenía 23... ¡¡¡23!!!), cocino (poco), mato plantas, descubro mil y una formas de quitar pelos de perro del sofá... y os lo voy a contar.

Éste es mi propósito de año nuevo.

lunes, enero 03, 2011

Mi propósito de Año Nuevo

Yo también tengo una lista de propósitos para este 2011. Analizándola, creo que en realidad es una lista de deseos: aprender inglés por ciencia infusa, que mi trasero desafíe la ley de la gravedad sin pisar el gimnasio, dejar de ser la patosa de la clase de danza tribal. Así que quitando todos los deseos imposibles, sólo me queda un propósito real por el que me voy a esforzar. Y no, no es dejar de fumar, que yo no fumo.

DEJAR DE DECIR TACOS (taco, acepción número 19 en el diccionario de la Rae. Y tiene 26. Toma palabra polisémica).

En fin, que debería dejar de decir palabrotas. Porque en los últimos tiempos juro en arameo por cualquier chorrada y eso no puede ser, por dos razones: la primera es que mis amigos dicen que no me pega nada, que me queda fatal. Que no va nada con la imagen de chica dulce que tienen de mí que de repente me ponga a decir "esa hija de put...". Esa es la primera razón, pero no la primordial, porque me descarga mucho soltar un buen exabrupto y ya pueden decir misa y que mi fama de niña educada se vaya al carajo. Pero ahí está la segunda razón, que es realmente la importante: ser la profe. Porque aunque me controlo, alguna vez se me ha escapado en clase alguna palabra malsonante (sobre todo cuando sale a relucir mi torpeza natural y me pillo el dedo en el cajón o me doy en el muslo con el pico de la mesa). Y los alumnos se me quedan mirando con ojos como platos y alguno siempre suelta un "haaalaaa, lo que ha dichooo".

Así que he decidido mantener el zen y no decir palabrotas en este 2011. Aunque no está resultando fácil:

1 de enero, aeropuerto de Barajas. Un carrito traidor me machaca el dedo del pie.

- ¡¡Hostiaputajoder!!

Y el propósito al mierd... digo... a freír espárragos.

Post-post: se agradece la colaboración de Zagloso y Corresponsal en Palma, que cuando estuve cenando con ellos el 1 por la noche gentilmente me ofrecieron un montón de sinónimos de jod..., digo, de fastidiar.

lunes, diciembre 20, 2010

Reiki: ¿arma letal?

Soy una persona que no cree en la efectividad de ciertas cosas. Por ejemplo, el reiki. Tengo unas cuantas amigas que lo practican y que me han explicado de qué va el tema, pero la verdad es que, aunque me digan que eso funciona, nunca me he creído ni una sola palabra. Las respeto mucho y sé que a ellas les va bien, así que me parece genial que lo practiquen, pero la verdad es que yo no... en fin.

Hace más de un año estaba cenando con Be, I-Boy, Street Girl y Miss X, que estaba sentada a mi lado. Ella practica reiki y en ese momento estaba haciendo un curso de nivel nosecuantos de reiki (me han contado que tienen niveles, dependiendo de cómo manejes la energía: por contacto, a distancia, con símbolos... o eso es lo que yo he entendido. Perdón por las inexactitudes que pueda soltar una profana en el tema). Total, que Miss X estaba haciendo el nivel de los símbolos. De repente, noté que Miss X se había quedado callada, que había cerrado los ojos y que me estaba haciendo unos dibujitos en la pierna con el dedo:

- ¿Qué haces, nena? - yo estaba flipada, observando a mi amiga en medio trance.

- Nada, te estoy haciendo reiki – me dijo Miss X con su dulce voz.

- Juas, ¡jajajaja! ¿QUÉ?

- Sí, reiki, te estoy alineando los chakras.

- Ah. - y ahí se quedó la cosa.


Cenamos tranquilamente, me fui a casa a dormir tan perfecta... y al día siguiente me levanté malísima. No pude evitar acordarme de Miss X y su reiki y la llamé por teléfono:

- ¿Digame?

- TÍIIIAAA, ¿QUÉ ME HAS HECHO? ¡estoy fatal, metida en cama, con diarrea, vómitos, un pelín de fiebre! ¿qué me has hechooooo? ¿reiki o brujería?


- Ah, bueno – me dijo con una voz tranquilísima – es normal. Las primeras vez que te hacen reiki, si tienes los chakras desalineados y algún bloqueo, pues es normal que al irse... ya sabes, haya una "limpia". Son normales los vómitos y la diarrea. Pero tranquila, ya no tienes bloqueo, enseguida se te pasará. Pero bueno, a lo mejor no ha sido el reiki, sino algo que te ha sentado mal, o un virus.

Ahí me pasé un día entero enferma y “desbloqueándome”. Seguramente fue un virus, pero, comprenderéis mi reacción cuando, a falta de una semana para los exámenes de la oposición estaba cenando con Be y con Miss X y Be se ofreció:

- Estás muy nerviosa y muy tensa. ¿Quieres que te haga reiki? Va muy bien y relaja que...

- ¡NOOOOOOOO! ¡NI SE TE OCURRA!

Porque sí, estoy convencida de que fue un virus.


Pero por si acaso.

viernes, diciembre 10, 2010

Los que gritan

...siguió gritándome. Al principio no entendía nada, me parecía todo tan absurdo... Aguanté el chaparrón como pude, mientras seguía gritándome.

¿Por qué me gritas? ¿por qué empleas conmigo ese tono agresivo? no hemos cruzado apenas ninguna palabra antes y ahora me gritas. No te entiendo. ¿Qué pretendes? ¿acobardarme, pillarme a contrapié, endosarme algo que no me corresponde? Sé que me atacas porque soy el eslabón más débil, porque me ves más joven, más inexperta y con cara de pringada. ¿Crees que soy débil? Y una mierda, débil. Ya lo verás. Estoy muy tranquila: sé que he hecho las cosas bien. Pero tú sigue gritando. Yo no me pienso poner a tu altura. Seguramente después todo esto me inquiete, me deje un poco confundida. Ya sabes, el consabido "¿y por qué a mí?". Pero calma, que eso se me pasa enseguida. Ya me enteraré después de que no he sido la primera, ni la última, a la que gritas así. Quizás, eso sí, me reproche el no haber sabido reaccionar mejor. En vez de quedarme aquí, escuchándote mientras pienso todo esto, quizás debería dejarte ahí, con tu grito en la boca. Pero me sobra educación, justo la que a ti te falta. Me pondré de mala leche, se me pasará. Porque entiendo que esta es una táctica como otra cualquiera: ¿qué quieres conseguir? ¿qué metedura de pata quieres ocultar? Me da igual. Pero déjame en paz.

Una cosa más: sé cómo es el mundo. Sé que habrá gente que se amilane con tus gritos. Seguramente a veces consigues así tu objetivo: dejas momentáneamente callada a la gente como yo. Y, lo peor, habrá gente que ceda a tu chantaje: preferirán darte lo que quieres, aunque sepan que es injusto, con tal de no tener que enfrentarse a ti y aguantar tus escenitas. Esa es la parte que realmente me fastidia. No que tú me grites.

En fin, adiós. Y, por favor, cállate de una vez.

martes, diciembre 07, 2010

Pequeña Be del Infierno

(Para Walita, lectora, colega y musa)
Este puente trabajo los tres días pero tengo la nevera llena de tuppers de mi madre (lentejas, estofado, consomé, guiso de pollo con berenjenas, ensaladilla rusa y una deliciosa salsa boloñesa), así que el saldo de felicidad sale positivo. Y es el momento perfecto para explicaros por qué Mi Madre Mola Mil: se está vengando.

Ahora soy esta bloguera que os escribe (últimamente, poco), esta periodista que se gana la vida con palabras (y números), esta mujer que habla por los codos (que se lo digan a mis facturas de Movistar)... pero hace muchos años (¡más de 30!) fui una niña de lo más tocapelotas.

Con año y medio subordinaba -según Mi Madre- y con dos en lugar de "para" decía "detente". Y toda esa capacidad de lenguaje la utilizaba para el mal.

Tenía yo dos años, y Mi Madre 25, y nos dirigíamos a casa en taxi tras pasar unas cuantas horas con mis abuelos y mi tía AG. Creo que nunca ha salido en QaD: AG trabaja en moda y los niños sólo le gustan sordomudos, parapléjicos o residentes en algún país del tercer mundo... y ese día había dicho algo que me dejó intrigada.

PequeñaBe: Mami...
MMMM: ...y todo el mundo la llamaba Caperucita Roja. Un día...
PequeñaBe: Mamá...
MMMM: ...su madre le pidió que llevase un pastel y una jarrita de miel a su abuela que vivía al otro lado del bosque y estaba enferma...
PequeñaBe: Oye, Mamá...
MMMM: ...y le dijo que no se entretuviese por el camino y que no hablara con desconocidos porque el lobo...
PequeñaBe: ¡¡MAMÁ!!
MMMM: ...el lobo... Dime, hija.
PequeñaBe: Mamá, ¿verdad que todos los taxistas son unos chorizos?
MMMM: …el lobo...
Sr. Taxista: No se preocupe, señora, estamos acostumbrados.
MMMM: ...así que Caperucita Roja recogió la cestita y se puso en camino...

Todo esto con una dicción perfecta, porque la pequeña niña repelente que era yo no ceceó nunca, ni tuvo problemas con las erres, ni se trababa con las palabras difíciles como “coyuntura” que por cierto aprendió antes que los nombres de los planetas.

Ahora hago gala de una prodigiosa memoria de pez, pero por aquel entonces no me olvidaba de nada. Como por ejemplo un día que acompañé a mi madre a la tienda. Había estado callada todo el rato y cuando llegamos a la caja para pagar, me puse a hablar.

PequeñaBe: Mami...
MMMM: Ahora en cuanto compremos estas cosas nos vamos a casa...
PequeñaBe: Mamá...
MMMM: ...y preparamos una merienda-cena con colacao, pan y mantequilla, tortilla francesa...
PequeñaBe: Oye, Mamá...

MMMM: ...jamón con tomate, yogur con miel, zumo de naranja...
PequeñaBe: ¡Mamá!
MMMM: ...queso de agujeros... dime, hija.
PequeñaBe: Mamá, ¿por qué venimos a esta tienda, si la abuela dijo el otro día que eran unos ladrones, que le habían cobrado por una mantequilla centitantas pesetas?
MMMM: ...
PequeñaBe: ¿Por qué, eh, Mami? ¿Por qué?

Y luego nació MeriLein, y tiempo después, Ro. Acabábamos de volvernos a Madrid tras un año y medio en Málaga, y Mi Madre no tenía muy claro cómo iba el calendario escolar en la Capital, así que me encargó que me enterara de cuándo empezaba la jornada intensiva. PequeñaBeDelInfierno tenía 5 años.

PequeñaBe: Mami, el lunes ya no tengo que ir al cole por la tarde.
MMMM: ¡Qué barbaridad! ¡Eso es un mes antes que en Málaga!

Y me pasé un mes sin ir al cole por la tarde, pasándolas en el parque con mis hermanas. Y metiendo unas bolas sobrenaturales a sor María Teresa, que debía de pensar que Mi Madre era una madre desnaturalizada y que no tardaría mucho en perder la custodia de las tres. Así que, en la fiesta fin de curso...

SOR MARÍA TERESA: ¿Qué tal las niñas?
MMMM: Muy bien, y la peque es muy buena, tenemos mucha suerte.
SOR MARÍA TERESA: Sí, ya me ha dicho Be que este mes no ha estado viniendo a clase por la tarde porque te tenía que ayudar a cuidar a su hermana. (*)
MMMM: ¿Cómo?

Y estos son sólo tres ejemplos de mi encantadora manera de ser... ¡que Mi Madre me lleva haciendo pagar desde entonces!

(*) Bueno, en aquel momento me pareció superbuena idea.

lunes, noviembre 29, 2010

Castigo ejemplar

El viernes por la mañana hice un examen de Historia Medieval a una de mis clases de 2º de la ESO. Ese grupo en concreto es una gozada: atienden en clase, todos quieren participar, leer y corregir los ejercicios y me hacen preguntas (bueno, todos los grupos me hacen preguntas, pero lo raro es que estos hacen algunas que no son "¿cuánto falta?" o "¿puedo ir al baño?"). Yo estoy encantada, aunque voy un pelín retrasada en el temario porque se han flipado con los caballeros, las Cruzadas, los campesinos explotados y la poca higiene medieval y he tenido que responder bastantes preguntas.

Como decía, el viernes les hice un examen. Les dije que si hacían muchas faltas de ortografía les quitaría puntos, así que empezaron a freírme con preguntas. A mitad del examen, un alumno me pregunta:

- Profe, ¿excomunión es con x o con s? - excomunión era una de las respuestas del examen.

- ¡MARIO! ¡Cállate! ¡como vuelvas a decir algo en alto, te quito un punto del examen o algo así!

A los cinco minutos:

- Profe, barbecho va con b, con v, primero con b y la segunda con...

- ¡MARIO! TE DIJE QUE CALLARAS, ¿QUÉ HAGO CONTIGO AHORA?

Ahí saltaron el resto de sus compañeros:

- ¡Profe, córtale la lengua!

- ¡No, mejor rómpele los dedos con unas tenazas!

- ¡Al sarcófago con pinchos!

Vaya. Creo que me pasé hablándoles del apartado "torturas medievales".

viernes, noviembre 26, 2010

El ramo de la novia

Sé que vuelvo con un post muy triste y sentimentaloide (si estáis bajos de ánimos, no sigais leyendo). Pero lo tenía atascado en la garganta y no me salía escribir nada más. Supongo que necesitaba soltarlo para poder seguir con otras cosas. Perdón por la tristeza.

- Misia, ¿qué vas a hacer con el ramo? - me preguntó una invitada a mi boda, mirándolo con ojos golosos - ¿lo vas a lanzar?

- El ramo ya tiene dueña – y sonreí. Pero creo que me salió una sonrisa muy triste.

Porque mi ramo tenía dueña y una historia un poco triste detrás. Hace mucho tiempo, unos quince años atrás, hice una promesa a alguien, que se materializó en ese ramo.


El día que cumplí diecisiete años llegué a Madrid para estudiar COU y la carrera. Los dos primeros años viví en casa de mis abuelos maternos. El primer año fue duro: tuve que acostumbrarme a una nueva ciudad, a un nuevo instituto y a la universidad, habituarme a estar separada de mis padres, de Hermano y de mis amigos y, además, hacer nuevas amistades (cosa que era un triunfo, porque yo era muy tímida). Ese año fue duro, además, porque comprobé como las “grandes” amistades que dejé en Palma se diluían y que sus promesas de escribirme y mantenernos en contacto se olvidaban con el pasar de las semanas (todas... nooo, ¿verdad, Quelitas?). Ese año me sentí muy sola.

Lo mejor de ese año fue vivir con mis abuelos. Puede que fuera una cría de diecisiete años rara, pero me gustaba estar con ellos y no fue difícil convivir. Desde pequeña pasabamos juntos largas temporadas en Palma o en Madrid y les adoraba. Como no conocía prácticamente a nadie en Madrid, pasaba mucho tiempo en casa con ellos. Ese año hablé horas y horas con mi abuela E. Ella era una mujer increíble, una de las mejores personas que he conocido: fuerte, noble, risueña, cariñosa. Cuanto más la conocía más la admiraba y más quería parecerme a ella.

Nos reíamos mucho juntas y fuimos estableciendo algunas costumbres: veíamos la telenovela después de comer, iba enseñándome a cocinar y por las tardes escuchábamos juntas la radio, mientras yo leía y ella cosía o hacía ganchillo. Porque durante ese año y el siguiente, mi abuela fue haciéndome el ajuar: unas toallas con puntillas de ganchillo, una colcha, unos pañitos... Era estupenda con la costura (fue su profesión de jovencita) y tenía unas manos maravillosas. Un día, mientras ella cosía y yo vagueaba en el sofá, estuvimos viendo por la tele la boda de la infanta Elena. No recuerdo bien si la dichosa infanta fue a ofrecerle el ramo a la virgen o a su abuela, pero la mía se quedó callada y me dijo:

- Hija, qué bonito, que se acuerda de su abuela el día de su boda y le lleva las flores.

Yo me quedé callada y al par de minutos le dije:

- Abuela, si alguna vez me caso, mi ramo será para ti.

Y ahí se quedó la cosa. No sé si ella se acordaría de aquello, porque no lo volvimos a mencionar, pero a mí se me quedó grabado.


El siguiente año iba camino de ser igual al primero, pero con un cambio: ¡mi primer año en la Universidad! Ese era la novedad esperada, pero hubo una realmente imprevista: el cáncer entró en los pulmones de mi abuela y lo cambió todo. Trastocó nuestras rutinas y, donde el año anterior había charlas en la cocina, siestas en el sofá o partidas de cinquillo por las tardes, ese año sólo hubo ingresos hospitalarios, radioterapia, ambulancias y síntomas horribles. Y mucho dolor. Lo peor eran las noches. Mi abuela se levantaba, desvelada por aquella tos horrible, y se sentaba en un sillón del salón. Yo la escuchaba toser desde la habitación, acostada en la cama. Y así pasábamos las noches despiertas, ella con los pulmones destrozados y yo con el corazón encogido.

En el comienzo de mi segundo curso de la universidad, después de un año y pico de dolor y mala vida, mi abuela murió. Yo empecé a vivir sola y continuó mi vida. Pero mucho más sola.

Por eso, mi ramo de novia tenía dueña. Siempre tuve presentee esa conversación. Elegí rosas blancas, que nos gustaban mucho a las dos. Y me acordé de ella cada vez que miré el ramo, así que estuvo presente de alguna forma en mi boda.

Al día siguiente de la boda, el domingo, volvimos mi marido y yo (suena rarísimo) de la Ciudad Lluviosa y sin pasar por casa pasamos por el cementerio en el que está enterrada mi abuela. Llegamos justos, una hora antes de que cerraran. Cuando llegamos preguntamos al guardia de seguridad dónde podríamos encontrar un panel de información o alguien que atendiera:

- Lo siento, hoy es domingo. Nadie informará hasta mañana.

- Pero ¿no hay un panel por fecha de enterramiento ni nada?

- Qué va, está todo desordenado. Como la gente se entierra, se desentierra, se ponen por calles salteadas... si no tiene el número de calle y de zona, olvídese. Es un laberinto. Entren a probar, pero cerramos en cincuenta minutos.

Se me cayó el alma a los pies. Al día siguiente salíamos de viaje muy temprano y no podíamos ir. Me encontré en ese cementerio, inmenso, sin tener ni idea de dónde estaba enterrada mi abuela, con el ramo de novia en la mano y rodeada de miles de tumbas, distribuidas en inmensas calles y feísimos bloques. Hacía años que no había estado ahí y, aunque me acordaba de detalles aislados, no sabía concretamente dónde estaba la tumba. Llamé a mi madre, a mi tío, a mi tía y a todo el que pudiera acordarse de un dato concreto. Nada: todas las referencias estaban apuntadas en sus casas, a kilómetros de distancia de donde estaban.

Era imposible encontrarla, pero hicimos un intento. Acompañada por mi Anómalo, fui recorriendo una interminable sucesión de lápidas, buscando una fecha y un nombre entre miles de ellos. Me fui desesperando y acabé corriendo con mi ramo en la mano en ese escenario triste, mientras los lagrimones se me caían y apenas podía leer los nombres en las tumbas. Sí, lo sé: una escena patética. Y a la vez flagelándome mentalmente: ¡cómo pude no ir antes a localizar la tumba de nuevo! ¡cómo podía estar fallándole a mi abuela de esa manera!

Nuestros cincuenta minutos acabaron y tuvimos que salir del cementerio, aún con el ramo, sin haber cumplido mi promesa y llena de tristeza y remordimientos. Mi padre me llamó para decirme que me quedara tranquila, que ellos llevaban el ramo... pero no era lo mismo. Para mí no era lo mismo.

He intentado consolarme: me digo que en esa tumba no hay más que unos cuantos huesos y unas maderas podridas, que mi abuela no es eso. Que mis padres llevaron el ramo y acabaron cumpliendo mi promesa. Que total, el ramo no se lo di a nadie y lo reservé para ella. Pero... cuando lo pienso se me pone un nudo en la garganta que no se me va ni con todos los razonamientos del mundo.

viernes, noviembre 05, 2010

La boa

He empezado un montón de veces un post sobre la boda. Pero siempre me queda aburrido, o soso, o empalagoso, o... vamos, que no le encuentro el tono al asunto. De todas maneras, unas cuantos bloggueros se han encargado de narrarlo por mí (muchas gracias, nenes, por todo), así que os podéis hacer una idea completa:

- Rebi cuenta el desafío beta colateral a la boda. No tenía mucha fe, niño, con tan poco tiempo... pero ahí estás, con tu flamante carnet nuevo y dispuesto a transportar gatos borrachos. ¡Enhorabuena!

- El previo de la boda, con momento peluquería, lo cuenta Perlita. Lo importante es que por la noche estabas guapísima. Y cómo me alegró que me le dieras el aprobado al rape.

- La crónica extensa la dejamos en manos de Gato. Mil gracias por ser la cronista oficial y por todo. ¿Te dije que me encantó cómo ibas vestida? Estilazo, por dios.

- Speedygirl nos hizo una recopilación de los momentazos. Nena, mil gracias. Cuando aparezcas por la capital nos tomamos un café y comentamos las jugadas.

- Adalias narró Su Incidente. Yo sólo puedo decir que pareciste la Hormiga Atómica en cuanto a velocidad. Nada inadecuado fue avistado, y eso que yo estaba en un sitio privilegiado. Estabais guapísimas y bailasteis muy bien.

- Miss X ha escrito algo precioso. Nunca olvidaré nuestro viaje de ida. Lofyu.

Yo me veo incapaz de contar algo coherente y que no sea un ladrillo. Lo intentaré con un par de impresiones sueltas y un poco deslavazadas:

- El mundo de las novias es extraño. Y digo de las novias porque parece que en cuanto sabes que te vas a casar y empiezas los preparativos entras a formar parte de un colectivo especial: Las Novias. Parece ser que todas estáis unidas solidariamente en una nube de tul e histerismo. Después de entrar en varios foros de novias y leer ciertas revistas, comprobé que sigue campando por ahí esa idea de que el día de tu boda tiene que ser el día más feliz de tu vida y que conseguirlo justifica cualquier cosa. Todo tiene que estar milimétricamente medido, cualquier gasto está justificado para alcanzar la perfección y nada puede salir mal... y eso es una presión insoportable. No me extraña que ciertas novias se pongan tensas: si la boda va a ser el día más especial de tu vida y a partir de entonces todo es una cuesta abajo hacia el abismo, ya te puedes obligar a ser súperfeliz en esas horas cumbre de tu vida. Yo dejé de entrar en foros y de hojear ciertas revistas, me negué a ponerme nerviosa y me lo tomé todo con la mayor placidez posible y la siguiente filosofía: nosotros preparábamos todo intentando que todo saliera bien, pero con la convicción de que muchas cosas podían pasar y que eso no estaba en nuestra mano. Y que íbamos a pasárnoslo genial pero sin la obligación de ser súper felices de la muerte envueltos en la nube de la perfección.

- Los preparativos pueden ser agradables si no te los tomas con mucha ansiedad ni un nivel de exigencia muy elevado. Disfruté eligiendo el vestido, el sitio, las flores, preparando el baile con Anómalo, haciendo el vídeo que fue nuestra invitación, en el menú degustación, hablando con la gente. Pero si todo lo que buscas es especialísimo porque tienes una idea hecha en tu cabeza sobre todos los detalles de tu boda y sólo puedes estar conforme si consigues eso en concreto... puf. Estupendo, pero te va a salir más caro, vas a perder mucho tiempo y te vas a llevar muchos disgustos.

- Intentamos que la boda fuera nuestra boda y personalizarla con las cosas que nos gustan: cine, humor, baile, música, poesía. Añadimos a la gente a la que queremos y tuvimos la mezcla perfecta. Creo que quedó una boda divertida y emocionante y que la gente se lo pasó muy bien. Yo, personalmente, me lo pasé genial. Comí, bebí, bailé y me reí como la que más y disfruté como una enana. Enfangándome totalmente en el tópico puedo decir que fue un día muy especial, maravilloso y quizás uno de los más felices de mi vida (aunque eso ya os lo confirmaré cuando haga el repaso de mi vida, el día que me muera). Dentro de unos días tendré las fotos, procuraré añadir algún testimonio gráfico y contaros algo más concreto.

jueves, noviembre 04, 2010

Una cosa nueva que hacer en el ascensor

(en referencia a este jurásico post)

"Ya sé que tengo que volver a escribir, pero es que creo que lo de los ascensores es una tontería." "No hay temas tontos, sólo posts mal escrito. Es como con la peli de Facebook: esa gente hubiera podido hacer un peliculón aunque fuera sobre la salsa boloñesa." "¿Estás diciendo que soy el Aaron Sorkin de los blogs?" "Mmmsip. ¿Cuánto lleva Aaron Sorkin sin hacer una serie?" (Gracias a Efe por el empujoncito)

Me dispongo a hacer un experimento. Consiste en hacer una cosa repetidas veces durante una semana, anotar los resultados y, pasado ese tiempo, extraer conclusiones. Pero empecemos por el principio.

Trabajar en la tele tiene cosas buenas y cosas malas. Una que se puede meter en ambos grupos es el apartado chapa y pintura. Yo llego con la cara lavada y el pelo aún mojado de la ducha, me siento 20 minutos (algunas tardan más, pero yo no suelo disponer de mucho tiempo) y salgo maqueadísima, con los ojos mejor pintados que en toda mi vida junta y pelazo. Son los 20 minutos relajantes del día. ¿La parte mala? Que ese maquillaje es espeso y pesado, que desmaquillarse de eso practicamente requiere decapante y que no se puede prescindir de él si no se quiere parecer la prima pálida de Miércoles Adams.

Así que por las tardes voy maquillada. Y he adquirido la costumbre chunga de, cada vez que me cruzo con un espejo, mirarme y comprobar que todo sigue en su sitio (1).

Vamos, que si te cruzas conmigo en una de las 300 veces que me toca ir de la redacción al plató, del plató a documentación o de documentación a la máquina del café, unas 200 me pillarás haciendo esto...
(si hay un espejo, claro)
...como una chica del telecupón cualquiera.

¿Y esto qué tiene que ver con los ascensores? Pues que la redacción está en la planta 10, el plató en la 1, la cocina en la 9, los montadores en la 0... y para ir de un piso a otro los ascensores son mi medio de transporte preferido.

Tenemos cuatro: tres chupis, llenos de espejos... y uno de batalla, con suelo metálico a lo Mad Max. Antiguamente ése se usaba de montacargas y funcionaba con llave, que sólo tenían las señoras de la limpieza y los de mantenimiento. Vistos los atascos que se organizaban (son 10 plantas de oficinas y a ratos aquello parecía el nudo de Manoteras) decidieron pasar de llaves. Ahora, si cuando vienen mi Josep Antoni, Mariano Rajoy o Rodrigo Rato les toca el montacargas, suben y bajan en montacargas.

Y a veces les toca. Por probabilidades, una de cada cuatro.

A mí me toca más. Si cada día subo y bajo en ascensor 10 veces, 6 o 7 son en el que no tiene espejo. O esa impresión me da. Y no mola.

Mi hipótesis es que hay unos malvados gnomos que me boicotean enviando tres de cada cuatro veces el ascensor sin espejo. Voy a estar siete días con la minimoleskine rosa en el bolsillo, contando y apuntando para comprobar hasta qué punto machaco las estadísticas. La semana que viene os cuento si el experimento confirma mis teorías.

(1) El momento barbie periodista ha sido necesario para que vuelva a postear. A ver si la próxima me sale algo menos superficial y escribo, no sé, de sexo o algo.