MANAZAS

Yo, Be, me he cargado la plantilla milenaria de QaD por torpe y con un solo clic. Me autoflagelo ante mis copropietarias y me comprometo a dejarla lo más parecida posible, si no mejor. ¡Palabra!

lunes, marzo 29, 2010

Nostalgia

El jueves, nada más entregar las notas a los chicos, cogí un avión y vine a Palma, a casa padres. Dejamos atrás un Madrid lluvioso y gris y llegamos a s´Illa, que apareció despejada tras las ventanillas del avión. Las vistas suelen ser bonitas, pero esta vez fueron espectaculares: el avión sobrevoló toda la isla, entrando por el oeste y llegando hasta la bahía que hay en el norte, haciendo un recorrido paralelo a toda Sierra de Tramuntana y la costa. Al fondo, con la luz de media tarde, la línea del horizonte estaba borrada por la bruma y era imposible determinar qué parte de ese azul era cielo y qué parte era mar. Tras llegar al norte, el avión giró y nos dirigimos otra vez al sur, que es donde está el aeropuerto, atravesando todo el centro de la isla. Es pla de Mallorca (la zona llana que hay en el centro de la isla) se veía inusualmente verde: se nota que el invierno ha sido muy lluvioso. Fuimos pasando pueblos, parcelas, molinos y caminos hasta llegar al aeropuerto.

Delante de mí iban dos ejecutivos mallorquines que miraban por la ventanilla y trataban de identificar los pueblos que íbamos sobrevolando:

- Ese es Santa Margalida (1).

- No, es Costitx.

- No, hombre, ¿no ves que tiene el campo de fútbol a la entrada del pueblo?

- Santa Margalida no es.

Reconocer la geografía (el Puig Major, Na foradada, Alcudia, Formentor...) y oír hablar en mallorquín me hizo sentir que estaba en casa. Bajar del avión y respirar ese aire húmedo venido del mar más aún. Ayer estuve dando un paseo con mis padres en un paseo que recorre la costa y después me senté a leer un rato frente al mar. Eso es una de las cosas que más echo de menos en Madrid y me entró una nostalgia boba.

Generalmente tengo claro que me gusta vivir en Madrid. Soy madrileña por nacimiento (nací en la ciudad, aunque cuando tenía un año mis padres emigraron a Mallorca), por descarte (muchos mallorquines se encargaron de recordarme que yo era una forastera en la única tierra que conocí. No lo hacen a mal, simplemente son así) y, sobre todo, soy madrileña por elección: podía no haber ido a estudiar allí, podía haber vuelto a s´illa, podía haberme ido a vivir a cualquier otra parte. Me quedé en Madrid y me sentí madrileña por la forma en la que la ciudad y la gente me acogió, por las oportunidades que me ha ofrecido la ciudad, por todo lo que he vivido y por toda la gente que he encontrado allí (2). Durante unos años tuve claro que no quería ir a ningún otro sitio.

Pero ayer frente al mar eché de menos la tranquilidad de Palma, el poder respirar mar cuando se te antoja, la relativa facilidad que ofrece s´illa en algunos aspectos, tener a mis padres y a mi Hermano cerca. Por un momento, te preguntas si no te equivocaste tomando decisiones, porque mi vida hubiera sido mucho más cómoda si hubiera vuelto a Mallorca. Al siguiente momento ya se te pasa, porque aunque la vida en Madrid, cuando estás frente al mar, se te antoja más complicada, más fea, es lo que he elegido por ahora y es lo que me ha hecho y me hace feliz.

De lo que te das cuenta es de tres cosas:

1) Quizás cambie de sitio de residencia algún día, quizás no. Pero eso, estas alturas de mi vida, ya no se trata de una decisión unipersonal, como antes, sino de una decisión en pareja.

2) Lo que más ha cambiado es que ya no se trata de vivir en un sitio en concreto (llámese Madrid o llámese Palma) u otro, sino el con quién. Mi casa está y estará allí donde estén mi señor novio, mis amigos, mi trabajo y mi gata: no olvidemos que gatina y mantita hacen hogar. Pero, sobre todo, señor novio hace hogar.

3) No debería ponerme a mirar lánguida y poéticamente el mar: no se me ocurren más que moñadas.

(1) Conversación originalmente en mallorquín, pero no la puedo poner por escrito: sigo entendiendo la lengua, pero me da pavor pensar la de faltas que podría hacer si lo transcribiera

(2) Esa es mi experiencia. Sé de mucha gente a la que no le ha ido tan bien y que odian profundamente la ciudad y a los madrileños porque no les han tratado tan bien. Supongo que la percepción de la ciudad depende de nuestros gustos y de la experiencia y suerte que hayamos tenido.

14 comentarios:

Bruja Naranja dijo...

Podría vivir lejos del mar si no me queda más remedio. Pero si puedo elegir, prefiero vivir en un sitio que me deje escuchar las olas. Por cierto, que dicen que aquí tenemos la ciudad con "el sonido del mar más hermoso del mundo".
Disfruta de las vacaciones, Misia, recarga las baterías.

Anónimo dijo...

¡¡¡Ahora sí que eres una auténtica madrileña!!!!. Adoramos Madrid, lo odiamos a partes iguales y siempre, siempre, nos replanteamos el cambiar de sitio cuando contemplamos el mar... Bienvenida, y quédate, chata, y no sólo por novio...
Una gata auténtica,
Bluemoon

Felisuco dijo...

Yo siempre he vivido en almeria.Y no me puedo imaginar vivir en una ciudad sin mar.

Madrid me encanta.Siempre que voy la disfruto muchisimo.Pero vivir sin mar...No se.

El sabado por la mañana, aqui hizo un dia buenisimo.Solazo de verano,nada de viento y muy buena temperatura.Asi que cojí la novela que estoy leyendo y pasé 2 horassentado en un espigón leyendo.
Eso es algo que echaría de menos en Madrid

Por lo demas..."la patria son los amigos"..

Thyssly dijo...

Viví en Huelva de los 7 a los 17, y desde el primer día en que fui al colegio y no entendí a mis compañeros supe que volvería a Madrid a hacer la carrera. Ahora mis padres ya no viven en Huelva y yo no me imagino fuera de Madrid, pero añoro el mar y su capacidad para llevarse las comeduras de cabeza cuando te quedas mirándolo durante un rato.

Illuminatus dijo...

"la patria son los amigos"

This.

Sin duda, es posible que al final acabe viajando por ahí por mi línea profesional. Creo que es bastante probable que en los próximos cinco años esté fuera durante una temporada pero, desde luego, lo que más me importa en mi vida está, precisamente, aquí está resumido tal cual se indica arriba.

Punto de Luz dijo...

Yo soy gata también y adoro madrid.
Pero mis abuelos vivieron durante casi toda mi vida en Tenerife,por lo que he pasado allí largas temporadas; vacaciones, semanas santas, navidades... incluso me quedé allí unos meses a mi tierno añito y medio, porque pillé la rubeola cuando mi madre estaba embarazada.
Y algo tienen las islas, no sé si será solo el mar... pero, algo mágico tienen que hacen que yo, a pesar de no dejar de ser una mera turista, la considere mi segunda tierra y la añore como si algo me faltase. Y guarde en mi memoria, a pesar de los ya ¡UF! casi diez años! que no la visite... el olor y la brisa al bajar del avión, los colores de los cielos, las formas de las nubes y el mar. El mar, que desde una isla se siente diferente. Y el papá Teide, ahí majestuoso haciendose notar y recordándote la grandeza del planeta...

...Ya, que me pongo cursi y moñoña...

Un placer leerte Misia
Be vámonos a vivir a Tenerifeeeee!!! XP

Jandrix dijo...

Siempre he oído (y aplicado) que uno no es de donde nace si no de donde pace... Sé de lo que hablas...
Nací en una ciudad y hace cuatro años y medio emigré a la montaña, al bellísimo Pirineo Aragonés... Nací como chica de ciudad pero ahora me siento montañesa y, desde mi exilio a la ciudad por obligación laboral, añoro mis montes verdes y mi río con el agua clara y fría... Y a mi novio, que es quien "mantiene la casa caliente", como él dice...
En un par de semanas volveré a mi hogar y todo será pirenaico de nuevo.
Sí que es cierto que amigos y familia se quedan en la ciudad, pero, a mí, dame monte y amigos de visita en casa, con encuentros intensos por lo breves que son (todo lo que da de sí un finde o puente largo), y déjame la ciudad para ir de visita y sentirme, igualmente, en casa.
Besicos y disfruta de las vacaciones en tu isla.

javi dijo...

Ufa, no sabes lo que te entiendo. Yo no me voy a mi isla hasta el viernes y dos semanas llevo que contando los dias...

Triple Goddess dijo...

¡Qué envidia me das!
Yo todavía tengo clase. Y además no creo que vea el mar estas vacaciones.
¡Que lo pases bien!
Besos

_Xisca_ dijo...

Yo llevo ya tres años para cuatro en Madrid y bueno, en cierto modo te comprendo; a veces me entra nostalgia -por ejemplo, ahora en Semana Santa no hay forma de conseguir panades o robiols, aunque estos últimos me parecen muy empalagosos- y voy por urbanizaciones tipo El Viso y de repente estoy convencida de que voy a ver el mar, me creo que esa persona tiene cara de mallorquín etc., aunque yo creo que echo de menos sobretodo a mi familia y algunos amigos, otras cosas no las echo de menos en absoluto.

Y no seas tan maja, que lo de llamar "forasters" a la gente es absolutamente despectivo y clasista, habrá quiénes lo digan sin pensarlo bien, pero realmente es así; es una de las cosas que no me gustan nada de los míos, para ellos mi querido Sr Novio granadino es "foraster", ahora si el foraster tiene dinero, no te preocupes que ya no es un problema, y si eres mallorquín y no tienes pasta, van a mirar si tu bisabuelo es segoviano o tus apellidos o lo que sea para desacreditarte como mallorquín, esa es mi experiencia, por desgracia.

Por supuesto, no son todos así, y menos mal, hay gente muy acogedora en Mallorca que es sobre todo persona antes que cualquier otra cosa, igual que los hay madrileños, que aquí no soy forastera pero soy de provincias o sospechosa de hablar un idioma secreto sólo para fastidiar y tener planes separatistas para algunos gilipollas, que es un gran término para definirlos a todos, sean de aquí o de más allá.

Así y todo, con sus lógicos inconvenientes y la gente que no te gusta, que siempre van a estar, me gusta vivir en Madrid, en una gran ciudad, porque aquí está la forma de vida que he elegido y no una impuesta por la fortuita circunstancia de nacer en determinado lugar; además no es aburrido como vivir en un pueblo pequeñísimo de mi isla o de otro sitio; cada vez que voy de visita, aunque al principio me sienta bien, acaba agobiándome el piniponismo de todo, que nunca pase nada, que no haya oferta cultural suficiente, que haya tres calles y todo el mundo se conozca, que se metan en tu vida, que te cuelguen un cartel y no haya forma de quitárselo, que su vida siga TAN igual...es que no lo soporto, si volviese algún día muy lejano, Palma, pueblos descartados totalmente.

A mí no logra compensarme de todo eso la tranquilidad o la belleza o que haya quelitas en todos los supermercados, aunque voy a seguir siendo mallorquina muchas veces a mi pesar ; tampoco me siento madrileña, porque creo que no debo ni puedo serlo, en todo caso madrileña de adopción, por mucho que mi hermano me diga que hablo ya "muy castizo"...

Y si necesitas transcribir otra conversación otro día, enviámelo y te lo escribo, nina ;)

Gato dijo...

Sa illa xucla, nina... yo casi me siento más despatriada ahora que cuando me fuí de Graná pallá, lo que son las cosas. En mi caso se mezclan los factores, y todavía no puedo hacer un juicio de si puedo ser de Madrid o no, como sin duda fui de Mallorca (el agujero lo tengo en el pecho, por éso lo sé).

Para mí la isla - y siendo forastera-, fue mucho más fácil y me regaló mucho. No se pueden comparar los momentos, los estados, ni la mochila que llevaba con 24 años con la que llevo ahora... Quizá había cumplido el ciclo y me tocaba moverme otra vez, pero salir de la isla me ha producido una resaca que todavía me dura.

Sa illa... que xucla.

Misia dijo...

Bruja Naranja, vives en una zona con el mar asalvajado (nuestro Mediterráneo está medio domesticado) y así suena más y mejor.

Bluemoon, conozco esa sensación, jaja. Justo estaba haciendo cuentas y casi, casi, llevo más años viviendo en Madrid de los que viví en Mallorca. Puf.

Felisuco, vaya si se echa de menos, el mar... barbaridades. Porque aunque no vayas a verlo en días, lo hueles y sabes que está ahí, y eso basta.

Thyssly, qué duro es sentirse diferente cuando se es crío o adolescente... y supongo que todos los madrileños añoramos el mar y emigramos a mogollón en verano a la costa. Ains.

Illuminatus, :) viajar mola mucho, siempre que se tenga un sitio al que regresar.

Punto de Luz, jajaja, ponerse cursi y moñoña de vez en cuando no está mal. Mírame a mí, que hasta tengo cetro de la cursilidad... y sí, supongo que eso de estar rodeado por mar hace un carácter especial.

Jandrix, oh. Lo de vivir en montaña no lo he probado nunca, pero debe ser una gozada.

Javi, ¡buen regreso!

Triple Goddess, ¡disfruta de tus vacaciones, aunque sean terrestres! (con no tener que aguantar a los profesores basta, ¿no? ;))


Xisca, jajajaja, sí, gilipollas y buena gente hay en todas partes, no es una cuestión de nacionalidad o comunidad autónoma. Si quieres que te lleve algún alimento (que no caduque en un par de días) dímelo.

Gato, ay, nena, la nostalgia de los sitios y las personas...

Ah, y a todos los que comentáis por primera vez: bienvenidos y quedaos a dormir cuando os apetezca.

JuanRa Diablo dijo...

Creo que todos los lugares, absolutamente todos, tienen su encanto. Otra cosa es que los percibamos como hogar. Pero tú lo has definido perfectamente con ese "gatita y mantina hacen hogar", sí, porque allá donde está lo que quieres es donde te sientes bien.
Un saludo

Perlita de Huelga dijo...

Yo veo el mar desde mi ventana (chincha, rabiña ;-D) y creo que lo teneis un poco idealizado. Vamos, que los mallorquines no estamos todo el día en la playa. Mentira. Y cuando llega ewl tiempo bueno, está taaaan lleno de peninsulares que se te meten en todos los rincones y te cansas y dices: "A tomas por culo, me voy a mi casa".

Porque sí, porque nos inundan, porque nos invaden y con lo tranquilo que está uno en invierno. Porque te dicen cosas como "uff, como las sobrasadas de Madrid, en ningún lado". O "dame ensaimadas frescas, no me times, que las he comido muchas veces". Y te dan ganas de meterles la ensaimada en la cara que por ser de la capital, te miran con suficiencia.

O el peninsular que camina por Palma con chanclas de playa y bañador. Total, aquí ni hay decoro ni elegancia.

O el turista que llega a la playa en plan mogollón con los amigos y, atención, llevan su propia música. Pero joder, los mallorquines vamos a la playa como si fuera un acto de intimidad. Vamos a relajarnos, no a escuchar la mierda de hilo musical que traes de fuera.

Y por favor, estoy haaaaaaarta de los sitios minimalistas con música chill out y velitas. El chill out nos ha robado a los residentes nuestros lugares de esparcimiento. Encalan el local, ponen velas de Ikea y meten sablazos de 30 euros por unas ensaladas con brotes de soja. Andaya!

Eso sí, no me iba a vivir a Madrid ni muerta. He dicho.