MANAZAS

Yo, Be, me he cargado la plantilla milenaria de QaD por torpe y con un solo clic. Me autoflagelo ante mis copropietarias y me comprometo a dejarla lo más parecida posible, si no mejor. ¡Palabra!

martes, noviembre 25, 2008

Grandes Heroínas de Ficción: Jana


Cuando a mediados del marzo pasado Mar Calpena me pasó el texto de su prólogo de Jana pensé que aquello se parecía muchísimo a un post de QaD. Hemos hablado alguna vez de una posible colaboración de Mar en este blog, pero según pasan los meses he tenido el presentimiento de que el texto que ya tenemos "en mano" es lo más parecido a un post de QaD que la autora nos iba a escribir, al menos de momento. Y además el prólogo se ajusta como un guante a esta sección.

Como son tres foliazos de Word, he metido tijera como dios me ha dado a entender (Mar, espero que te parezca bien). El que lo quiera leer completo que se compre el tebeo, jo, que merece la pena. Por mi parte ya antes de leer el primer número de Jana en Glenat recordaba perfectamente y con mucho cariño a la modelo pelirroja, en especial una aventura en la que desarticula la secta de la serpiente vestida con una mini túnica y una tiara/cobra…

Jana mola mil. En fin, que lo disfruten.

Todo comenzó inocentemente, como siempre empiezan estas cosas. Un domingo cualquiera de un invierno cualquiera de los ochenta, me encaminé a una pequeña librería del pueblo de la Costa Brava en el que mis progenitores tenían un apartamento para hacerle pagar el impuesto revolucionario semanal a mi padre: un tebeo.

La historia solía repetirse todos los domingos. Para hacerme callar en los ciento y pico kilómetros de coche que nos separaban de Barcelona, en los que el cansancio y la inminencia del lunes podían conducir a una rabieta en el momento más insospechado, la familia me sedaba con algo que leer, generalmente una revista infantil o un álbum que se me permitía elegir a mí solita.

En todo este maremágnum, había una clara favorita: Esther. Pero el personaje estrella de Pura Campos era huidizo como una anguila. Las ediciones de Bruguera resultaban, por decirlo suavemente, caóticas. Te comprabas un Esther en el que Carol estaba felizmente casada y en el siguiente Lily, aún continuaba soltera y tonteando con Noel Carter. No sé cuántas veces me chupé las rabietas de Esther contra su futuro padrastro, o no entendí porqué la pecosa llevaba en los números especiales coletas bajas y en las series regulares, cola alta. Y tampoco ayudaba que ningún adulto de este mundo apunte en la agenda cuándo compra los tebeos a sus hijos, por lo que lo mismo me regalaban dos en una semana que no soltaban ninguno. No entendían el problema, qué digo, la tragedia, que suponía no poder seguir la serie de Esther regularmente...

En una de éstas apareció por el quiosco una nueva revista con una cara misteriosamente familiar en la portada y, lo que es más importante para la psique de una niña de diez años, ¡con la que regalaban un magnífico anillo en forma de serpiente! Era Jana, editada por Sarpe, y con ella vi la luz. Mmm, un nuevo personaje de Pura Campos al que podía seguir desde el número uno... Mi cabecita razonó que si conseguía convencer a la familia de que era mi revista favorita, me garantizaba así la compra semanal de un tebeo. No tuve que fingir. Desde el primer día Jana me encantó.

Tengo la sensación de que el recuerdo ha sido un poco injusto con el personaje de Jana, creación del autor de novelas de acción Andries de Brandt. Jana, que apareció originalmente con el nombre de Tina en la revista holandesa del mismo nombre, para la que Pura Campos la dibujaba, sufre el mismo destino que los hijos o los hermanos menores de los famosos. Devorada por el fenómeno mundial que era (y es) Esther, a la pobre Jana le ha quedado el sambenito de ser “la otra” serie de Pura Campos, con permiso de esa hora del recreo en forma de personaje que se llamó Gina. Pero era bastante más.

Definámosla. Jana: Modelo veinteañera de cabello pelirrojo (o castaño, que nunca se supo demasiado bien gracias a los impresores) e inclinaciones detectivescas. Aunque no parecía ser muy conocida -el fenómeno de las supermodelos aparece hacia el final de la década- siempre le salían trabajillos que la llevaban a pasar modelos en países exóticos y gracias a los cuales se metía en todo tipo de intrigas. Lo mismo desarticulaba sectas que encontraba tesoros bajo el mar. Cada dos por tres la secuestraban o estaban a punto de asesinarla, pero también tenía sus momentos de comedia. Jana soltaba su lengua afilada para zaherir a algún que otro “malo” de la historia, o para tontear con algún secundario (de un modo muy light, que Jana compartía piso y quizás armario con la diseñadora Berta).

Las historias de Jana eran, y son -porque siguen publicándose en Holanda- autoconclusivas. La tensión dramática no nacía de la caracterización de los personajes, como ocurre en Esther, sino de los giros del guión. La autoría de las tramas de Jana, tras la muerte de Brandt, ha cambiado de manos varias veces, pero por lo que cuenta Pura, la esencia del personaje apenas se ha alterado.

Otro de los tópicos respecto a la obra de Pura Campos reza que en Esther la autora pudo canalizar su inacabable creatividad en el campo de la moda, pero lo cierto es que a mí siempre me pareció que los personajes de Jana vestían mejor. Esta sensación se debía a dos motivos: El primero, la propia ambientación de la serie, en la que Pura no se veía constreñida a dibujar modelos de calle, sino que podía dejar volar el lápiz hacia la alta costura. El otro era que, a diferencia de lo que ocurría en los refritos de Esther que de vez en cuando colaba Bruguera, el desfase entre la fecha de publicación en Holanda y en España era pequeño, con lo que los vestidos estaban siempre a la última.

Además, la propia revista tenía una sección llamada “mini moda”, en la que se ofrecían trucos para alterar la ropa, y en alguna ocasión organizó incluso un concurso de diseño, en el que una servidora participó (y que llegó a causar un incidente diplomático en mi casa, cuando con 12 años hice venir un comercial de CEAC con la peregrina idea de que convenciera a mi madre para que me dejara estudiar diseño de moda por correspondencia).

Pero conflictos aparte, Jana era un personaje al que guardo especial simpatía. Así como con Esther sufríamos por conocer a dónde iría su vida, o si alguna vez se ligaría a Juanito –-mira la de años que han pasado, y seguimos sin saberlo-- con Jana tenías siempre la promesa implícita de volver al status quo, de que podías tomártela un poco a broma, a sabiendas de que tarde o temprano todo se arreglaría. Si Esther era como nosotras, las lectoras, Jana era aquélla que fantaseábamos ser algún día. Frente al realismo angustiado de la preadolescencia, yo me confieso devota del escapismo con glamour de Jana, el personaje.

4 comentarios:

Saharawy dijo...

Madre mia, gracias por recordarme a Jana!!. La adoraba.

Leía Esthery su mundo, sí. Como todas las niñas de mi edad, me encantaba, odiaba a la pecosa que siempre te enrabietaba, y la ví crecer poco a poco; pero Jana.. Jana era genial!!! y no me acordaba de ella. No puedo creérmelo.

Por qué, por qué, por qué mis padres tendrían esa manía de regalarle los comics y tebeos a los hijos pequeños de los demás? snifffffffff.

quiero mis Esther y su mundo, y mis Jana y los Candy Candy!! buaaaaaaaaaa. Y mis albums de cromos snif snif.

Pensar que yo sólo recordaba la parte niño de mi infancia dándole patadas a un balón y resulta que era la niña más niña de todas!! ;)

Sheena dijo...

Me ha encantado el post!
Saharawy: sabes que los están reeditando ¿verdad?. En Esther van por el tomo 5...
besukis!!!!

Carlos dijo...

Vamos... que Jana era como los Cuatro Fantásticos y Esther como Spiderman... o algo así :P

_Xisca_ dijo...

"Las ediciones de Bruguera resultaban, por decirlo suavemente, caóticas. Te comprabas un Esther en el que Carol estaba felizmente casada y en el siguiente Lily, aún continuaba soltera y tonteando con Noel Carter."

Hum...ahora lo entiendo todo >__<