MANAZAS

Yo, Be, me he cargado la plantilla milenaria de QaD por torpe y con un solo clic. Me autoflagelo ante mis copropietarias y me comprometo a dejarla lo más parecida posible, si no mejor. ¡Palabra!

miércoles, junio 02, 2010

Cocinando

Admiro a la gente que sabe cocinar bien. Cada vez que ceno en casa de Be, de Miss X o de Zagloso y Perli se me pueden caer los lagrimones de las cosas tan ricas que me preparan. Y lo poco que he probado de la cocina de Cattz o Jónatan Sark también es para morirse. Admiro las cosas tan buenas que hacen, la paciencia que tienen para la cocina y lo fácil que parece cuando lo hacen ellos.

A la que más he visto cocinar, sin duda, es a Miss X. Me encanta hacer para ella de "pinche pinche", aunque después es imposible tomar una receta de ella, porque tiene ese talento de ir echando cosas como si fueran ingredientes de una poción a la olla en medidas extrañas ("no sé, una pizca", "un poco", "un puñado"). Eso al final se traduce en que, por mucho que intente replicar en casa lo que Miss X hace y por mucho que lo haya visto, nunca me sale igual que a ella (ni la mitad de rico, claro). Ese tipo de talento para la cocina yo no lo tengo, así que me conformo con mi cocina de batallita y supervivencia.

Por ejemplo, el domingo decidí hacer cachopo, plato asturiano en principio no demasiado difícil. La teoría del cachopo es sencilla: dos filetes de ternera finísimos, enmedio queso y jamón serrano (el relleno se puede completar con pimientos rojos o champiñones) y todo ello empanado y frito.

La cosa no fue tan sencilla en realidad.

Comencé aplastando los filetes de ternera y salándolos. Ahí detecté el primer problema: uno de los cuatro filetes estaba partido en dos, lo que no iba a facilitar la cuestión del relleno.

En el segundo paso, construí los cachopos: sobre un filete coloqué primero loncha de jamón serrano, segundo triangulitos de queso semicurado y después, haciendo un exceso de temeridad, decidí ponerle pimientos rojos. Encima puse el otro filete de ternera, salé y me puse a empanar. Ahí empezó la debacle, originada por el exceso de relleno y, sobre todo, el gran tamaño de los bichos (los filetes de ternera eran grandes, pero si encima les das una paliza con la mano de mortero, se estiran hasta convertirse en algo monstruosamente grande e ingobernable).

Primero, había que pasar por harina. Pasé el primer cachopo por harina. Triangulitos de queso empezaron a salir del interior del cachopo y a enharinarse ellos solitos. Abrí el cachopo y recoloqué. Después lo pasé al huevo. De nuevo, una lluvia de triangulitos de queso y de pimientos rojos cayó sobre el huevo. Recoloqué. Pasé al pan rallado. A estas alturas me hubiera gustado pegar con superglue los triangulitos de queso al interior del cachopo. Acabé de empanar el bicho y lo puse en un plato.

Empecé a empanar el segundo cachopo. El proceso fue igual al primero (desmoronamiento y desrellenamiento constante) hasta que llegué al pan rallado. Me había quedado corta de pan rallado, así que abrí el armario que tenía justo encima para sacar el bote.

Lo juro, no sé qué ocurrió. Debí abrir con mucho ímpetu o algo se descolocó al abrir las puertas... y de repente empezaron a lloverme cosas. Bueno, "cosas" no es el término correcto. "Fideos" sí es el término correcto. Más concretamente, un tarrito de arroz y una bolsa de fideos "cabello de ángel" se me cayeron en la cabeza. El paquete de fideos se abrió con el meneo, rebotó y cientos de fideos acabaron dispersos por mi cocina, mi cabeza... y sobre los cachopos.

El siguiente paso de la receta fue quitar los fideos de la superficie de los cachopos.

Acabé de empanar el segundo cachopo y empezó el momento de freir. En la sartén más grande que tengo, sobre aceite caliente, puse el primer cachopo. Se hizo por un lado y empecé a darle la vuelta. Evidentemente, si la cosa se desmontaba estando fuera de la sartén, no iba a dejar de hacerlo dentro de la sartén. Un triangulito de queso decidió ser libre y salirse. Intenté volver a meterlo en su sitio, sin demasiado éxito. Así que quité el queso que por ahí se freía solo y acabé de darle la vuelta.

Entonces el cachopo se rebeló y me salpicó con un poco de aceite, así que hice un movimiento raro con la mano (la misma con la que tenía la paleta llena de aceite) y de repente el mechón que se me había escapado de la coleta y que colgaba delante de mis ojos estaba perlado de gotitas de aceite. Con un trapo de cocina me limpié el pelo frito, dejé el trapo mientras vigilaba atentamente el cachopo y pasé a sacarlo de la sartén.

Metí el segundo cachopo en la sartén. El filete de abajo se colocó mal al ponerlo en la sartén y empezaron a freirse los pimientos y el queso, pero no el filete. Recoloqué y el cachopo volvió a protestar: me salpicó, otra vez, de aceite. Sin dejar de vigilarlo, cogí el trapo de cocina para limpiarme de nuevo. De repente, puf, una nube de harina me envolvió: cuando había dejado el trapo a mi lado calculé mal y en vez de dejarlo sobre la repisa lo coloqué sobre el plato con harina que había empleado antes. Fue coger el dichoso trapo y verme envuelta en humo blanco, al más puro estilo prestidigitador. No me limpié (¿con qué trapo limpio?), di la última media vuelta al bicho y como despedida el cachopo volvió a hablar y me salpicó de nuevo.

Evidentemente, empecé a gritarle al cachopo, por ser tan hijoputa, y lo saqué de la sartén, ya doradito.

En fin... ¿comprendéis ahora lo de la falta de talento al cocinar?

Pero bueno, yo estoy convencida de que algún tipo de equilibrio cósmico debe existir en mi cocina porque hay una cantidad constante de orden: el cachopo empezó mal y acabó bien. Yo empecé bien y acabé mal. Cuanto mejor iba quedando el cachopo, peor iba quedando yo, hasta llegar a un resultado final clarísimo: El cachopo quedó precioso, dorado, empanado, con pinta apetitosa. YO quedé enharinada, aceitosa, enfideada y cabreada.

Lo dicho: equilibrio cósmico y venganza sideral del cachopo resentido.

13 comentarios:

_Xisca_ dijo...

Hum, algunas veces he leído la receta del cachopo, y pregunto, ¿le pusiste palillos? a mí también me molestaría hacerlo, pero en un caso de tanto relleno lo haría aunque personalmente me parezca un engorro. Estas cocinas minúsculas de hoy en día son muy traicioneras, a mí también se me caen cosas encima a veces XD

Boeder Escalier. dijo...

Si te consuela, me has dado hambre xD

Mel García dijo...

Es que lo de los palillos es VI-TAL a la hora de hacer cachopos. Te lo dice un asturiano de provecho (Y que también tuvo ciertas dificultades con su primer cachopo)

Como también e vital quitarlos antes de servir (Lección del segundo intento, que te evito) ;-)

Pablo dijo...

Me apunto la receta... Que hambre!!!!

Lo de los palillos apunta como fundamental. pero se me ocurre que los filetes tb podrian estar cortados tipo librito,lo cual ayudaria bastante y seria mas facil de cerrar con los palillos.

Besos mil

Bruja Naranja dijo...

Cuando vivía sola, pensaba que todo lo que fuese más complicado que pasta con salsa no merecía la pena el esfuerzo. Cuando empecé a cocinar para más gente le fui cogiendo el gusto. Eso sí, sigo siendo torpe-torpísima. En mi caso, además de todo lo que cuentas, me cortaría con el cuchillo al hacer los triangulitos de queso y me quemaría la cara con el aceite que salta. Pero si al final la comida te quedó rica, lo único que necesitas es alguien que limpie el desastre de la cocina! :)

Pétalo dijo...

Me ha encantado la parte en la que le gritas al cachopo. Yo lo habría hecho mucho antes, ese cachopo era claramente malvado. Juas, pobrecita, ese agobio que se siente en la cocina es indescriptible, y le dan ganas a una de pedirse una pizza y mandarlo todo a la mierda, juas.
Y muchacha, con tanto amigo que cocina estupendamente, porque no haces una ruta semanal y dejas de jugarte la vida? Es un plan ideal!

Pal dijo...

Dios santo menos mal que no te dio por intentar hacer un guiso!!

Bueno, las primeras veces todo es más complicado. La primera vez que hice croquetas parecían pelotas de golf de lo duras que estaban y de mis primeras albóndigas ya ni hablamos!!

Gracias por la receta!

Illuminatus dijo...

A la hora de cocinar hace falta disciplina y organización para disponer todo de forma cómoda y a mano, poder acceder a ello con facilidad y limpiar un poco sobre la marcha para no acabar con una zona catastrófica en la cocina. El resto es práctica.

Pero si uno no tiene manos, pues no tiene manos.

Cattz dijo...

Probaré a hacer los cachopos durante el verano, a ver qué tal. Eso sí, me haré antes con una buena provisión de palillos :)

Misia dijo...

Xisca, es que la receta me la dio mi suegro. Ahora que lo dices, es posible que mencionara algo de palillos...

Boeder Escalier, la verdad es que salieron muy ricos, al final.

Mel, ¡a este paso no me van a dejar a poner un pie en Asturias por deshonrar al sagrado cachopo, jaja! gracias por el consejo ;)

Pablo, en la carnicería en los libritos sí me lo hacen... pero mencioné al carnicero de chonilandia la palabra "cachopo" y casi entra en cortocircuito :)

Bruja Naranja, jejejeje... menos mal que en casa no me encargo yo de fregar los cacharros.

Pétalo, ¡algunos me pillan un poco lejos! (y me da en la nariz que al par de semanas me mandarían a la porra todos). El cachopo se merecía un buen grito... yo creo que se vengó de la paliza que le di para extenderlo.

Pal, pues hay guisos menos peligrosos que un cachopo cabreado (y las croquetas me salen estupendas... no tan estupendas como a mi madre, pero muy ricas).

Illuminatus, no, no tengo el toque. Qué se le va a hacer.

Cattz, jajaja, sí, parece ser que lo hace todo más sencillo. Y seguramente tú te puedas ahorrar el paso de "quitar fideos del cachopo".

Miss X dijo...

Suena muy rico... que pena que no como carne! Y eres la mejor pinche que he tenido!

Misia dijo...

Miss X, no sé si la mejor, pero está claro que soy la única e inimitable pinche pinche ;)

Por cierto, estupendo post de recetas te has marcado.

Zagloso dijo...

Misia, acabo de hacer unos cachopos para comer y he llegado a una conclusión: aplastar, aplastar y aplastar. Y no se mueven, oye. Sólo les rellené con una loncha de queso (mahonés) y una de jamón. Pero aplasté mucho.