Ayer al ir a trabajar me encontré con el siguiente espectáculo:

La supermierda de árbol de Navidad (pero MI supermierda de árbol de Navidad) de vuelta en casa. Por la noche ya estaba instalado del todo.
Y yo no sé si alegrarme… o morirme de rabia. Qué gran oportunidad perdida de tener un árbol precioso.
Por cierto, a quien nos lee en el Ayuntamiento: mi Amó vio hace unas semanas una rata (puaaaaaaajpuaaaaaaaajpuaaaaaaaaaj) bajando por mi calle dirección Castellana. Ya que Alberto (su jefe) tiene contactos dentro del colectivo, ¿podría usted asegurarse de que se mantengan todas alejadas de mi portal?
Gracias (lo quiero por escrito).

La supermierda de árbol de Navidad (pero MI supermierda de árbol de Navidad) de vuelta en casa. Por la noche ya estaba instalado del todo.
Y yo no sé si alegrarme… o morirme de rabia. Qué gran oportunidad perdida de tener un árbol precioso.
Por cierto, a quien nos lee en el Ayuntamiento: mi Amó vio hace unas semanas una rata (puaaaaaaajpuaaaaaaaajpuaaaaaaaaaj) bajando por mi calle dirección Castellana. Ya que Alberto (su jefe) tiene contactos dentro del colectivo, ¿podría usted asegurarse de que se mantengan todas alejadas de mi portal?
Gracias (lo quiero por escrito).



Efectivamente. El objetivo del viaje relámpago era, basta ya de disimulos, sacarse una foto con Zidane.


Sí, amigos, esa cosa quiere ser un árbol de Navidad ultramoderno y conceptual.
Salvando las distancias.
Superada por el tópico (y por lo guarra que es la gente) recogí el bolso, el montón de cosas que se habían esparcido de su interior, me miré la rodilla y me grité hacia mis adentros, con voz interior dramática 
Preocupante. Pero hagamos una pequeña pausa para homenajear a la pareja más mona y la mejor línea argumental de la sexta (y última) temporada.
Y así andamos.