MANAZAS

Yo, Be, me he cargado la plantilla milenaria de QaD por torpe y con un solo clic. Me autoflagelo ante mis copropietarias y me comprometo a dejarla lo más parecida posible, si no mejor. ¡Palabra!
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viernes, septiembre 18, 2009

Inmersión cultural


Nunca he podido entender catalán. Y es raro, porque las lenguas "vecinas" me suelen resultar comprensibles. A pesar de que he olvidado casi todo mi francés (no sean cochinos), puedo traducir más/menos correctamente un speech de Sarkozy. En mi más tierna postadolescencia hacía guías para grupos de portugueses -además de españoles- durante mis veranos en Irlanda. El italiano lo deduzco torpemente hablado y escrito. El gallego, si es el de TVG, lo entiendo bien (como todo el mundo, ¿no?).

Con el catalán era imposible. Ya me podían hablar despacito, ya me lo podían repetir, ya podían vocalizar: nada. Yo había nacido sin esa parte del cerebro.

De verdad, no era centralismo a ultranza, era incapacidad biológica: mi cerebro de mesetaria (*) se negaba a procesar la lengua de Mordor.

Y entonces llegó el verano de 2009.

Primero me fui a Mallorca, donde Xisca y sus hermanos me prepararon el oído.

Luego me fui a Egipto, donde el 70% de los turistas parecían ser catalanes. Además, mi compañera de aventuras MariCalpi es bilingüe (y tiene fama de escribir de putísima madre en catalán -en castellano también, pero no estamos con eso-), y nuestros compañeros de viaje eran dos niños de por ahí por Mordor (¿de dónde eran, MariCalpi?) que hablaban en catalán la mitad del tiempo, y el barco estaba lleno de señoras de Barcelona -de esas modernas delgadísimas, de pelo corto y gafas de pasta- que me debían de ver potencial, porque se dirigían a mí en mordoriano la mitad de las veces.

Cuando llegamos a El Cairo ya entendía perfectamente todo lo que decían. Y en los días buenos hasta distinguía acentos. Por barrios (que nooo).

Luego pasé unos días en Barcelona, en casa de MariCalpi. A esas alturas estaba tan inmersa culturalmente que su gata me maullaba en catalán y su hemana (pibón) me llevó a ver bailar sardanas y me explicó las nociones básicas. Y luego me dio el carnet de rompeespañas con el sello de la Generalitat y todo.

Conozco yo a una de las promotoras del boicot a los productos catalanes de hace unos años, que como se entere me deshereda. Sí, qué pasa, ésa es mi madre (y, para los arriesgados, al primero que se meta con ella le machaco la cabeza con mi bate de purpurina). Además es de Huesca y dice que Cataluña no es más que provincias del Reino de Aragón que se han sabido organizar.

Mamá, ¿no te tengo dicho que no leas el blog?

(*) Siempre me ha encantado esta expresión: me suena a los sendarios de las Crónicas de Belgarath.

martes, abril 14, 2009

SSclp 5: Y Be volvió de las aguas

Quinta entrega de mis aventuras buceando. ¡Hay más abajo!
Me ha encantado bucear. Antes de la primera inmersión le pregunté al jefe de instructores qué tal estaba la visibilidad. "Es que un amigo me ha dicho que si se ve bien es como volar". El jefe me dijo: "Tú… tú vas a volar de todas formas". Pues fue verdad: volé.

Ya estoy deseando ponerme las aletas otra vez, y para eso planeamos una excursión a las Lagunas de Ruidera en Mayo, el cursillo de avanzado para Julio (aunque igualhay que practicar un poco más entre medias) y seguir con el submarinismo este verano en Mallorca.

Y el domingo por la tarde, después de unas horitas en una cala nudista de cerca de Mazarrón (una cala nudista rarísima, con todo el mundo vestido de dominguero y haciendo barbacoas, yo les miraba y pensaba: "Ay, chicos, a vosotros en Almería los jipis os hubieran rajado las ruedas por la mitad de esto") nos volvimos a Madrid.

Con un par de kilos más por cabeza, porque a pesar del ejercicio que he hecho esta semana santa… no hemos dejado de comer. Como limas. Sobre todo pescado. Una Semana Santa genial.

(Por cierto, después de todos los líos para ir, a la vuelta ni un problema. Tráfico sí, pero cuando más parados íbamos era a 110 km/h. Qué fuerte).

SSclp 4: Be, natural born Open Water Diver

Cuarta entrega de mis aventuras buceando. ¡Hay más abajo!
Después de sacar un 100% de aciertos en el examen teórico, de aprender a tardar menos de 10 minutos en ponerme el traje de neopreno, de que StreetGirl se probara 20 pares de gafas distintos y optara por las menos malas (aunque se le seguía colando agua) y de controlar bastante bien los ejercicios en piscina, nos fuimos al mar. Nos dividimos en grupos, nosotras tres solas con U.I. (Uber Instructor)

La primera inmersión fue a 6 metros. Me preocupaba el tema de la presión. Buceando te pueden estallar los tímpanos, te pueden dar unos calambres que te cagas en los senos (no éstos, guarros, éstos) o te pueden dar derrames en los pulmones y hasta morirte. Pero mi cuerpo va compensando los cambios de presión automáticamente, a medida que bajo, sin tenerlo casi que pensar. Y lo de los pulmones se soluciona no aguantando la respiración. Así que fácil.

Practicamos los ejercicios básicos, como quitarte las gafas en mitad del mar, ponértelas y vaciarlas de agua, quitarte y ponerte el regulador, mantenerte flotando en el agua…

En la segunda inmersión bajamos hasta unos 11 metros. Sin problema con la presión. Más movimientos, más ejercicios. U.I. ve que controlamos, damos un paseo y volvemos al barco. Cambiamos la botella de aire por una llena y volvimos al agua.

Para la tercera inmersión me tiré hacia atrás desde el barco, como los buceadores que veía de pequeña en el Calypso, que no veas la ilu que me hacía. Bajamos nueve metros. Atravesamos bancos de cientos de peces, y vimos estrellas de mar, cangrejos ermitaños y algunos afortunados hasta un pulpo.

Salimos de la calita, viendo desde abajo como las olas chocaban contra las rocas, la luz entra en el agua dando a todo un halo de magia… Y notamos unas corrientes trrrrremendas. U.I. nos hace señas de que subamos a la superficie, seguimos las instrucciones a la perfección, y entonces nos comunica que volvemos al barco, y nos señala en qué dirección está.

Hay que rodear un enorme saliente rocoso. Nos sumergimos y empezamos el recorrido. Yo he venido controlando el aire de mi botella, y he visto que el volumen bajaba deprisa. Sé que tengo que comunicárselo a U.I. cuando llegue a 100 bares, pero la última vez que miré estaba en 120. Vuelvo a mirar y… 70. Bueno, en cuanto se vuelva a comprobar que estamos le haré la seña.

Seguimos nadando, a toda leche, hacia el barco. U.I no se vuelve. Compruebo el aire: menos de 50 bares, ya estoy en reserva. Aviso a mi compañera, StreetGirl, de que tengo poco aire. Pone cara de sorpresa, busco su barómetro y veo que ella tiene de sobra. Le digo que sigamos avanzando.

U.I. y Susi van por delante, bastante deprisa, seguimos el recorrido hacia el barco, pero ya noto una cierta dificultad para respirar. Miro: poco, menos de 20 bares. Le indico a StreetGirl que no tengo aire, que necesito del suyo. Me da acceso a su fuente de aire alternativa. Cambio mi regulador por el de ella, respiro con normalidad. Nos sujetamos del antebrazo e iniciamos el ascenso, despacio, con calma, vaciando primero del todo los chalecos… para llenarlos al llegar a la superficie. Un ascenso controlado de emergencia de manual.

Nos quedamos flotando para descansar un segundo y dar tiempo a que U.I. se de cuenta de que no le seguimos. Por fin sale a la superficie, junto con Susi, y le ponemos al corriente. Desde aquí tenemos que nadar de espaldas hasta el barco, en superficie, aleteando. Empezamos, y es agotador. Muchísimo más cansado que nadar bajo el agua. El barco está LEJOS.

En el sitio en que hemos salido (StreetGirl y yo, los otros dos están más cerca del barco) justo confluyen dos corrientes: una, nos empuja hacia las rocas; la otra, hacia la trayectoria de los barcos que salen del puerto. No dejan de pasar veleros.

Aleteamos hacia el barco, en zigzag, mientras U.I., ya casi en el barco, se pone histérico (de modo muy machote, eso sí) cada vez que alguna de las dos se acerca a las zonas de peligro. Con esfuerzo conseguimos escapar a las corrientes y enfilamos hacia el barco.

Yo exclamo: "No puedo con mi alma". Me llega la respuesta en forma de bramido desgañitado: "Pues vas a tener que poder". Me da un ataque de risa. StreetGirl empieza a hacer la señal de "socorro, necesito ayuda" y U.I. casi pierde los nervios: "¡¡¡No hagáis bromas con esoooooooo!!!" A StreetGirl le da un ataque de risa. U.I. y Susi llegan al barco. Susi se une al ataque de risa. Yo pienso que después de superar la emergencia vamos a morir ahogadas por la risa.

Finalmente llegamos. Subimos al barco, respiramos, descansamos… él está orgullosísimo de nosotras, y yo pienso.

Recuerdo a la chica rubia que los instructores regañan porque no sabe montar su equipo mientas ella dice que no le hace falta porque "ya lo hace Vasilli" (su novio, que por cierto le hizo el teórico). Los profes le preguntan que qué hará si un día no está con ella en el agua y ella le contesta que "Vasilli siempre está".

Y pienso que nosotras tenemos al instructor más fuerte, macizo y ubermachote del centro de buceo. Es un hombre de los que tienen pinta de salvarte de un holocausto nuclear, una invasión alienígena o un ataque zombie sin esfuerzo… y al final nos salvamos solas. U.I. resplandece de orgullo. Y nosotras, más.

La cuarta inmersión, ya al día siguiente y con el agua picadilla, fue pan comido.

SSclp 3: No te fíes de los flechazos

Tercera entrega de mis aventuras buceando. ¡Hay más abajo!
Al leer esta entrega, alguno dirá que las mujeres estamos obsesionadas con los tíos, pero no tendrá razón. Porque una cosa es que tu vida gire en torno a un falo y otra que al juntarse 15 de jóvenes en edad de merecer sea inevitable fichar un poco.

El primer día al bajar a desayunar echamos un vistazo a nuestro alrededor. En el hotel había mucho Inserso, y luego los del cursillo. Un par de parejas, un par de familias, tres grupillos de chicos y cinco chicas (nosotras tres y dos que iban solas).

Entre los chicos, cuatro con pintillas britpop. Uno de ellos con gafas de pasta, así como medio mono de una forma nerdy, que me quedó adjudicado automáticamente a pesar de que yo no tenía intención de cambiar ni media palabra con él. Pero bueno, si Susi y StreetGirl decían que era mi novio, pues sería Mi Novio.

Mi Novio y sus amigos hicieron un par de intentos de acercamiento que rechazamos con cordialidad y la profesionalidad de las que han ido a Murcia a aprender a bucear y no a tomar copas ni frinkar (esto NUNCA en las seis horas siguientes a una inmersión). El pobre de Mi Novio intentó varias veces que le pusieran en las actividades con nosotras, pero no tuvo suerte.

Mejor. Porque la ventana de nuestro baño daba a la piscina… y una tarde, mientras espiábamos qué tal hacían los chicos los ejercicios que nosotras habíamos bordado media hora antes, vimos como Mi Novio se sacaba un moco y se pasaba la mano por el pelo para terminar de limpiarse en el traje de neopreno. A partir de ese momento Mi Novio paso a ser El Moco.

Moraleja a favor del ligoteo de mesa camilla: nunca te fíes de los flechazos. Que luego vienen los mocos.

Había más hombres. El Bombero de Ciudad Real, nombrado inicialmente por unanimidad novio de las tres, pero que según abría la boca nos hacía pasarnos las unas a las otras la patata caliente ("Susi, tía, tu novio dice unas cosas rarísimas" "No es mi novio, es de todas, y la que le has dado pie para que hablara de las tetas de su madre ha sido StreetGirl" "¿Pero qué dices? Ha sido Be, que le ha dicho que los bomberos no son tan altos. Yo no lo quiero ya").

Moraleja a favor del ligoteo de mesa camilla: nunca te fíes de los flechazos. Que luego vienen las historias de tetas de sus madres.

Finalmente El Bombero nos volvió a molar cuando nos contó cosas de su trabajo en plan de salvar gente, que eso siempre da buena impresión, y estamos planeando una excursión conjunta de buceo a las Lagunas de Ruidera. Pero vamos, que en el plano sexi conmigo na de na, ya lo entenderéis el día que me decida y cuente lo de su madre y tal.

Pero el más mejor, el hombre por antonomasia de esta Semana Santa era nuestro Instructor Ubermachote (I.U.), que nos tomó por su cuenta desde el principio. Cachas a tope, calvo como Yul Brinner, buen buceador, didáctico, duro, eficaz, con pinta de ser capaz de salvarnos a las tres en mitad de un tsunami sin que le tiemble el pulso… y con el cráneo pelado. No por ser calvo, que también, sino por tener la cabeza terriblemente quemada por el sol. Le dijimos que le íbamos a regalar un protector solar y no se separó de nuestro lado en todo el cursillo.

La primera en notar la tara fue StreetGirl. Durante las prácticas en piscina, cada vez que ella se despistaba el I.U. le daba un empujoncito y le hacía la seña "mírame". ¿Lo raro del asunto? Que los empujoncitos eran siempre en la zona pectoral, y con buen tino. Y, aunque le pareció raro, pensó que sería cosa de los códigos de los submarinistas.

Luego lo notó Susi. Su caso fue más descarado, porque no llevaba neopreno. Ella sí pertenece al tipo 1 de buceadores, de los que tienen que aclarar el traje por dentro después de la imersión… y estaba en ello, en bañador y con el traje a medio poner en las escalerillas del barco, mientras él la sujetaba para que no se la llevara la ola. La sujetaba… por la bufa izquierda, directamente por encima. Y, aunque le pareció raro, pensó que sería cosa de los submarinistas, que agarran a esa altura en lugar de cinco centímetros más abajo como los socorristas.

Y cuando mis bufas y yo empezábamos a sentirnos marginadas… hubo un momento durante la cuarta inmersión en que el I.U. y yo tuvimos que esperar en el fondo a que bajaran el resto de buceadores. Había un poco de movimiento en el agua, así que me cogió por uno de los tirantes del chaleco a la altura de mi bufa derecha. La bufa en cuestión debería haber estado insensibilizada por lo fría que estaba el agua, pero yo notaba perfectamente los movimientos -que en mi opinión no eran necesarios- de los dedos del I.U. a través del neopreno. Y, aunque me pareció raro, pensé que sería casualidad porque era imposible que el tío tuviera tan buena puntería. O que los submarinistas no dan importancia a sobarse las tetas los unos a los otros por el tema del deporte.

¿Hay por aquí algún experto submarinista que pueda confirmarnos si esto de tocar bufas es una costumbre atávica de los buzos?

Moraleja a favor del ligoteo de mesa camilla: nunca te fíes de los flechazos. Que luego vienen y te meten mano a traición. Aunque en realidad en este caso no convalida. Porque seguro que era por nuestra seguridad.

Ah, y en la siguiente entrega veréis por qué una debe ser una mujer fuerte e independiente, y nunca depender de un hombre para que la salve de un holocausto nuclear, una invasión alienígena, un ataque zombie o un incidente buceando.

SSclp 2: Tres tipos de buzos

Segunda entrega de mis aventuras buceando. ¡Hay más abajo!
La teoría es una parte importante del curso de buceo que hicimos. Teniendo en cuenta que al contar mis planes a un amigo dos semanas antes me dijo "¿Pero qué vais a hacer, un bautismo?" y le contesté "Pero qué dices, tío, voy a hacer submarinismo... Sub-ma-ri-nis-mo" (vamos, que no tenía ni la más mínima idea de nada), era importante estar atenta.

Aprendí cosas superimportantes para mantenerme con vida:

Contra la ola: en superficie hay que tener el chaleco inflado y nadar de espaldas.

Contra la corriente: lo mejor es evitarlas, y nunca luchar contra ellas. Nadar en diagonal y empezar la inmersión en contra, para volver al barco con la corriente a favor.

Contra el bicho: si es muy bonito, muy feo o no huye, no lo toques. Aunque lo mejor es no tocar cualquier cosa que no sepas lo que es.

También aprendí los protocolos a seguir en caso de que tu botella se quede sin aire en el fondo del mar (u-ti-lí-si-mo).

Y las señales para comunicarse debajo del agua, porque ahí los ruidos no se entienden y hay que expresarse con las manos. Hay unas cuantas, pero básicamente explican como estás (rollo "¿todo bien?/todo bien", "algo va mal", "me molestan los oídos", "me mareo"…), las de hacer cosas ("subir", "bajar, "agruparse", "sígueme", "mira"…) o las que tienen que ver con el aire ("me quedan 100 bares", "estoy en reserva, no tengo aire, "dame aire"…).

Aparte nos explicaron que bucear da ganas de hacer pis: sean reales o psicológicas, al salir del agua sientes que te mueres de ganas de ir al baño. Y que existen dos tipos de buceadores: los que se lo hacen en el traje y los que mienten. Después de mis cuatro inmersiones en el mar, os puedo decir que en realidad hay son tres tipos. Los que se lo hacen en el traje, los que mienten y los que intentan con todas sus fuerzas ser del tipo uno y no les sale. Yo soy de estos últimos.

Y es una mierda. Sobre todo cuando tienes que cargar el equipo de buceo que pesa un huevo de vuelta al centro desde el barco.

Semana Santa con los peces (SSclp) 1: Murcia, otro mundo


Tres chicas en un Toyota Corolla cargado de bártulos de bucear atraviesan España en mitad de la noche. Así empieza la crónica de mi Semana Santa con los peces (SSclp). Las tres (StreetGirl, Susi y yo) trabajamos por la tarde, así que no pudimos salir de Madrid hasta bien pasadas las 10 de la noche, pertrechadas de una botella de agua, chicles, las indicaciones del centro de buceo y de la Guía Campsa y un puñado de cedés.

En cuanto a la banda sonora, la primera experiencia fue terrible: un disco interminable de un tal Monchito, o Malandrín, o algo así (me confirman que el nombre es Macaco) que era un espanto (me aseguran también que es muy bueno en directo, y lo hago constar para no herir sensibilidades). Después de la canción 16 de aquel disco interminable, Susi y yo dimos un golpe de estado y pusimos uno del Canto del Loco (Susi los tenía todos) para compensar. Luego nos pasamos a The Killers, a quienes fuimos moderadamente fieles hasta la vuelta a Madrid. Pero volvamos a nuestro viaje.

Nos perdimos tres veces:

La primera, apenas habíamos salido de la Comunidad de Madrid. Las tres juramos no usar una gasolinera que no estuviera a pie de autopista, salvo casos de extrema necesidad. Media hora perdida callejeando por un pueblo… Y no habíamos hecho nada más que empezar, porque en cuanto entras en la Comunidad de Murcia entras en un universo paralelo en cuanto a señalización se refiere.

La segunda vez que nos perdimos fue al tener que tomar el desvío a Mazarrón a la altura de Alhama de Murcia. Las terroríficas indicaciones de hicieron que nos pasáramos la salida y, tras quitarnos la cara de tontas y dar la vuelta unos metros más adelante, descubrimos que, oh sorpresa, sólo es posible ir a Mazarrón si vienes de Madrid: si vienes de Almería no te dejan. Otra opción es que todos los almerienses sepan ir por instinto, porque el caso es que no hay carteles indicando por dónde se va.

Nosotras, madrileñas las tres, volvimos a hacer el cambio de sentido, para volver a nuestra posición original… y por error entramos en un polígono industrial con rotondas decoradas con terroríficas esculturas de inspiración espacial hechas de hierros de colores que nosotras imaginamos coches que, como nosotras, se habían perdido en la estepa murciana y habían decidido reciclarse y quedarse a vivir por allí.

Repetimos el doble cambio de sentido y esta vez, con la fábrica de El Pozo como punto de referencia, tomamos correctamente la salida hacia Mazarrón. Por fin, tras media hora larga, conseguimos abandonar la zona de Alhama de Murcia, a la sazón el lugar con peor olor de todo el recorrido Madrid-Mazarrón. Ya podríamos habernos perdido en una zona sin abonar. Pues no.

Y la tercera fue ya en Mazarrón, donde llegamos cansadas y bastante hasta los c*j*n*s de un viaje que ya iba siendo una hora y pico más largo de lo previsto. La guía CAMPSA no decía cómo llegar al hotel, y las indicaciones llegadas por email del centro de buceo no ayudaron nada. Tras un primer recorrido de extremo a extremo del pueblo nos paramos en un hotel que no era el nuestro a pedir indicaciones, y un buen hombre nos dijo, en el idioma de la tierra (todo con aes): "Parahá, cuanda vaás naranhah a lah lada" (Por ahí, cuando veáis naranjos a los lados).

Eran las tres y media de la mañana. Fuera de temporada, las calles estaban desiertas. No había luz en ningún sitio. Y el hombre nos decía que buscáramos naranjos. "¿Y un punto de referencia que podamos buscar?", le decía StreetGirl. "Ya tala dasha: naranhah" (Ya te lo he dicho: naranjos). Chupi.

Le dimos las gracias y emprendimos el segundo recorrido por el pueblo. Llegamos hasta el final. Dimos la vuelta para fijarnos mejor, y salimos de Mazarrón por el extremo contrario. Mierda, mierda, mierda.

Nos dio un ataque de risa colectivo y llamamos al hotel, al nuestro, a pedir indicaciones. El señor de recepción sólo atinaba a decirnos que había que encontrar el supermercado El Árbol y que si llegábamos al Mercadona nos habíamos pasado. No vimos ni una cosa ni otra, pero el buen señor nos colgó, a las 3:48 a la voz de: "Disculpe, le tengo que dejar, que tengo a alguien esperando". Sí, claro. A las 3:48.

Volvimos a salir del pueblo por el otro lado.

Se nos cortó la risa.

Nos paramos. En mitad de una rotonda. A evaluar nuestras opciones. Todo estaba oscuro y deshabitado, así que qué más daba.

Y entonces un 4x4 enorme de la poli local aparece de la nada y se para a nuestro lado y se baja una ventanilla y un tío buenísimo va y nos dice: "¿Les parece bonito pararse aquí? Están entorpeciendo el tráfico". ¿Qué tráfico? Eran las cuatro de la mañana. Mierda. El tío bueno tenía cara de querer multarnos.

Y entonces yo, que iba en el asiento trasero y no podía con mi alma, bajé la ventanilla, pestañeé un par de veces y le dije al policía con ojos de Gato de Shrek: "Señor agente, por favor, llevamos 40 minutos dando vueltas y no somos capaces de encontrar el hotel. ¿Sería usted tan amable de llevarnos hasta allí? ¿Por favor?".

El señor agente desfrunció el ceño y nos dijo: "Tenemos un poco de jaleo con unos chavales haciendo botelleo, pero seguidnos y en un momento os acompañamos". El 4x4 metió el turbo y a las cuatro y cuarto de la mañana llegamos al hotel acompañadas de la policía local. El recepcionista flipó. Y más hubiera flipado de saber que los señores agentes habían avisado a otra patrulla de que nos estaban haciendo de guías turísticos y en la puerta del hotel nos esperaba otro 4x4. StreetGirl se hizo fotos con el cuerpo de Mazarrón en pleno, incluido un cabo.

A la mañana siguiente descubriríamos que los guasones de los polis nos habían regalado un recorrido en eses por todo el pueblo, con lo que en lugar de 3 minutos tardamos 20.

Pero ya estábamos sanas y salvas. Y pudimos dormir 4 horas enteritas.
Permanezcan en conexión, en breve aparecerán en suspantallas nuevas entradas acatualizando este tema.