¿Qué se hace después de que 9.001 personas entren en un solo día a leer tu blog? Si te llamas Misia, decir que ya si eso vuelves después de los exámenes y seguir estudiando tu oposición. Si te llamas Be, rogar a Misia que no desaparezca y se escriba algo. Y Misia se escribió algo, y luego otro algo... y aquí estoy yo, por fin, con la sensación de que hay unas cuantas personas más viendo esto que la última vez. A ver cuántos quedáis después de leer este post -moderadamente friki- sobre el Dr.Who que me voy a marcar (espero que muchos).
Que sepáis que mi lavadora hace cosas raras. Empezó tardando milenios en finalizar cualquier programa de lavado, continuó no vaciando bien, siguió parándose cuando le daba la gana... y ha terminado por dalekizarse. La pantallita en la que solían salir números ahora muestra símbolos extraños y esperamos que en cualquier momento exclame: "Ex-ter-min-ate! Ex-ter-min-ate!"
Y como en la nueva temporada del Dr. Who los Daleks han pasado de ser así...
(híbrido de salerito y tanque)
(híbrido de salerito y cafetera nespresso)
...y yo a la lavadora la veo cada día más pinta (y modos) de salero vintage, pues me he ha venido la inspiración: mi segundo post sobre el Doctor (el primero, aquí). Por si acaso voy a ir creándole su propia etiqueta.
Y es que llevamos ocho episodios de la nueva temporada de Doctor Who, y los Daleks de la era espacial no son las únicas novedades: tenemos nuevo Doctor. Y nueva chica.

Esa cosa azul es la Tardis, la máquina del tiempo que es más grande por dentro que por fuera, como todo el mundo hace notar la primera vez que entra (aunque en esta temporada nadie ha dicho esa frase ni una sola vez, señal de que el mundo se va a acabar).
Pensé que la nueva "reencarnación" del Doctor no me iba a gustar. Lo primero, porque Matt Smith tiene veintitantos años (pocossssssss!). Lo segundo, porque siempre suspiraré al acordarme de Eccleston. Lo tercero, porque hay un trozo de mi corazón que pertenecerá a Tennant por siempre jamás. Pero ninguna de estas cosas ha sido óbice, parangón ni cortapisa para que Smith me mooooole.
La chica se llama Amelia Pond, es pelirroja, es lista y está un poco loca, ¿qué hay mejor que eso? Sé de uno que pidió una tal que así en su última carta a los Reyes (por cierto, visiten el twin-post del artista).
Me gustan: ella es mona y sexi y él es el Señor del Tiempo que siempre llega tarde. Al final de su primer encuentro, Amy le se queja de que no se puede confiar en la gente: "People lie!". Y el Doctor le contesta: "Am I people? Do I look like people?" La respuesta obvia es NO, Doctor, tú no eres "gente", tú eres mucho más.
La nueva temporada empezó muy bien, aunque lleva momentos mejores y peores. El primer episodio me hizo superfeliz ("You look human" "No, you look Time-lord"). El segundo me hizo llorar (y reir: "We are in a MOUTH?" "Yes, but on the plus side, roomy"). El tercero me emocionó con su épica garrafón (y ese Dalek de camuflaje ofreciéndose a hacer una taza de té). Luego llegó River Song, que me da un poco de miedo, y con ella los ángeles llorones, que me dan más miedo aún. Después, vampiros en Venecia. El que menos me gustó fue uno con "sueños". Y el último (de momento) es de los que dan miedito y ha terminado en un estupendo cliffhanger.

Yo llevo al día mis citas con el Doctor, pero si tú aún no le conoces, ésta es tu oportunidad: acaba de empezar una nueva temporada, con nuevas caras, nuevas tramas, nuevas historias de pasar miedo. Es el momento perfecto para subirse al tren (o a la Tardis).
Por ejemplo: resulta que hace unas semanas estaba Neil Gaiman (ese hombre) en casa con su hija pequeña. La niña ya no es tan niña -tiene como 15 años- y aquel día tenía visitas: tres amigos, chicos, okupando el salón. Pasaba el tiempo y los chavales no se iban, y Neil miraba impaciente el reloj... hasta que llegó la hora. Neil salió de su despacho, pidió disculpas a su hija y sus amigos por la interrupción, atravesó el salón, se sentó en el sofá y puso la tele.
Era el primer episodio del nuevo Doctor. La hija de Gaiman es fan entregada de la serie, pero temía que un exceso de frikismo pudiera resultar poco atractivo, así que vio el programa con las clásicas ganas de querer esconderse detrás del sofá... sólo que esta vez con el miedo se mezclaba esa sensación tan familiar de angustia adolescente de que un progenitor nos avergüence ante nuestros amigos (sentimiento por otra parte no exclusivo de la adolescencia: mi madre aún disfruta contando batallitas vergonzosas de mi infancia).
Y todo para nada, porque al terminar el episodio los chavalines eran nuevos fanes del Doctor, pensaban que el padre de su amiga era aún más guay que antes (lo que es mucho decir: ¡¡es Neil Gaiman!!) y a ella la miraban con ojos aún más amorosos (esto ya es una licecia literaria mía).
Así que ya lo sabéis, haced como yo: entregaos al Doctor. Es aún más grande por dentro.
Y es que llevamos ocho episodios de la nueva temporada de Doctor Who, y los Daleks de la era espacial no son las únicas novedades: tenemos nuevo Doctor. Y nueva chica.

Esa cosa azul es la Tardis, la máquina del tiempo que es más grande por dentro que por fuera, como todo el mundo hace notar la primera vez que entra (aunque en esta temporada nadie ha dicho esa frase ni una sola vez, señal de que el mundo se va a acabar).
Pensé que la nueva "reencarnación" del Doctor no me iba a gustar. Lo primero, porque Matt Smith tiene veintitantos años (pocossssssss!). Lo segundo, porque siempre suspiraré al acordarme de Eccleston. Lo tercero, porque hay un trozo de mi corazón que pertenecerá a Tennant por siempre jamás. Pero ninguna de estas cosas ha sido óbice, parangón ni cortapisa para que Smith me mooooole.
La chica se llama Amelia Pond, es pelirroja, es lista y está un poco loca, ¿qué hay mejor que eso? Sé de uno que pidió una tal que así en su última carta a los Reyes (por cierto, visiten el twin-post del artista).
Me gustan: ella es mona y sexi y él es el Señor del Tiempo que siempre llega tarde. Al final de su primer encuentro, Amy le se queja de que no se puede confiar en la gente: "People lie!". Y el Doctor le contesta: "Am I people? Do I look like people?" La respuesta obvia es NO, Doctor, tú no eres "gente", tú eres mucho más.
La nueva temporada empezó muy bien, aunque lleva momentos mejores y peores. El primer episodio me hizo superfeliz ("You look human" "No, you look Time-lord"). El segundo me hizo llorar (y reir: "We are in a MOUTH?" "Yes, but on the plus side, roomy"). El tercero me emocionó con su épica garrafón (y ese Dalek de camuflaje ofreciéndose a hacer una taza de té). Luego llegó River Song, que me da un poco de miedo, y con ella los ángeles llorones, que me dan más miedo aún. Después, vampiros en Venecia. El que menos me gustó fue uno con "sueños". Y el último (de momento) es de los que dan miedito y ha terminado en un estupendo cliffhanger.

Yo llevo al día mis citas con el Doctor, pero si tú aún no le conoces, ésta es tu oportunidad: acaba de empezar una nueva temporada, con nuevas caras, nuevas tramas, nuevas historias de pasar miedo. Es el momento perfecto para subirse al tren (o a la Tardis).
Por ejemplo: resulta que hace unas semanas estaba Neil Gaiman (ese hombre) en casa con su hija pequeña. La niña ya no es tan niña -tiene como 15 años- y aquel día tenía visitas: tres amigos, chicos, okupando el salón. Pasaba el tiempo y los chavales no se iban, y Neil miraba impaciente el reloj... hasta que llegó la hora. Neil salió de su despacho, pidió disculpas a su hija y sus amigos por la interrupción, atravesó el salón, se sentó en el sofá y puso la tele.
Era el primer episodio del nuevo Doctor. La hija de Gaiman es fan entregada de la serie, pero temía que un exceso de frikismo pudiera resultar poco atractivo, así que vio el programa con las clásicas ganas de querer esconderse detrás del sofá... sólo que esta vez con el miedo se mezclaba esa sensación tan familiar de angustia adolescente de que un progenitor nos avergüence ante nuestros amigos (sentimiento por otra parte no exclusivo de la adolescencia: mi madre aún disfruta contando batallitas vergonzosas de mi infancia).
Y todo para nada, porque al terminar el episodio los chavalines eran nuevos fanes del Doctor, pensaban que el padre de su amiga era aún más guay que antes (lo que es mucho decir: ¡¡es Neil Gaiman!!) y a ella la miraban con ojos aún más amorosos (esto ya es una licecia literaria mía).
Así que ya lo sabéis, haced como yo: entregaos al Doctor. Es aún más grande por dentro.

A lo largo de los años ha renacido varias veces, con cara y personalidad nuevas.

También me mola bastante un
Supongo que cada uno de los doce (de los enemil, si miramos
(No es mío, lo he robado y ya no recuerdo de dónde, pero va firmado y lleva una direccion: http://mimi-na.deviantart.com. Autor, si usted quiere lo quito pero es que... es taaaaaaaan mono...)