LA HORRENDA NOCHE DE LA LEJÍIIIIIA
Al día siguiente era la famosa representación. Meses y meses ensayando y casi todo preparado. Sólo me faltaba acabar de preparar la ropa. El primer traje que llevaba era un bombacho blanco y top blanco con mangas anchas, con un fajín verde y un pañuelo marrón. Decidí lavarlos, porque de los ensayos estaban un poco guarros (vamos, que se podían mantener ellos solos de pie, incluso bailar algunos números. Se sabían las coreos mejor que yo...). Los metí en la lavadora, con programa de prendas delicadas y a 0 grados.
¡Erroooooooor! cuando saqué la ropa tenía un pañuelo marrón, un fajín verde, un bombacho blanco y, y, y... ¡UN TOP ROSA! Bueno, no del todo rosa: como las mangas y el cuerpo eran de diferente material, tenía el corpiño rosa y las mangas abombachadas blancas. No sé de dónde salió el rosa, si no había nada rojo. Supongo que del marrón, pero en fin.
Tuve un primer momento de histeria. Pero en el segundo momento pensé en mis clases de yoga e intenté centrarme, relajarme y recitar un mantra para tranquilizarme. Lo conseguí si consideramos "centrarse y relajarse" correr por toda la casa agitando los brazos con el top mojado golpeándome la cara y entendemos como "mantra para tranquilizarse" gritar "ohdiosohdiosohdiosohdiosohdiosohdiosohdios".
En ese momento tenía claro el desastre: se suponía que yo tenía que salir de blanco impoluto al escenario e iba a salir rosa, porque no sabía bien si podría desteñir el desteñido y en caso de que no pudiera no sabía si habría en la tienda un top igual. Planeaba sobre mí una bronca de la directora de la compañía, evidentemente...
Pensé en mi madre: cada vez que pasaba algo de este tipo, decía la palabra mágica: lejía. Para desteñidos, lejía. Y en Hermano, que ponía Kalia para que su kimono fuera blancoblanquísimo. Os juro que hasta fui a
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Gato for
Mortadela de Luxe a ver si ponía algo de desteñidos, pero nada. Y era demasiado tarde para llamar a Gato, a Madre o a quien fuera que no estuviera en Nueva York.
Metí el top rosa en agua caliente, lejía y kalia.
Y me senté en el sillón a esperar. Diez minutos.
Fui a ver el top. Seguía rosa.
Volví al sillón.
Diez minutos después fui a ver el top, seguía rosa.
Me fui al sillón.
Llamé histérica a mi chico.
Fui a ver el top. Seguía rosa.
Intenté que la gatina no se bebiera el agua con lejía, kalia y algo de colorcillo rosa ("di no a las gatinas rosas").
Así durante una hora.
De repente, enmedio de todos los nervios, me vino una inspiración divina. Pensé que las cosas siempre pueden empeorar. Me acordé del maldito examen de estadística. Supe, en ese momento, que las notas habrían salido y que sería un suspenso como una casa. Después de un mes y pico esperando las notas, de haber mirado por internet esa misma mañana y que la dichosa nota siguiera sin salir, en ese momento me dio esa sensación y lo miré. Efectivamente, la nota había salido ¡y suspensa, claro!*
Si es que tengo una capacidad de ir añadiendo mi*rda y de ir empeorando las cosas que ni el Murphy ese.Jo. Sabía que tenía muchas probabilidades de suspender, pero aún así se me juntó todo y empecé a suspirar, a hacer pucheritos y en un minuto el "ohdiosohdiosohdios" se transformó en un inmenso "buaaaaaaaahhhhhhh". Mis idas y venidas entre el sillón y la bañera se empezaron a ver más borrosas y ahora mismo podría hacer un exhaustivo y riguroso estudio científico demostrando que los lagrimones no eliminan los desteñidos rosas.
A las cuatro y media me fui a dormir, agotada de tanto viaje sillón-bañera, y me desperté a las ocho. En esas tres horas y media os juro que dormí, pero con la imagen de cierto top rosa fijada en mis sueños. Me fui a la bañera y mi top ya no era
rosa.
Era
rosita.Resignada y con la fe perdida (a dios pongo por testigo que jamás volveré a confiar en la lejía) esperé dos interminables horas hasta que abrieran la tienda y cuando llamé, aleluya, había un top igual pero en blanco. En fin, toda una noche toledana resuelta en una llamada (y en un paseo de la tarjeta). Qué alivio.
Pasatiempo: Encuentra las siete diferencias

En fin... que todo ya pasó y ahora vuelvo a tener mis fines de semana para mí. De todo esto me quedo con dos cosas (Misia coge aliento y el cetro de la cursilidad, se lleva la mano al corazón como las misses y modo recoger un oscar on):
Primero, me quedo con las risas en los ensayos. Con mis compañeras. Con Adalias y la doctora B., tan absolutamente bellas por fuera y por dentro. Con un rosario de iniciales (L, V, S, C, N) que lo han hecho todo divertido y fácil.
Y en segundo lugar, y lo mejor de todo para mí, fue bailar sabiendo que estaban ahí mi familia y mis amigos. A todos los que vinisteis, muchísimas gracias. Fue muy importante para mí saber que estabais ahí y cada giro, cada movimiento, cada sonrisa fue pensando en vosotros. Muchas gracias por venir, de verdad. Espero que disfrutarais como yo.
Modo recoger un Oscar off.
*En cuanto al examen de estadística... lo único que me consuela es que me salió tan absolutamente mal que aunque hubiera contestado las dos famosas preguntas que dejé en blanco y las hubiera respondido bien, hubiera seguido suspensa. Pero bueno, el resto de exámenes los he aprobado y bien aprobados. Será que como la estadística es tan aburrida necesita unas vacaciones en un sitio animado como Mallorca. La llevaré a la playa y, si se tercia a la discoteca. Lo que sea con tal de que me apruebe de una vez.