MANAZAS

Yo, Be, me he cargado la plantilla milenaria de QaD por torpe y con un solo clic. Me autoflagelo ante mis copropietarias y me comprometo a dejarla lo más parecida posible, si no mejor. ¡Palabra!
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viernes, septiembre 02, 2011

Evil Niño: la amenaza vecina

Después de unas semanas de tranquilidad por casa-suegros, casa-padres y tierras granaínas, he regresado al hogar. Todo estaba en orden y tal y como lo dejé antes de irme. Todo... No. Cuando fui a coger el coche, me quedé patidifusa. Lo había lavado una semana antes de irme y, aunque sabía que no iba a estar igual de limpio cuando regresara, el panorama que me encontré a mi vuelta fue... asqueroso.

Todo el coche (cristales, capó, techo... todo) estaba cubierto de unas enormes manchas y unos churretones rarísimos, como si lo hubieran bombardeado con harina y agua o algo parecido. Había restos de comida pegados al capó (como trozos de barritas de cereales masticados y escupidos). Y lo peor: tenía un trozo de plástico finito rosa pegado en el parabrisas. El plástico me pareció muy sospechoso, así que miré bien y vi que el resto del plástico se había deslizado hasta el fondo del parabrisas: era un condón sabor fresa, que parecía haber sido usado como globo de ¿agua? ¿agua y harina? Un ascazo total. Flipé. Flipé hasta que miré hacia arriba: había cometido un enorme error táctico. Había dejado mi coche aparcado debajo del balcón de Evil Niño.

Me acordé de todos los antepasados de Evil Niño y el Niño Cangrejo (1) y lo dejé estar. Hasta hoy. Esta mañana estaba estudiando estadística cuando unos gritos han llegado desde la calle:

- ¡TE VOY A ARRANCAR LA CABEZA!

Bueno, eso no es raro. Esto es Chonilandia y las amenazas a gritos (en plan broma o no) están a la orden del día. Ayer mismo uno le gritaba a otro que le iba a follar el culo en zigzag. Pero lo que me interesó fue la continuación de los gritos:

- ¡PUTOS NIÑOS! ¡COMO VOLVÁIS A ESCUPIRME A MÍ O A MI COCHE SUBO Y OS ARRANCO LA CABEZAAAAA!

No lo he podido evitar. Ha sido oír eso y saber que se estaban refiriendo a Evil Niño&co. He salido y me he encontrado a la Vane, la hija veinteañera de la vecina de abajo de Evil Niño, en la calle, al lado de su coche,gritando hacia el balcón del susodicho. No hace falta decir que la Vane es un gran ejemplar choni de Chonilandia (pero es buena tía, que conste, muy maja... hasta que le escupen en el coche, parece ser).

- ES QUE NO PUEDE VENIR NADIE A ESA CASA NORMAL, COÑO. ¡TE VOY A ARRANCAR LA CABEZA! ¡PUTO NIÑO! ¡MECAGOENTURAZA!

Con el griterío han aparecido varias vecinas por la calle y la Vane les contaba las tropelías del Evil Niño (aderezándolo con alguna voz hacia el balcón con lo de la cabeza y eso).

Yo observaba desde mi balcón. Los niños (esta vez había una niña un poco mayor, como de unos doce años), que se habían escondido al empezar los gritos, asomaron la cabeza un poco, sin que la Vane les viera desde abajo. Pero no esperaban encontrarme a mí.

Les he mirado intensamente y, con mucha seriedad, pero sin levantar ni un ápice el volumen de voz, en plan muy suave pero amenazante (sí, es mi tono de profesora chunga), les he dicho:

- Basta ya de escupir a los coches, de tirar guarrerías y de insultar a la gente. Ya sé quién es vuestra abuela y sé a las horas en las que está en casa. Como volváis a portaros mal, voy a ir a hablar con ella, a ver qué le parece que le escupáis a la gente.

La cría no ha dicho ni mu, pero ha abierto mucho los ojos y ha puesto cara de susto. Acto seguido, han cerrado la persiana y no han vuelto a asomar la nariz en toda la mañana.

No sé qué cuál de los estilos de amenaza será más efectivo: si el ira desatada style - te voy a arrancar la cabeza o el padrino mafioso style -te voy a lanzar a la abuela. Lo único que espero es que alguno de los dos haya funcionado, al menos durante una larga temporada. Sino, os juro que voy a ir a hablar con la abuela. No sé si arreglaré algo, pero al menos me dará para un tercer post.

(1) Ha pasado a ser el Niño Cangrejo por su semejanza, sobre todo capilar, con el Hombre Cangrejo de "me llamo Earl".

jueves, junio 30, 2011

Evil Niño

En la casa vecina (pero de otro bloque) hemos tenido unos cuantos vecinos particulares.

Hace tiempo, vivía una pareja muy aficionada a la bachata y a otras músicas latinas que nos amenizaban los días, las siestas y las noches con su maravillosa música a todo volumen. Hasta que un día, después de una fiesta especialmente ruidosa que duró hasta las tantas, se escuchó una discusión a grito pelado entre la parejita unida por la bachata. Después se hizo el silencio.

A la mañana siguiente, cuando me desperté y subí la persiana, me encontré un espectáculo digno de una peli de Almodóvar: parecía que una nube de tormenta había descargado sobre nuestra calle, pero no agua, sino camisetas, pantalones y calzoncillos. La señora bachatera había decidido echar de casa al señor bachatero y tiró toda su ropa (incluidos zapatos y una maleta) por el balcón. No puedo negar que la imagen era curiosa: todos los coches, la acera y la calzada estaban cubiertos de ropa (porque la señora se encargó de desperdigarlos en un radio de quince metros, en una interesantísima dispersión que se acercaba a la obra de arte). El señor se fue con su ropa a otra parte y lo mejor de todo es que se debió de llevar también la bachata con él, porque a partir de entonces reinó el silencio.

Hasta ahora.

Ahora tengo por vecinitos un mínimo de dos o tres críos. Quizás algún adulto viva con ellos, pero no lo puedo asegurar porque no he visto ninguno. La primera vez que tuve noticias suyas fue hace un par de semanas. Estaba plácidamente durmiendo mi SSS, cuando me medio despertaron unos aullidos.

- ¡Socorrooooo! ¡Sacadme de aquíiiiiiiiiiiii! ¡Dejadme salir!!!

Tardé bastante en reaccionar. La voz (infantil) seguía gritando, pero yo estaba demasiado dormida y me costó darme cuenta de que - hello - no era que yo estuviera soñando (luego me hizo pensar en que, si hubiera sido una urgencia de verdad, hubiera sido una pésima rescatadora). Cuando conseguí levantarme del sofá y salir al balcón para ver de dónde venían los gritos, me encontré en el balcón de al lado a un niño enano, de unos cuatro años, pelado, regordete y con cara de mala leche, que era el que gritaba. Le habían dejado encerrado en el balcón, sin poder entrar en la casa y estaba haciendo saber a toda la calle su situación. Cuando salí el niño se calló y me miró. Acto seguido, se levantó un poco la persianita de la casa y desde dentro otra carita de niño - este de unos seis años, de pelo muy rizado - se asomó y me miró. Viendo que estaban jugando o algo así, me metí a casa. No se volvieron a oír gritos.

Pero con el comenzar de las vacaciones escolares (las suyas y las mías) tengo muy presentes a los críos. Porque les gusta el balcón. Les encanta estar en el balcón e interactuar con los vecinos. Sólo llevo sin madrugar tres días y ésta ha sido la secuencia:

Martes

Hay obras en el edificio de al lado. A las ocho y media de la mañana empiezan a picar. A esa hora yo ya estoy despierta y creo que los niños también: el de la cabeza rizosa sale al balcón para gritar a los obreros:

- ¡CALLAOS! QUIERO DORMIR. ¡PARAD! ¡PARAD YA!

No es nada que no quisiera hacer yo y todo el vecindario, la verdad. Pero es que el niño de la cabeza de rizos no es el otro, que a partir de ahora será nombrado como Evil Niño.


Miércoles

Ocho y cuarto de la mañana. Evil Niño va gritando a todo el que pasa por la calle, en la siguiente secuencia:

Paso uno:

- ¡AAAAAAAGGHHHHH! - grita a cada señor/a que pasa por la calle. Primero les asusta aullándoles desde el balcón, intentando jugar el factor sorpresa

Paso dos:

- ¡Gilipoll*s! ¡que te pillan! ¡Gilipoll*s! -una vez que les ha sorprendido o por lo menos ha llamado su atención, intenta acabar con su autoestima, jugando la baza de la desmoralización.

Después les deja ir, ya hundidos en la miseria o, por lo menos, desconcertados.

Jueves

Evil Niño ha cambiado la táctica. Estoy sentada en el sillón a las nueve menos diez y oigo como el Evil Niño hace el ruido de - oh, por dios, me da asco sólo escribirlo - sacar un gargajo o como se diga. Lo que no sé es si después escupe de verdad o no. Después finge tener arcadas, supongo que buscando una escena como la de Gordi de los Goonies en el cine. Repite la secuencia en muy alto bastantes veces. Supero el asco y me asomo. Los viandantes huyen espantados. Yo me alegro de que los barrotes de su balcón, que llegan a mi cintura pero que le sacan veinte centímetros de altura a él, me protejan del Evil Niño.

Dios, sólo han sido tres días (y pocas horas) porque después empieza a dar la solana en el balcón y no hay quien esté y ya tengo para un post. Pero vamos, que a este paso mi calle va a ser la calle menos transitada de Chonilandia, con todos los chonilandeses huyendo de Evil Niño y se va a quedar sin material (o quizás se convierta en la más transitada, si nos inspiramos en las atracciones del zoo). Y la pregunta del millón: ¿Qué se inventará Evil Niño mañana para intentar liarla parda?

Y mientras escribo esta última frase oigo como Evil Niño grita a una señora que pasa con un carrito de la compra "¡ADIOS, ZORRITA!".

lunes, octubre 05, 2009

Jose

¿Conocéis esa sensación de conocer a una persona a la que no has visto en la vida? A veces me pasa cuando una amiga me habla durante mucho tiempo de alguien (tipo "pues mi amiga menganita, la del pueblo, de toda la vida, cree que..."). Me pasa cuando llevo tiempo leyendo ciertos blogs personales, a veces acaba invadiéndome una extraña sensación de familiaridad al leer lo que una persona cuenta sobre sí misma. Es una sensación rara porque conoces-no conoces a alguien (y ya todo se hace más raro si luego te encuentras con ese alguien cara a cara: sabes cosas más o menos filtradas de su vida, de su forma de pensar e intuyes rasgos de su personalidad (y viceversa), pero a la vez no puedes decir que le conozcas exactamente... y sí, es raro pero apasionante. Será que siempre he tenido una suerte tremenda con la gente a la que he conocido a través del blog).

Pues bien, últimamente tengo una de esas sensaciones de familiaridad, pero impuesta y muy molesta. Tengo un blog a gritos que me entra por la ventana, desde la obra que están construyendo justo detrás de mi casa. No son los mismos obreros que contemplaron mi escena en la ducha (los cambiaron al acabar la estructura de la casa) son otros mucho más ruidosos. Y no me refiero a que sus tareas hagan más ruido (deben andar parejos) sino a que ellos hacen más ruido. El menor de mis males es cuando ponen Radio Olé a toda galleta. Mucho más molesto es su método de comunicación: a grito limpio. Sobre todo uno, Joooose.

Joooooose se llama realmente Antonio, pero se ha quedado en casa como "Jooooose" porque cada vez que abre la boca es para llamar al Jose real a gritos y pedirle cosas.

- JoooOOOooose, ciérrame el agua.

- JoooOOoooose, súbeme la arena.

- JoooOOOooose, que este fin de semana me voy a Villa Morderuelo de Abajo y...

Muchos de los obreros de esta obra gritan. Pero Joooooose se distingue por tres características:

- Tener unos pulmones prodigiosos. Su volumen trasciende los cuatro pisos de altura, mi patio, mis ventanas y cualquier barrera física impuesta en un kilómetro a la redonda.

- Su tono. No sé que tiene, pero su voz se te mete en los oídos como si fuera un grito de una Banshee desatada, pero en tío.

- Lo pesado que es. Cada cinco minutos está llamando a Jose y pidiéndole cosas a voz en grito. Si yo fuera Jose, ya le habría insertado la paleta hasta la glotis para que se callara.

Así que estoy deseando que acabe la obra, ya no tanto para que cesen los golpes, chirridos, suciedad y demás inconvenientes relacionados con una obra, (que también) sino porque estoy deseando librarme de Jooooose, de Jose y de sus gritos. No quiero enterarme de si necesitan masilla o de si se van a tomar unas cañas después de currar. Que para eso prefiero leer blogs, que son mucho más entretenidos y mucho menos estridentes.

(Pero mientras escribo esto observo por la ventana a Joooose, silbando mientras pone escayola subido en un andamio, miro el estado de la obra y asumo que me quedan unos cuantos meses de aguantarle. Porca miseria).

jueves, octubre 30, 2008

De vuelta a casa

Como Hermano se ha ido a vivir a Alemania con M. durante una temporada, yo he vuelto a mi casa de Chonilandia. Estoy muy contenta, porque aunque sea Chonilandia, ha sido mi barrio durante más de diez años. Conozco a la frutera, al pollero, a la mujer de la papelería, a la panadera, al monitor del gimnasio... Me gusta mi barrio, aunque sea feo, y me gusta mi casa. Es cómoda, es grande, tiene luz natural y... es mi casa, la echaba de menos.

Eso sí, con tanto cambio de casa hemos causado un pequeño problema de exceso de reservas. Hermano ha dejado aquí todas las cosas de cocina, M. trajo las de su piso de alquiler y yo aporté lo que tenía en mi piso Ikea. La unión de las reservas de tres casas ha traído como consecuencias que en mis armarios de la cocina se amontonen, entre otras cosas:

- Ocho kilos de macarrones.

- Catorce bayetas amarillas.

- Siete estropajos.

- Seis litros de suavizante.

- 360 metros de papel de aluminio.

Esta clase de amogollonamiento ya me había ocurrido antes, pero antes tenía ayuda para acabar con las existencias. Pero ahora estoy sola y no sé qué hacer con tanta cantidad de cosas. ¿Cuánto voy a tardar en comerme OCHO KILOS de macarrones? ¿Y que hago con el papel de aluminio? ¿forrar toda la casa? Por lo pronto, he pensado llevar regalitos cuando vaya de visita:

- Hola, Abuelo, ¿qué tal estás? ay, mira que estropajo más bonito te he traído.

...

- Hermanoooo... que te he mandado un paquete a Alemania. Sí, macarrones. Riquísimos, oye.

Hoy me voy a Barcelona, a ver a mi chico, y aún estoy pensando en meter un par de bayetas en la maleta.

martes, octubre 23, 2007

De peluqueras y horrores

La boda de Elvisina fue el sábado. Con mi dilema del vestido, y visto que era imposible customizarlo como bien me sugería Irene Jansen (el vestío era demasiado estampado... demasiado particular), me pasé a la sugerencia Perli, que es una mujer sabia:
"cuando una se compra un vestido en una tienda donde más gente puede comprarlo, las comparaciones son inevitables. Por eso es IM-PRES-CIN-DI-BLE que:

-seas la mejor peinada,

-la mejor maquillada

-y lleves los mejores complementos."

Bien, armada con unos taconazos preciosos e intentando eso del maquillaje, decidí, además, ir a la peluquería. Pero tenía en mente este post de la Perri, que justo había leído unos días antes. Huí de Chonilandia para ir a una peluquería, intentando evitar cualquier rastro de genética maru. E intenté ser lo más clara y precisa en las instrucciones que le di a la peluquera, para establecer desde el principio las bases de nuestra relación:

- Quiero un mono o un semi-recogido discreto. Me da igual liso o con ondas suaves, pero por favor, que sea discreto y sin volumen, sin pelos disparados hacia los lados, sin cardados y, sobre todo, sin perifollos. Simple, sencillo y discreto, por favor.

Al acabar la parrafada me sentí un poco mal. No suelo ser demasiado tajante, ¿me habría pasado con la peluquera?

Pues no. Yo no veía qué estaba haciendo en la parte de atrás de mi cabeza (aún no tengo una mutación genética que me haya puesto un ojo en la coronilla) pero debí sospechar cuando todas sus compañeras pasaban y decían "Oh, María, qué bonito". Cuando levanté la vista del libro (vale, no, no voy a mentir: era el Hola con la boda de Bla y Bor) y me enseñó con un espejo lo que había hecho...

Donde yo dije "ondas suaves" ella entendió bucles.

Donde yo dije "sin pelos disparados hacia los lados" ella entendió que hacia los lados no, pero que hacia arriba sí.

Donde yo dije "sin perifollos" directamente no entendió nada.

Resumiendo: una cascada de bucles caía al modo Sissí por toda mi espalda, mientras una palmera de pelos salía de la parte alta mi cabeza, formando no sólo un perifollo peloso en toda regla, sino que además hacía que mi cabeza tuviera aura. Aura de pelos disparados, claro. Boquiabierta, al "¿te gusta?" todo ilusionado de María, le tuve que decir un NO y pedirle que, por favor, me deshiciera la palmera, que quería algo más discreto, con menos cardado y con menos... aura.

Llegadas a este punto, María se desconcertó. Obligada a deshacer su obra maestra de arte efímero, soltó la palmera y en menos de dos minutos me cogió con dos horquillas un poco los bucles (eso ya sí que no se podía deshacer) y pasó a mi flequillo. Pero el desprecio a su arte había hecho mella en su toque peluqueril y mi flequillo se le rebeló.

Me lo mojó. Me lo peinó a un lado. No le gustó.

Lo mojó. Lo peinó hacia delante. No le gustó.

Lo mojó. Lo peinó al otro lado. No le gustó.

Lo mojó. Lo peinó hacia arriba y lo cardó. Le pregunté si eso iba a quedar así, tan cardado. Me dijo que no.

Pero lo volvió a mojar. Al final, suspiró y dijo "¿lo dejo hacia adelante?". Y yo suspiré y le dije "sí, déjalo". Era eso o que mis pelos murieran de ahogamiento.

Llegué desconsolada a casa, con pinta de Sissí cutre, con mi paranoia acrecentada y con ganas de meter la cabeza bajo la ducha. Pero no había tiempo. Para arreglarlo, Hermano me dijo, en plan consuelo: "No, Hermana, no pareces Sissi... eres más bien tipo Shirley Temple".

Pero bueno, llegué a Toledo, me tranquilicé al escudriñar a todas las invitadas y ver que no repetíamos vestido. Me lo pasé genial, ignoré a mis bucles, ellos me ignoraron a mí...

Y a la mañana siguiente cuando me levanté ya no quedaba ni resto de Sissí, ni de la Temple. La que había aparecido en el espejo era ella:


Y es que el momento choni está ahí, acechándonme y atacando al primer descuido.

jueves, junio 21, 2007

En Chonilandia...

En Chonilandia, este mi barrio, somos tan peligrosos y tan chulos que para vigilar casas, obras o lo que sea, no tenemos guardas jurados, ni perros peligrosos. Nosotros tenemos a...




¡¡¡JUARDA JITANO AMANUEL!!!


Gentecilla del mundo, temblad:
¡Al lado de Amanuel no tenéis nada que hacer!
(Um, si el juarda jitano Amanuel y Chuck Norris se enfrentaran... ¿quién ganaría? Ains, cuántas dudas existenciales).