MANAZAS

Yo, Be, me he cargado la plantilla milenaria de QaD por torpe y con un solo clic. Me autoflagelo ante mis copropietarias y me comprometo a dejarla lo más parecida posible, si no mejor. ¡Palabra!
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miércoles, junio 26, 2013

Hace diez años

El mes de junio de 2003 fue completamente distinto a este. Calor, hizo mucho calor. Ese mes de junio ya presagiaba que la Península iba a ser barrida ese verano por una impresionante ola de calor. Recuerdo lo mal que lo pasamos en las clases de aquel máster que estábamos haciendo ese año, en aquel aula especial sin aire acondicionado. Era complicado atender a aquellos profesores, con cosas interesantes que contar, pero que lo hacían a primera hora de la tarde... y con aquel calor. Media clase dormitaba, la otra media se pasaba notitas.

Yo tuve suerte, me libré de gran parte de la ola de calor de ese verano. Gracias a la confluencia de cuatro factores: una amiga en el extranjero, los ahorros que tenía en una cuenta que me había abierto mi abuelo cuando hice la primera comunión (y que mi padre se había encargado de nutrir años tras año, poquito a poquito), mi estupidez eligiendo novios y un venazo de dramaqueenismo épico.

En aquel máster había conocido a A. A era un chileno guapísimo (bueno, a mí me parecía guapísimo), simpático y listo que me deslumbró en cuanto le conocí. Menudo flechazo. A pesar de tener veintitantos años, mi cerebro se evaporó y me puse tonta como una niña de catorce. No podía hacer otra cosa más que mirarle arrobada y como si hubiera visto una aparición mariana. Lo curioso es que, a pesar de que mi cerebro brillaba por su ausencia, llamé la atención de A y acabamos medio liados. Durante cinco meses estuve envuelta en una de las relaciones más extrañas que he tenido en mi vida y que me dejó de nuevo para el arrastre (digo de nuevo, porque fue después del chungazo de mi vida y yo aún estaba recomponiéndome de aquella catástrofe vital). 

Resumiendo, que allá por junio del 2003 estaba yo hecha un guiñapo después de aquel desastre chileno - desastre que seguía cada día presente en mi vida, ya que íbamos a clase juntos y salíamos de fiesta juntos - y decidi que necesitaba un cambio de aires. Inmediato. Hablé con el director del máster para que me diera permiso para perderme las últimas clases. Contacté con mi amiga Maya, que estaba viviendo en el DF y con mi amiga Nanuk, que se iba a pasar allí el verano, y me saqué un billete para el DF. En menos de dos semanas pasé de estar llorando en Madrid sin saber qué hacer a estar en el Zócalo en pleno DF.

Dramaqueenismo del bueno. Si vas a hacer una espantá, mejor irte a un país exótico en otro continente que a Albacete. La sensación no es exactamente la misma.

Tras estar unos días por el DF y alrededores, cogimos nuestras mochilas y nos fuimos a dar una vuelta por el país. Fuimos en plan tirado porque el dinero no daba para más, viajando en los buses económicos, comiendo en mercados y puestos callejeros y alojándonos en albergues y moteles infectos, como aquel del baño diminuto, que era todo en uno: la alcachofa de la ducha estaba literalmente encima del water. Al menos podías estar segura de que el water estaba más o menos limpio, porque le caía encima toda la espuma del champú o del gel. Ese fue mejor que aquel en el que en la cisterna había una capa de moho verde maloliente y que estaba tan limpio que ni siquiera nos desvestimos para dormir. Para rematar, estaba encima de un mercado y a las cuatro nos despertó un señor con un concierto de marimba y a las cinco un señor vendiendo pornografía a voces.

La cuestión es que nos recorrimos gran parte del sur de México y más:

Teotihuacán,


Guanajuato, Oaxaca,
Palenque,
 
o Chiapas.
 Desde Chiapas, pasamos a Guatemala,

Chichicastenango,

el lago Atitlán,

la costa guatemalteca del Pacífico (mi primer baño en el Pacífico. Bofetón que me dio la ola, oigan),

un breve garbeo por Honduras,

Livingstone, en la costa caribeña de Guatemala,


Tikal (esos puntitos de arriba somos Nanuk y yo).



 Yde nuevo México, esta vez entrando por Yucatán.


Tulum (no me he podido resistir. Arriba, nuestra cabaña. Debajo, lo que veía desde la cama),
Chichén-Itzá,
la ruta puuc o Campeche.

Durante más de mes y medio, Nanuk, Maya y yo estuvimos viajando por México y Guatemala, pasando por Honduras y Belice. Vimos todas las ruinas mayas y no mayas por las que pasamos (qué se puede esperar de tres historiadoras, dos de ellas especializadas en Mesoamérica). Y creedme, fueron muchas ruinas mayas. Muchísimas ruinas mayas (y por este comentario podéis deducir que la que no estaba especializada en Mesoamérica era yo). Fuimos a algunas de las zonas que salen en todos los clásicos de Antropología. Vimos ciudades coloniales, volcanes, cenotes y playas de ensueño. Nos lo pasamos muy bien las tres juntas, nos reímos lo que no está escrito. Fue un viaje estupendo, en el que acabé saturada de color, picante, vida... y ruinas mayas.

Volví a Madrid un mes y medio después, curada, feliz y sin acordarme siquiera de la existencia del chunguito chileno. Ahora, si me acuerdo de él, sonrío por tres cosas: lo surrealista que fue nuestra historia, lo boba que fui yo y el maravilloso viaje que me trajo mi vena de dramaqueenismo, una de las mejores experiencias que he vivido. 

Y es que... quién dice que el dramaqueenismo no trae cosas buenas a la vida.

viernes, julio 02, 2010

Las chungas de nuestra vida: la perra del hortelano

Hoy publicamos nueva historia de los chungos de nuestra vida. En esta ocasión es chunga-perra (del hortelano) y viene de la mano de nuestra querida Corkiana.

Esta historia es un poco larga, intentaré resumirla lo mejor posible. Conocí a la futura chunga (a la que llamaremos C, de chunga) hace ya unos años, estando yo en la universidad. Era la mejor amiga de un amigo de clase y desde el primer momento me llamó la atención. Poco a poco me fui colgando por ella, a pesar que de entrada sabía que ella era hetero (o eso creíamos todos) y acabé enamorada de ella de una forma bastante patética y más pública de lo que me hubiera gustado, pero, sin embargo, llegamos a ser amigas. Recuerdo esas noches de verano en que nos quedabamos en su casa hasta las tantas, compartiendo confidencias y viendo películas tumbadas en su cama. La palabra frustación existe para definir esos momentos en los que físicamente sólo unos centímetros me separaban de ella y todo contacto estaba vedado.

Convencida de que no se le puede pedir peras al olmo, y dado que C seguía empeñada en su heterosexualidad, yo opté por buscar otras mujeres que sí que estuvieran interesadas en mí, (que tampoco se trataba de torturarme gratuitamente) así que junto con dos amigos nos dedicamos a quemar los fines de semana en bares de ambiente, donde yo de cuando en cuando ligaba (más bien poco). Se podría decir que hasta este punto la chunga soy yo por liarme con otras por despecho, pero, en realidad, el verdadero despecho llegó cuando después de meses de tonteo, supuestamente inocente, C se lió con otra tía (a la que llamaremos O, de otra, y que además tenía una novia a la que todos conocíamos).

Chunguería número 1: Venir a bailar "Devuelveme la vida" (de David Bustamante) conmigo 30 segundos después de haberse liado con O y dejarme el calentón como premio de consolación.

Eso sí que me impulsó a poner mujeres y tierra de por medio, porque no podía soportar verlas juntas. Tanta tierra quise poner por medio, que me fuí de Erasmus un año.

Chunguería número 2: Darme un morreo de despedida horas antes de irme, en el portón de mi casa, a sabiendas de que yo no había salido del armario con mis padres.

El año pasó entre cervezas y alguna que otra irlandesa, y justo después de volver conocí a la que hoy sigue siendo mi pareja, a la que llamaremos N (de novia). Feliz como estaba lo compartí con mis amigos, incluida C.

Chunguería número 3: Mirar mal a N al minuto de conocerla y sin haber cruzado palabra con ella. (¿Estamos ante un típico caso del perro del hortelano?)

Ese momento fue el principio del fín. Al principio pensé que N exageraba un poco por celos. Yo seguía quedando con C porque aún la consideraba mi amiga, y dejaba a claro a N que sus celos eran infundados, (que lo eran)...

Chunguería número 4: Venir a saludarme y quedarse a escasos centímetros de mi cara...como si fuera a besarme, o ponerme la mano en el muslo cuando estabamos cenando todos por ahí, siempre asegurándose de que N estuviera para verlo.

A todas estas, ella se echó novia (que por cierto era lo opuesto de O) y empezó a distanciarse del grupo, además yo cada vez veía las cosas más claras, y empezaban a mosquearme sus salidas de tono, hasta que un día de esto pasó esto:

Chunguería número 5: Tomarse la libertad de tocarme el culo, mientras estoy besándome con N en un bar.

Después de eso, la siguiente vez que la ví, la llevé aparte para hablar y llamarle la atención por lo que había hecho, primero lo negó, después le quitó importancia y después dijo que no lo volvería hacer, aunque en realidad, lo que no volvió a hacer fue saludarme.

Para rematar esta historia, en mi ciudad no hay muchos bares de chicas, así que todos los fines de semana que salgo nos cruzamos, y por supuesto no nos hablamos, pero de vez en cuando...

Chunguería número 6: Hacerle muecas burlonas a N cuando se cruzan en el bar.

Vamos, que nunca llegué a salir con ella, pero creo que reune requisitos para ser considerada una chunga de libro.

viernes, mayo 28, 2010

Los Chungos de Nuestra Vida: el Vago


Nuestra lectora y amiga Tribeca habrá pensado que nos habíamos olvidado de su chungo, enviado taaaaaantos días atrás. Y un poquito de razón tiene, porque tenemos la sección abandonadita.

Para aquellos que acaben de llegar (aunque esto ha vuelto casi a las cifras normales de visitas), aquí tienen la definición de "chungo", aquí uno, dos y hasta tres ejemplos, y las directrices sobre cómo contárnoslos. Si queréis mandarnos la historia de vuestro chungo -o chunga, o chungay-, decirnos lo mucho o lo poco que os molamos o quejaros de que tenemos un post vuestro desde hace mil años sin publicar, podéis escribirnos a quedateadormir@gmail.com. Y ahora os dejo con el post de Tribeca.

La historia comienza cuando yo contaba con unos floridos 26 años (tengo cuarenta ahora) y me paseaba por la noche madrileña del brazo de un estupendo ejemplar de africano congoleño, guapísimo y encantador pero con el que no coincidía en gustos a la hora de salir. Adivinen en qué sí coindiamos sin peros. Él adoraba la salsa y a mí como que me da urticaria. Una noche que él salió a salsear, yo me fuí a Morocco con una amiga y allí conocimos a un trío de maromos con los que acabamos charlando y flirteando hasta que cerraron. Mi amiga se enrolló con uno y como querían más intimidad, propusieron ir a casa de John que no estaban sus padres.

John me dijo que si lo acompañaba, yo accedí y el que sobraba se marchó. Así que nos subimos mi amiga y yo en un coche con dos tíos que acabábamos de conocer rumbo a un dúplex en Majadahonda. El John este no estaba mal, rubio, ojos azules, guapillo, alto, pero decía cosas muy raras, absurdas, como si fueran chistes pero ininteligibles. Vamos, que sólo se reía él. Raroraro.

Ya os podeis imaginar qué pasó cuando llegamos a casa de John: mi amiga intimando como loca y yo tratando de entender al inglés este... como no lo conseguía, opté por una mala solución: enrrollarme con él. Solo para que se callara, lo juro. Pero la cosa se lió. No se cómo pero a la semana me había deshecho del africano y estaba invitando a cenar al inglés a casa (sin padres, emancipadita desde los ventitrés, leñe). El inglés se reveló como un estupendo amante y yo, que tiendo a coger cariño, me lo quedé. Además, él vivía en Londres porque estaba terminando la carrera de filología hispano-lusa y venía con frecuencia porque sus padres residen en Madrid, con lo cual a mí me dejaba muuucho margen de acción. Me pareció la mar de conveniente, la verdad.

El tipo seguía diciendo cosas raras, como por ejemplo, en mitad de una conversación sobre arte con un museólogo muy interesante -sin ironía- John interrumpió bruscamente y le dijo:

-Pero a ver, que eso que dices no le importa a nadie, habla de algo que sí es importante: ¿Cúal es tu color favorito?

El museólogo me miró a los ojos como diciendo "siento compasión por tí" y se marchó dejándome muerta de la verguenza. Esa mirada me la dedicaría muuucha gente más, entre otros mi familia -al completo- y mis amigos.

Aparte de sus comentarios absurdos (su ídolo era Mr. Bean) era muy vago. Era capaz de comer de la olla por no poner la mesa y desplazarse hasta el salón en un piso de 60 metros. Llegaba tarde con frecuencia por quedarse dormido: daba igual si le citabas a las 10 de la mañana o a las ocho de la tarde, dormía como un koala. No hacía absolutamente nada de la casa, no digo en la mía, sino en la suya, permitiendo que su madre -su padre estaba enfermo- cargara con la compra mientras él la contemplaba impasible. Nunca le ví poner la mesa, retirarla, hacer la cama o cualquier mínimo acto que requiriese esfuerzo.

Pero como estaba en Madrid como mucho 10 días cada mes, no me daba tiempo a hartarme. Hasta que terminó la carrera, claro. Cielo santo. Un día me planté y le dije que no volvía a salir con él como fuera con toda la ropa arrugada. Os juro que no soy una tiquismiquis, más bien al revés, pero es que John iba literalmente hecho una pasa y me daba verguenza. Él muy enojado, cogió la plancha y se puso a estirar una camisa y un pantalón... con el cable desenchufado!!! En otra ocasión, para ir a una boda, "planchó" la ropa dejándola debajo del colchón toda la noche.

Cuando íbamos en su coche, conducía apoyando la cabeza en el cristal, todo recostado, medio dormitando. Siempre. Era acojonante. Una vez perdió el avión a Londres por quedarse dormido.. el avión salía por la tarde, tarde... y en otra ocasión, que estaba instalado en mi casa, me prometí a mi misma que le dejaría dormir tooodo lo que necesitara el señor.. y a los dos días y medio en los que sólo salió de la cama para ir al baño y coger rebanadas de pan de molde, me rendí y le obligué a ducharse. No tenía límites.

En otra ocasión invitamos a unos amigos míos a cenar y John se quedó dormido antes del postre, se tumbó en el sofá donde estaba sentada una amiga, y la echó a patadas literalmente. Obviamente, mis amigos se fueron, y yo me quería morir. El siguió tan tranquilo, roncando.

Cuando acabó la carrera no tenía ni oficio ni beneficio, y le animé a que se presentara a las pruebas de controlador aéreo... Pues suspendió el examen de inglés!!! él, que era bilingue perfecto. Para mí que dijo algo raro o que se durmió o llegó super tarde.

Lo que me decidió a mandarlo a la mierda definitivamente fue el día que yo salí del hospital tras una operación y él había quedado en recogerme y llevarme a casa. Les dije a mis amigos y familia que John venía por mí, así que nadie se preocupara. Hasta que me ví en la puerta del hospital, apenas me sostenían las piernas, y de John, ni sus luces, ni contestaba al móvil, ni nada de nada. Menos mal que mi hermana, que ya se lo olía, me acompañó pero aún así me sentí tan mal que me pegué una llorera de antología.

Más tarde supe que el tipo, para no llegar tarde a recogerme, se había ido con su coche a pasar la noche cerca del hospital Y HABIA DORMIDO TODA LA NOCHE ALLI, EN EL COCHE... pero llegada la hora (y estamos hablando de cerca de la hora de comer) pues... adivinen... dormido como tronco con los morros babeando el cristal, como si lo viera. Arggg...

La operación, encima, era por su culpa, por unas movidas que me pegó por haberme sido infiel!!! El colmo...

Así que ya, le envié al guano, y tras un par de meses de acoso y lloriqueos disculpatorios, me dejó en paz y hasta hoy.

Yo, que adoraba a la Inglaterra de "Retorno a Brideshead", Virginia Woolf, Joy Division y los Smiths me topé con la Inglaterra hooligan de cerveza hasta caer redondos, me ducho sólo los sábados y humor zafio y facilón.

Ahora me da risa acordarme de algunas cosas, pero qué bueno que ya pasó...

miércoles, febrero 17, 2010

Las Chungas de Nuestra Vida: la Psicópata


Cuando tenemos un par de chungos en la nevera a la espera de ser publicados (no se acaban nunca, ¡todo el mundo tiene uno! ¡¡mándanos el tuyo!!), hoy vamos con una variación de la sección, ¡una chunga! Nos la envía D.Gallagher, y pone los pelos de punta. Enjoy!

De haber sido una peli, sería de esas que empiezan con una situación plácida y convencional hasta el extremo, precisamente como contraste con la sorpresa final. Claro que, en el cine, los espectadores se dormirían en las cuatro quintas partes del metraje.

Ana fue mi primera novia 'estable' -y empleo la palabra 'novia' en su sentido más rancio- y nuestra relación se arrastró en una nube de hastío burgués durante cuatro años, con apenas altibajos. Ana era listísima, superpráctica... pero no puedo decir que sintiera muchas mariposas en el estómago (homenaje a Be) cuando estábamos juntos.

La cosa llegó a un desenlace igualmente vulgar. Ana tenía que irse un año a Inglaterra y optó por cortar para evitarnos malos rollos, una decisión que yo acepté externamente con discretas expresiones de dolor e internamente con un inmenso alivio. Soy de esos hombres que necesitan permantemente una mujer, no mujeres, y al mes Ana ya tenía sustituta y estaba olvidadísima. Pero, cuando todo parecía tranquilo...

Empezaron las cartas. No eran anónimos, no exactamente. Me las escribía presuntamente una amiga inglesa de Ana, y me decía cosas rarísimas, que si Ana había ingresado en un hospital psiquiátrico, que si los médicos habían dicho que yo tenía que escribirle y ser muy cariñoso para que se recuperara, que si su vida corría peligro...

Vale, fui un absoluto pardillo, pero me lo tragué todo. Así que, cuando Ana volvió, quedé con ella un par de veces y me esforcé por estar cariñoso... Aunque me sentía como si tuviera que estar con el personaje de Glenn Close en Atracción Fatal DESPUÉS de haber visto la peli.

Mi vida se convirtió en un infierno a toda velocidad. Ana se desmayaba cuando estábamos juntos -en una ocasión, al volante-, me llamaba a las tantas de la madrugada para decirme que se había tomado un bote de pastillas y empezaron a llegarle anónimos -estos sí- a mi nueva novia.

Mientras, la amiga inglesa seguía escribiéndome, con mensajes cada vez más alarmantes.

En cuatro años de relación, muchos de mis amigos procedían de su ambiente, y todos dejaron de responder a mis llamadas. Con el tiempo supe que Ana había estado propalando tales cosas sobre mí que mirarían al asesino del hacha con mayor simpatía.

Y yo me seguía obligando a quedar con ella, cada vez más acojonado y tenso, con los nervios como cuerdas de violín.

Hasta que ya no pude más y se lo conté todo a una amiga... que se partió de risa con mi ingenuidad. Me hizo ver todo lo que yo, en medio del lío, era incapaz de ver, como el hecho evidente de que la amiga inglesa no existía, que era ella misma, y que había pasado cuatro años saliendo con una aprendiz de psicópata.

Lo único que ahora sé de ella es que tiene un puestazo de los que ponen los dientes muy, muy largos, con lo que su psicopatía debía estar limitada a mí. Bad luck.

miércoles, enero 13, 2010

You f*cking kidding me...


La nueva temporada televisiva me tiene machacada, y no precisamente por las muchas (o pocas, como algunos opinan) series que veo. He estado dos días sin acercarme a twitter (drama!!!), día y medio sin siquiera abrir Facebook y ni sé el tiempo sin leer blogs.

Lo que se dice un erial.

A cambio, ahora hay más posibilidades de que me veáis si ponéis la tele al azar un día cualquiera a una hora cualquiera en un canal cualquiera (yay!!!). Son pocas, eso sí. Ínfimas, diría yo.

A lo que voy. Éste es un posteo de emergencia para compartir con vosotros una cosa que me ha pasado El Hombre Malo.



Espero que os guste, y que alguno que lee esto a escondidas se sienta identificado.

viernes, enero 08, 2010

Los Chungos de Nuestra Vida: el Niño


Amigos, estamos viviendo El Resurgir de los Chungos. Y nos encanta. No porque os lo hayan hecho pasar mal en la vida, sino porque queráis sacar algo bueno del asunto y decidais compartirlo con nosotras. Y últimamente os pasa mucho: tenemos tres chungos más esperando publicación.

El de hoy me ha encantado, porque demuestra que hay chungos de todas las edades. Les dejo con el Chungo Niño, cortesía de V10. Enjoy
!

Pues hoy que vengo con el dedo calentito (risas, comentarios, codazos) os voy a contar la historia de mi primer Chungo: El Niño Chungo.

Es sabido que en esta vida he sido precoz para 3 cosas, a saber:

- Para aprender a leer.
- Para aprender a nadar.
- Para sufrir por amor.

Estaba yo recién llegada al Colegio Católico Privado (en adelante CCP) cuando mi mirada se cruzó con la de un niño rubio y muy bien peinado. En adelante el Niño Chungo. Mis hermanas mayores dicen que eso era lo que me gustaba de él "que iba muy bien peinado y jugaba muy bien al fútbol".

Bien, motivos espúreos aparte, resultó que aquél niño y yo nos hicimos amigos. Jugábamos con los bichos bola en los recreos, nos cambiábamos los bocadillos, nos sentábamos juntos. El CCP pensaba que hasta los seis años los niños no tienen pensamientos impuros, ergo podían recibir una educación conjunta. El Niño Chungo y yo nos hicimos novios.

Fueron dos cursos felices. En nuestro afán de hacer las cosas bien nos casamos por la Iglesia en algún recreo, o alguna misa. No recuerdo muy bien. Casualidades de la vida, la hermana mayor de Niño Chungo y las dos hermanas mayores de servidora iban a la misma clase y consideraban que éramos muy monos, así que alentaron el noviazgo.

He de decir que el Niño Chungo y yo fuimos muy moderados en nuestras manifestaciones amorosas. Si bien llegó un Patio del Recreo en el que (y esto lo recuerdo perfectisimamente) el Niño Chungo me estampó contra una buganvilla y me subió la falda. Y ya no recuerdo más.

No es que reprima el recuerdo, creedme, me haría mucha ilusión saber si llegó a bajarme las bragas o a meterme mano. Pero el caso es que sólo me acuerdo de cómo pinchaba la jodía buganvilla y de que me levantó la falda.

El verano pasó y al volver al cole resultó que el Niño Chungo ya no iba a mi centro, sino al de al lado, que era sólo para varones, pues el CCP consideraba que con 6 años es la edad perfecta para empezar en el mundo de lo impuro.

Dejé de ver a Niño Chungo en clase, aunque, soñadora de mí, pensé en que seguiría coincidiendo con él cuando fuera a coger el bus con su hermana mayor (ya os he dicho que era del grupo de mis hermanas). Sin embargo Niño Chungo decidió que durante el verano yo había adquirido un súperpoder... ¡¡¡Me había vuelto invisible para él!!!

Indignada por su desprecio se me saltaron las lágrimas. Niño Chungo ya no me miraba, ni siquiera hacía comentarios. Andaba todo el camino callado y agarrado a la mano de su hermana mientras las Mayores nos decían tonterías, como que si ya no nos queríamos. ¡¡Yo sí le quiero!! Me daban ganas de decir.

Pero el caso es que nunca lo dije. Durante los dos años siguientes que estuve en el CCP (me cambié de cole con 8 años) tuve que olvidar mi amor por el Niño Chungo, pues pasaba de mí olímpicamente y se iba a coger el bus con los amigotes.

Hasta aquí ustedes han leído una historia divertida. Ahora viene la parte CHUNGA CHUNGA QUE TE CAGAS.

Pues aaarresulta de que hace cosa de un año (digamos que) descubrí que la compañera de piso de una de mis Hermanas Mayores es tía carnal de Niño Chungo. No veáis qué arrebol me entró cuándo mi hermana dijo bromeando delante de la Tía: ¿¿te acuerdas cuando eras la novia de Niño Chungo?? Por mi hermana me he informado del destino de Niño Chungo: estuvo en el seminario y va para sacerdote. Así pues: el primer tío que me metió mano es medio cura.
Me lo he encontrado un par de veces por la conexión con la Tía. Y os juro que he pensado en preguntarle dos cosas:

Primera. Niño Chungo, ¿dejaste de hablarme porque con 6 años ya tenías claro que querías ser curita?

Segunda. Niño Chungo: ¿¿¿me bajaste las bragas aquél día en la buganvilla o no???

miércoles, diciembre 30, 2009

Los Chungos de Nuestra Vida: el Paternalista

Hoy publicamos una nueva historia de un chungo que nos envía nuestra amiga Circensis. Es un relato muy apropiado para estas fechas, porque la historia incluye uno de esos sms bomba que son tan usuales en Nochevieja. Esperamos que lo disfrutéis.

CHUNGO ÉL-CHUNGA YO O HISTORIA DE CÓMO ME CRECEN LOS ENANOS

Todo empezó una noche de verano en un garito madrileño, yo tenía veintipocos y él, al que llamaremos
JR, veintipocos+2. La verdad es que llamó mi atención más bien poco y para ser sincera por la camiseta tan horterísima que llevaba, eso sí: a mi amiga la conquistó de lleno.

El verano pasó y ni acordarme de él, pero al empezar las clases de nuevo mi amiga propuso ‘encuentro casual nada forzado’ con su grupo a ver si concretaba las tonterías que se habían estado diciendo por sms… y aquí comenzó la historia.


La noche fue memorable, acabé llegando a casa a las 8 de la mañana y afónica perdida. A mi amiga no le gustó tanto… Sí, a JR ‘le molaba’ yo, entre la expresión y que se había pasado el verano tonteando por mensaje con mi amiga y de repente yo era la nueva diversión debería haber huido, pero ya estaba ‘cegada de amor’, he de decir que era muy guapo y con un potencial frinkable enorme. No hicimos nada, no penséis mal, que mi amiga estaba delante y una aún tiene un poco de decencia, pero tonteamos mucho, mucho.


A mi me encantaba, con ese aire de macarra-pero-niño-bien, esa mirada que más que mirarte te desnudaba... vamos, que era un chulo en toda regla. Conclusión: me colé como una imbécil. Hablé con mi amiga, que muy deportivamente se retiró del juego y empecé un ‘baile del cortejo’ que ni los bichos de Félix Rodríguez de la Fuente. Mi objetivo: ‘la caza del macho ibérico’. Yo pensé que iba a ser facilísimo:


le gusto+me gusta = nos liamos+luego Dios dirá


Pues no, le entró una paja mental sobre lo conveniente de liarnos por si luego no funcionaba, por si estropeábamos lo bien que habían encajado nuestros amigos (salíamos siempre en grupo), que si era mejor conocernos primero… Aunque todo este juego lo empezó él se comportaba como si lo hubiese hecho yo. Aún así acepté… en qué hora.


He de decir que el primer síntoma de chungo me lo dio cuando me dijo que lo que le gustaba de mí era que le ‘daba caña’, y yo nada, sin hacer caso a las señales. Así pasó: 3 meses de tonteos después me soltó que entre él y yo no había química… que me había vuelto blanda. Normal, no se puede conocer a nadie clavándole puñales en la espalda constantemente ¿no? El día que me lo dijo el mundo se vino abajo, pero decidí que no le iba a dar el gusto de verme mal, así que seguí de fiesta y volví a mi rollo de dura respondona, no le dejé explicarme nada, le dije que no me interesaban sus explicaciones (veis como también yo soy chunga cuando quiero).


Al fin de semana siguiente, con todos sus amigos en un bar me lié con ‘Otro (yo=chunga otra vez). No se enteró nadie. Pero sirvió de poco, otro sábado estaba distraída hablando con JR (ahora éramos amigos, o lo intentábamos) cuando apareció Otro y la cosa se descontroló, le dije a Otro que ‘lo nuestro’ se acabó, vamos, que de liarnos nada, pero se quedó con nosotros y sin saber como acabó hablando toda la noche con JR. No me lo podía creer, ¿Qué se estarían diciendo?


Resultó que JR se hizo pasar por mi primo (debí cargármelo en cuanto me enteré) y Otro se dedicó a contarle durante toda la noche que nos habíamos liado y que ahora su objetivo era ‘hacerme mujer’, en fin, esto me pasa por hacerme la chunga sin entrenamiento previo, que me crecen los enanos. Y así llegamos al fin, JR se puso paternalista, me recomendó que no me liase con otros por despecho, se sorprendió porque después de 3 meses dorándome la píldora (según su versión claro), me había liado con un niñato y no con él y dejamos de vernos.


Hasta que la RENFE nos unió y 2 años después nos veíamos todos los días en una estación, él subiendo las escaleras mecánicas, yo bajándolas, una imagen de película. Su reacción fue mandarme un sms la madrugada del 31 de diciembre de aquel año confesándome que no se había dado cuenta de lo que tenía hasta que lo había perdido ¡lo que hace el garrafón de las fiestas de Nochevieja! Sms al que nunca contesté.


Hala, desde quédate a dormir os deseamos un buen fin de año y un maravilloso 2010. ¿Tenéis ya preparados vuestros deseos y buenos propósitos para el 2010? ¡Muchos besos para todos!

lunes, diciembre 07, 2009

Los Chungos de Nuestra Vida: el Solidario


Empezamos la semana con el Chungo que nos envió hace algún tiempo LaOtraYoMisma, que si tenemos la sección medioabandonada no es por que el género se haya extinguido, sino por desastrez por nuestra parte. Enjoy! (Y para los que hoy tengan que trabajar, ¡ánimo, pequeños, no estáis solos!!)

De todos mis chungos, y hay unos cuantos, éste es el que más me caló: el típico chungo que quiere cambiar el mundo. Lo conocí en un encuentro de voluntarios y me caló rápido.

Mayorcete, tío interesante, me hablaba de sus viajes a África, de su vida bohemia y de cómo quería cambiar el mundo. Según él, ninguna mujer había sabido entender "su proyecto de vida", pero por fín había encontrado a alguien que, "además de entender, podría compartirlo". Ejem-ejem, ahora se que las pobres huían ya que eran más listas que yo, evidentemente.

El problema es que visto fríamente no sé como no eché a correr en el momento que me dijo que había ido a un monje (o algo así) que le había dicho que no podia querer a nadie porque tenia no se qué chacra cerrado. Hummmmm ¿¿¿¿¿COMO FUI TAN TONTA????? O el día que se sintió súper ofendido porque le invité a un café del Starbucks, me hizo sentir como si estuviera usando perros vivos como cebo a los tiburones (creo que por eso me he unido a ese grupo del Facebook, para limpiar mi conciencia), yo sólo pensaba… ¿¿¿¿¿TAN MALA PERSONA SOY QUE ME ENCANTA EL CAFÉ DE AQUÍ?????

Después de aguantar la risa de los chacras y las ganas de asesinarme a mí misma por ir a esa cadena de cafeterías, me volvió a enamorar con su dialéctica, sus proyectos solidarios, su ong, etc… pero os prometo que lo del chacra cerrado me hizo dudar durante unos segundos: alguien que reconoce su imposibilidad a querer a nadie debería psicoanalizarse y no echarle la culpa a chacras ni auras.

En fin, que luego me fue por la vía cultureta: Benedetti, "El Lado Oscuro del Corazón", pelis en versión original y ópera hicieron el resto. Ahí estaba yo hasta las tranquillas, y eso que sabía que el tipo era un chungo crápula de manual. Me invitó a la ópera antes de Navidad, quedamos para cenar y… nunca más se supo. Ni un "feliz navidad", ni un "feliz año", ni un "ahí te pudras con tu café americano".

Lo he superado, sin duda. Pero ahora huyo de los culturetas que quieren cambiar el mundo y no empiezan por ellos mismos.

Al testimonio de LaOtraYoMisma sólo puedo añadir que tengo una amiga que trabaja en Starbucks y está todo el tiempo diciéndonos que no vayamos... "A Starbuck no se va!!". Pero no la hacemos ningún caso. Que el Chai Tea Latte con leche de soja está superbueno.

miércoles, noviembre 25, 2009

Los Chungos de Nuestra Vida: el Guardaespaldas


Mi amiga Cleopatra ha tenido varias relaciones estables -de 4 o 5 años- pero como ella misma dice "los periodos de entreguerras eran lo peor". Ya tuvimos de visita un primer botón de muestra (Twin, el de la bacinilla). El segundo llega hoy, y tiene banda sonora propia:



Ya estamos ambientados, empecemos:

Cleo: Mis periodos entreguerras han sido terribles...
Be: Siempre lo son.
Cleo: No, quiero decir TERRIBLES. Un verano salí con un pescadero.
Be: ¿Y fue mal?
Cleo: Nos seguían todos los gatos del pueblo, Be, no teníamos intimidad. Te ibas a lo oscuro a darte un beso, y había 200 gatos.
Be: Pobre, menuda tensión.
Cleo: Bueno, eran gajes del oficio. Pero si hablamos de oficios... una noche conocí a un chico. Me dijo nosequé sobre mis ojos y me hizo gracia, estuvimos hablando y me pidió mi teléfono. Se lo dí y me dio el suyo.
Be: Hasta aquí me parece todo muy normal.
Cleo: Me lo apuntó en un post-it. Un post-it a las cinco de la mañana. Y lo plastificó. Sacó una cosa, como un kit de plastificado, nunca he vuelto a ver una cosa así, y PLASTIFICÓ el post-it.
Be: Ya.
Cleo: Me dijo "Es mi teléfono, ¿eh? Es mi teléfono de verdad". Y me llevó a una cabina, marcó el número y me pasó el teléfono para que oyera su voz en el contestador. Como si yo lo dudara, después de los esfuerzos del post-it y el plastificado.
Be: Éstas son las cosas que nos ahorra la era de los móviles.
Cleo: El caso es que me llamó, me propuso ir al cine y le dije que sí. Y nada, íbamos andando por la Gran Vía, hablando y tal, y de pronto no estaba.
Be: ¿Cómo que no estaba?
Cleo: No estaba. Se había escondido en un portal.
Be: ¿¡Se había...!?
Cleo: Tal cual. Le pregunté que a qué se debía, y me dijo que es que era guardaespaldas.
Be: ...
Cleo: Y eso, pues que para que no le reconocieran.
Be: ¿Quien?
Cleo: Ni idea. La cosa es que el camino al cine yo iba a ratos acompañada y a ratos sola, mientras él iba escondiéndose en los portales, en los quioscos, detrás de las farolas, los buzones...
Be: Madre mía.
Cleo: Llegamos al cine, nos sentamos, y me dice que si quiero palomitas. Le digo que sí, y en lugar de salir como las personas saltó por encima de las butacas en plan Tom Cruise. Como cuando Sawyer sale del agua en el anuncio de Davidoff. Y la gente mirándome en plan "¿Pero con qué clase de neonazi sales?".
Be: Me suena la sensación.
Cleo: El caso es que vuelve con dos cubos de palomitas y UN vaso de coca-cola.
Be: ¿Uno sólo? ¿Y eso?
Cleo: Misterio. Pero era para él. En fin, que se vuelve a sentar y saca un blíster.
Be: ¿Un blíster?
Cleo: De pastillas. Y me lo da. Y yo: "¿Y esto?" Y me dice: "Es que soy epiléptico, y si me da un ataque me tienes que poner una pastilla debajo de la lengua".
Be: Me muero.
Cleo: ¿Tú te mueres? A partir de ese momento, ni palomitas ni p*llas. No sabes qué mal lo pasé.
Be: No puede ser...
Cleo: Be, ¿tú sabes qué película me dio? No sé ni qué peli era. Ni la vi. Yo le miraba de reojo, acojonada, mientras tenía el dedo en el blíster en plan a punto de sacar la pastilla.
Be: ¿Y al final?
Cleo: Al final nada. Cuando salimos del cine me preguntó si me podía volver a llamar y le dije que no.
Be: Claro...
Cleo: Menuda cita fue, Be. Pasé miedo todo el rato. Primero en plan que nos iban a atacar 200 terroristas chiítas, y luego con el momento "Urgencias".
Be: Cleo... ¿tienes un boli?
Cleo: Con esto me vuelvo a quedar a dormir, ¿no?
Be: Si te parece bien.
Cleo: Pues tengo más.

martes, junio 23, 2009

Los chungos de nuestra vida: el chunguito poeta (desenlace)

Retomamos donde lo dejamos ayer: un año y medio de trabajo de pico y pala del Chunguito Poeta y una Misia medio agilipollá que se lo empieza a plantear. Este post va dedicado a Elvisina y Lolaina, que estuvieron en primera fila observando toda la historia... sin poder parar de reir.

Os puedo parecer un poco loca (de hecho algún cable se me debió cruzar) pero sopesé la situación y en una decisión totalmente racional decidí darle una oportunidad e intentarlo con él. Fue la primera vez - y última - que un tío me ha tenido que "convencer" para salir con él. Siempre he tenido claro quién me gustaba y quién no y he actuado en consecuencia: si me gustaba era sí, si no me gustaba era no. Esta fue la primera vez que un tío que no me gustaba en un principio me convenció para estar con él con sus argumentos e incluso empecé a encontrarle su punto. Y eso tiene su mérito. Si se hubiera dedicado a ser comercial, en vez de economista, realmente hubiera hecho una fortuna.

Los más alucinados por el comienzo de mi relación con el drama king supremo eran SUS amigos. Todos sacudían la cabeza y nos miraban ojipláticos. Uno de ellos me cogió por banda a solas y empezó a interrogarme: "no lo entiendo, primero Raquel Alberta, que es guapísima, y ahora tú... ¿me quieres explicar qué le veis? porque mira que es feo, perdona que te lo diga... es que no lo entiendo, no lo entiendo". Yo me reía, y decía eso de "bueno, tiene muchas cosas buenas...".

Cuando un tío me gusta, aunque no sea nada guapo, yo siempre le empiezo a ver atractivo y me puede llegar a parecer la persona más frinkable del mundo. Pero con mi chunguito poeta... no había nada que hacer, no había por donde cogerlo: era muy feo y punto. Pero como le tenía cariño, yo le veía feo, claro, era inevitable, pero no me importaba. Era MI feo.

Estuvimos juntos un fin de semana. Me decía que hasta conocerme no se había encontrado a una mujer a la que imaginara como madre de sus hijos, ¡ni siquiera a Raquel Alberta!

Un segundo fin de semana. A esas alturas me decía que me imaginaba entrando vestida de novia en la catedral de ________ (rellenar con una de las ciudades más feas de Castilla la Mancha). Y yo agobiá, porque le imaginaba vestido de bodorrio, con su vena palpitando y, claro, llorando a moco tendido mientras recitaba un cursi poema de los suyos.

Unos días después, como era verano, yo me fui un mes a Palma. Mientras tanto hablábamos por teléfono y nos mandábamos mails, como siempre. Yo no lo vi venir mucho, pero un peligro nos acechaba. Un oscuro pasajero iba en su interior y no iba a dejar que estuviéramos tranquilos. Un oscuro pasajero que era...

... ¡El ansia de drama!

El drama es una droga muy potente, hay gente que es adicta a los momentos intensos y los provoca o se los inventa para tener sus dosis. Eso hizo mi chunguito. Las ansias de drama del chunguito poeta empezaron a desbocarse, y el primer síntoma fue el día de su cumpleaños, cuando le llamé por la noche para felicitarle por la noche:

- ¡Hoooolaaa, Chunguito poetaaaa, de nuevo felicidades!

- ...

- ¿Chunguito Poeta, estás ahí?

- Uh, uh.... BUAAAAAHHHHHH - mi chunguito Poeta lloraba desconsoladamente al otro lado de la línea.

- ¿Qué te pasa, chunguito poeta? es tu cumpleaños, debería ser un día feliz...

- Es que, es que... BUAAAAAAAHHHH, ¡Raquel Alberta no me ha llamado para mi cumpleaños! buaaaaaaah.

Ostras. Llamas a tu chico para felicitarle en su cumpleaños y te solloza sin parar porque su ex no le ha llamado. Si pensáis que le mandé al carajo en ese momentos, es que no sabéis qué tonta he podido llegar a ser en determinados momentos de mi vida. Puse mi chip amiga on y le consolé durante una larga hora al teléfono, porque ¡oh, pobre! su ex- novia no le había llamado.

Unos días después, él aterrizó en Palma. Se había cogido un billete, cuando aún éramos simplemente amigos, para venir a pasar una semana a mi casa a finales de agosto. La relación había cambiado pero el billete no se podía devolver, así que vino a CasaPadres en Palma. Yo no quería decir que era mi novio-cosa porque era demasiado pronto, así que delante de mi familia seguimos como amigos.

Al día y medio de estar mi chunguito poeta en casa, mi padre me dijo cuando estábamos solos:

- Nena, no estaba segura de si este tipo era tu novio o no antes de venir. Pero ahora me he quedado más tranquilo porque sé que no lo es: ¡tú nunca tendrías tan mal gusto! Qué feo es, cojones.

Fue una de esas situaciones en la que estás entre la carcajada y el acojone.

La semana pasó bien, fue agradable y tranquila, aunque veía que él hacía todo lo posible para buscar drama, confrontación y situaciones sentimentalmente intensas. Y yo, que ya estaba harta de problemáticos e intensos, capeaba elegantemente sus ansias dramáticas. Eso desencadenó el final. Porque volvimos a la Península, sin ningún tipo de discusión o problema, y al fin de semana siguiente, "El hombre más feo del mundo" (como pasó a ser conocido por todas mis amistades) me dejó.

- Te quiero mucho, Misia. Eres maravillosa, me tratas genial... pero me he dado cuenta de que no estoy enamorado de ti.

Y desapareció. Dejó de escribirme, de llamarme, de responder mis mails... Desapareció.

No se puede decir que yo estuviera muy dolida por el fin de la relación, pero mi orgullo acabó pisoteado por los suelos, ¡no todos los días la deja a una el hombre más feo del mundo! Y llegado este punto quiero hacer unas puntualizaciones sobre porqué este chunguito poeta es un chungo:

Razón que NO convierte al chunguito poeta en chungo:

- Que me dejara por no estar enamorado de mí. Esas cosas pasan y son absolutamente comprensibles.

Razones que SÍ convierten al chunguito poeta en chungo:

- Su comportamiento antes de liarnos: Odio que la gente que hable a la ligera. Si yo me hubiera enamorado de él, sí que hubiera sido un drama de verdad para mí. Por no hablar de todos numeritos, lloros y los reproches por mala mujer, fría y dura que me tuve que tragar, mientras yo tenía que ir con mimo exquisito para no herir sus sentimientos.

- Su comportamiento después de dejarme: desapareció. De la tan cacareada amistad, tan imprescindible para él, no quedó nada. Simplemente, desapareció. Eso fue lo que más me dolió de toda esta historia.

Con el tiempo comprendí que por su parte eso no había sido amistad, sólo una búsqueda de emociones fuertes y de una idea del amor inexistente. Los "no" le estimulaban y eran un reto, los "sí" acababan aburriéndole. Hubo un tiempo en el que me sentí como un ñu al que han cazado, han cortado la cabeza, se la han disecado y la han colgado en una pared con otros animalicos. Aunque, sinceramente, no creo que mereciera la pena tanto esfuerzo por su parte (¡un año y medio!) para echar un par de polvos y pasar una semana en Palma de Mallorca.

Siempre hay que sacar el lado positivo de esta historia, y ésta también los tuvo:

- Aprendí que nunca hay que creer eso de "eres especial". Pamplinas. Al ver su comportamiento con otras chicas (si no te tengo te persigo, si te tengo te desprecio y te dejo) debí darme cuenta de que conmigo iba a ser exactamente igual, que yo no era en absoluto especial, por mucho que él dijera lo contrario.

-Pude escribir este post de lovers inspirada, en buena parte aunque no en exclusiva, en él.

- Todo lo que había hecho para salir conmigo había sido tan ridículo que fue fuente de risas para todo el grupo de amigos... aún hoy.

- Mis amigas tuvieron una nueva percepción sobre mí: "jo, tía, Misia, qué profunda eres. Porque hace falta ser muy profunda y nada superficial para salir con un tío tan feo como ese".

- Por último, después de estar con el hombre más feo del mundo...

¡SÓLO QUEDA MEJORAR!

lunes, junio 22, 2009

Los chungos de nuestra vida: el chunguito poeta

La sección de los chungos de nuestra vida fue creada hace... puf, la tira. Un montón de lectores han colaborado con nosotras escribiendo sobre su chungo, Be se ha hecho dos... ¡y yo todavía no había escrito nada! Pues he decidido lanzarme a la piscina con la historia de uno de mis chunguitos.

Mi chunguito poeta. Mi lover-chungo. El supremo drama king.

Conocí a mi chungo por internet. Saludé a mi amigo M. por el messenger y me contestó mi futuro chungo: "M. está en la ducha, yo soy su amigo, el chunguito poeta". Hablé con él sólo un par de minutos, pero me temo que fueron demasiados: el chunguito poeta ya había cogido mi dirección de mail y al día siguiente me incluyó en un correo que mandaba a todos sus amigos (y a mí) con una poesía que le había compuesto a su ex-novia.

En ese momento cometí mi primer y gran error: tomarme en serio a la versión humana de la ardilla dramática. Me dio penita y le mandé un mail diciéndole que la poesía era muy bonita (mentí) pero muy triste y que si necesitaba algo... me respondió. Le respondí. Volvió a responderme. Empezamos a escribirnos correos diarios y de longitudes indecentes. Por decirlo clarito y rápido, éramos un par de plastas.

Los dos estábamos en un momento complicado: yo estaba en plena relación con mi chunguito chileno y a él le había dejado Raquel Alberta, ex-novia por la que suspiraba . Su relación había sido curiosa: mientras estaba con ella había estado aburrido y hastiado de ella, le irritaba... hasta que ella le dejó. Entonces se convirtió en el desesperado y perdido amor de su vida.

En fin. Nos hicimos amigos contándonos la vida (y las penas,) vía mail. Unos meses después yo había dejado y superado lo del chunguito chileno y estaba en mi etapa tío-ni-te-acerques-porque-paso-de-los-hombres-y-es-posible-que-te-muerda-un-ojo y él seguía amando dramáticamente a Raquel Alberta, a la que acosaba vía teléfono, seguía escribiendo terribles poesías y acusaba de ser la más terrible y despiadada de las mujeres.

Un fin de semana decidimos conocernos (vivíamos en ciudades diferentes y nuestro contacto había sido siempre vía internet y teléfono). Elvisina, que le conocía, me advirtió:

- Misia, el chunguito poeta es muy feo.

- Ah, bueno, no pasa nada.

- No, no has entendido. Es muy feo, muy, muy feo. Conozco personas que dicen que es el hombre más feo que han visto en su vida, y yo estoy más o menos de acuerdo. Es feísimo.

- Bueno, es simplemente mi amigo, no lo quiero para frinkar.

- Ya, pero yo te advierto. Es majo pero feo a morir.

Le conocí y, efectivamente, era muy feo. Nada en su cara era mínimamente bonito: ojos feos, nariz fea, dientes feos, labios feos, orejas feas. Incluso tenía en la frente la vena más grande que he visto nunca y que cuando se ponía nervioso tomaba vida propia y latía descontrolada. Pero qué más daba, si era mi amigo (o eso creía yo).

A partir de ahí se complicó la cosa, porque horas después de conocernos a él se le cruzó un cable y entre balbuceos me confesó que le había gustado. A mí aquello me pilló totalmente desprevenida, porque después de llorar unas horas antes por Raquel Alberta afirmando que era la mujer de su vida, yo no me esperaba semejante bandazo. Evidentemente yo le contesté un cortés y claro "amigos; gracias".

Tarde. Mi chunguito poeta estaba decidido y comenzó con su estrategia de acoso y derribo. Como gran drama king que era, mi chunguito basó su estrategia en dos aspectos:

Primero) Gestos grandilocuentes: hacía cosas "románticas" en plan dramático e intenso. Me llamaba borracho a las tantas para cantarme canciones de Calamaro y para decirme todo lo que me quería. En su móvil, ante la risa de todos sus amigos y mi estupefacción, yo aparecía como Misia qmqt, por esta canción de Shakira. Se paraba en mitad de una maratón para llamarme y decirme que se había acordado de mí al pasar por una calle con nombre de poetisa que a mí me encantaba. Preguntaba machaconamente a nuestros amigos comunes si tenía posibilidades conmigo, pedía consejos y les aburría una y otra vez contándoles mis virtudes. Me escribía poesías. Me mandaba mensajes de amor todas las mañanas a las ocho. Cada vez que un meodepie, aunque fuera amigo suyo, se me acercaba se ponía en plan atracción fatal y lo mismo salía corriendo cabreado como hacía lanzamiento de cubata por la ventana (lanzamiento de cubata por la ventana deporte olímpico YA). Lo grande eran los numeritos que montaba para intentar dormir conmigo ("te juro que sólo quiero dormir a tu lado, sólo dormir"). En una ocasión estuvo treinta minutos al otro lado de la puerta de mi habitación aporreándola y llorando al otro lado para que le dejara dormir conmigo. Nunca tuve claro si era un romántico perdido o un listo.

Segundo) Acabo de mencionar el segundo punto de su estrategia: llorar. Lloraba. Lloraba mucho y por todas las vías posibles. Me lloró por messenger, en directo, por teléfono, por mail, por sms... y no es que yo tenga nada en contra de la gente que llora, pero es que aquello era un exceso, se mirara por donde se mirara: ¡Seguro que cada vez que lloraba tenía que reponer líquidos y rehidratarse! al fin y al cabo, era un deportista de élite de la lágrima.

Yo le quería un montón, éramos amigos (o eso creía yo) y cuando no me lloraba o me acosaba era un tío muy agradable, divertido e inteligente. Ahí estaba la disyuntiva que siempre está cuando un amigo/a quiere cambiar de categoría y pasarse a la liga de los novios/as. Ningún papel en esa obra es fácil si hay una negativa por medio. Yo ofrecí a alejarme, a quedarme, a escucharle o a desaparecer, lo que a él le fuera mejor. Pero él decía que mi amistad era demasiado importante para él, imprescindible en su vida y blablabla.

Así que continuamos siendo amigos. Yo iba con mil ojos y mil cuidados para no hacerle daño, porque era híper sensible y cualquier cosa provocaba ríos de drama. E intentaba relativizar todo un poco, porque como él era mi amigo (o eso creía yo) también me contaba algo de todos sus otros amores.

Porque a mi chunguito poeta le iba la diversificación: un día me quería a mí, otro día añoraba a Raquel Alberta y al siguiente estaba liado con su amiga ingeniera, mientras que tres días después lloraba porque su amiga gaditana se había liado con otro chico. Creo que con todas seguía la misma táctica que conmigo (poesías, lloros, declaraciones de amor inflamado) aunque tampoco me lo dijo súper-claro (pero entre lo que se le escapaba y lo que me contaban más tarde fui atando cabos).

En fin, un año y medio estuvimos así.

Su discurso básico era "te conozco, te quiero, eres maravillosa y te voy a tratar genial. Te haré feliz y siempre te trataré bien". Ocurrió el efecto gota, una gota que cae y cae acaba haciendo mella en el suelo duro contra el que impacta. Después de muchos meses y su trabajo de pico y pala, empecé a pensar que yo era una tonta, que estaba desperdiciando ¡la oportunidad de mi vida! de estar con alguien que me tratara bien y me quisiera, y que prometía hacerme feliz.


Surgió la duda. No sé si razonable, pero la duda: ¿debía dar una oportunidad a la relación entre la ardilla dramática llorona y la drama queen que soy yo? ¿Conseguiría verle guapo o al menos no feo? ¿Debía intentar superar el trauma que me provocaban sus citas de Calamaro y Bumbury? ¿si me ponía flotador, lograría no morir ahogada en sus lagrimones?

Y como esto me está quedando muy largo, dejo la segunda parte de la historia para mañana o pasado.

miércoles, junio 03, 2009

Los Chungos de Nuestra Vida: El Que Nunca Debió Volver a Aparecer


Nueva actualización de la Sección Chungos (ver definición aquí y reglamento aquí). Es tan bizarra que no puedo revelar mis fuentes, así que dejémoslo en que yo estaba con una amiga tranquilamente hablando… y hubo un momento en que no pude resistirlo más, saqué mi minimoleskine rosa y pedí permiso para contar aquí, de la forma más anónima posible, la historia.

A mi amiga la llamaremos Cleopatra. Al chungo, Twin.

Cleo: ¿Te acuerdas de Twin, el chico con el que salía en el colegio?
Be: Claro, ¿qué es de su vida?
C: Bunca te dije que volvimos a liarnos años después, ¿verdad?
B: ¡No! Tía, qué ¡fuerrrrrrrrrrrrrte!
C: Pues sí. Nos encontramos un día por casualidad. Yo estaba parada en un semáforo, alguien me pitó desde un coche y era él.
B: ¡Vaya!
C: Sí. Nos fuimos a tomar un café para recordar viejos tiempos y así empezamos a vernos.
B: ¿Y qué tal?
C: Pues no sé, normal. No sé por qué quedaba con él… no puedo explicarlo. Ya no teníamos nada que ver. Pero quedábamos. Era como si tuviéramos algo pendiente.
B: Ajá… ¿Te lo frinkaste?
C: Qué lista. Sí. Un día fuimos a su casa, y no estaban sus padres, y… sí.
B: Y lo tachaste de la lista de cosas pendientes.
C: No fue nada digno de mención, lo fuerte vino después.
B: ¿Lo fuerte?
C: Sí. Cuando terminamos Twin fue al baño, y al rato fui yo… y me encontré con que me había preparado una especie de bacinilla sujeta a la taza del váter…
B: Perdona, ¿cómo dices?
C: Sí, cómo lo oyes. Era como una bacinilla, un barreño, adaptada al inodoro.
B: ¿Pero en qué momento…?
C: Efectivamente, me quedé flipada.
B: Cleo, voy a necesitar un minuto para recuperarme de la impresión.
C: Créeme, Be: si en algún sitio podía haber un artilugio como aquel era allí: esa casa era como súper Torrente.
B: Y el chico se fue al baño y te colocó la bacinilla. Qué servicial.
C: Ésa fue una de las cosas que me pasaron por la mente, sí. Una de las miles.
B: Ya… Dios mío.
C: Sí, esa fue otra de las cosas.
B: ¿Y qué dijiste?
C: Yo lo miré, le miré a él y dije "Uy, qué curioso".
B: Tía, qué autocontrol.
C: Y qué iba a hacer.
B: No sé, preguntarle que de dónde lo había sacado. Porque la movida esa era un chisme hecho a propósito para ser acoplado al asiento del váter ¿o qué?
C: Exacto, tenía como dos ganchitos…
B: Dios mío.
C: Claro, podría haberle preguntado "¿Dónde se consigue uno de estos?"
B: A lo mejor lo había hecho él con sus propias manos. Igual era una antigüedad. Igual era la bacinilla de la familia.
C: A lo mejor. ¿Cuántas generaciones de mujeres de la familia Twin habrán usado la bacinilla?
B: ¿Quién limpiará la bacinilla?
C: Pues no sabes lo peor.
B: Dios mío, ¿hay más?
C: Tenía ganas de hacer pis.
B: Oh.
C: Y cómo haces para quitar la bacinilla de la familia sin tocarla.
B: ¿Y qué hiciste?
C: Irme. En ese momento recordé que tenía una cita ineludible y me fui a mi casa.
B: Me parece totalmente comprensible.
C: A él, aparentemente, no. Durante un tiempo me siguió llamando para quedar y yo siempre le dije que no. Pero luego me enteré de que todo el tiempo había tenido novia.
B: ¡Ajá! Otra usuaria de la bacinilla.
C: Probablemente.
B: Cleo… vamos a brindar.
C: Brindemos.
B: Porque los chungos que salen de nuestras vidas no vuelvan más.

jueves, mayo 14, 2009

Los Chungos de Nuestra Vida: El Ninja

Amigos, commentaristas, lectores silenciosos, habituales, visitantes esporádicos, extraños, compañeros de cama todos: ¿cuántos milenios hace que no posteamos Un Chungo? Pues rebuscando en el baúl de los recuerdos he recordado un incidente que puede venir bien para revivir la sección.

Lo primero es ver si se ajusta al reglamento. En la Introducción definimos a los chungos de nuestra vida como "hombres cuyo recuerdo trae a nuestra mente cinco palabras (PERO-QUÉ-TÍO-MÁS-CHUNGO) y poco más". A eso no se adapta exactamente… a la mente me vienen miles de palabras, algunas de las cuales dan para escribir en un par de posts. En fin, que no me animo a descartarlo del todo.

Lo segundo es consultar el pentálogo:

1: ¡Corrección! No insultos, amenazas ni barbaridades y sí ingenio, ironía y picardía. Síle.
2: Keep it light. Intrascendencia para que nadie lo pase mal. Aplica.
3: Piénsatelo bien (porque el post no se borra salvo casos extremos y lo que esté, escrito queda). Sin problema.
4: Hazlo inocuo: no es cuestión de matar al chungo. La tengo.
5: Sentido del humor. Da mejor rollo y los posts quedan mejor. Lo intentaré.

Cinco de cinco (que sí, que sí, que "lo del culo" -como dice Lorz-). Así que empiezo con el chungo.

El caso es que, por distintos motivos, acabé teniendo una especie de cosa con uno que hacía artes marciales. El chico había practicado Karate, Judo, Taekwondo y Full Contact, así que se encontraba en la fase arte-marcial-rara-cuyo-nombre-no-sé-decir. Sí, amigos, yo tuve una especie de cosa con un raro.

Cuando me decía que se iba al gimnasio a hacer la cosa esa yo me lo imaginaba en un tatami con cuatro poligoneros y tres señores del país del Este. Pues no. Resulta que en su grupo había dos médicos, un arquitecto, un economista, tres ingenieros y un periodista. Quién lo hubiera dicho.

Lo que sí decía, para mis adentros, era: "Qué guay, qué guay, puede matar un hombre con las manos desnudas". Si es que las endorfinas son una droga peligrosísima, alguien debería comercializarlas o algo.

En fin, que una noche se tenía que ir. El final del verano llegó y tú partirás y todas esas cosas, y era de noche, y muy tarde, y el chico se tenía que ir. Y se había puesto la alarma del móvil, cuya musiquita era Indiana Jones. Recordemos:



Que sí, que muy épica y muy chupi y muy tal, pero a la novena vez que suena la puñetera musiquita en un momento delicado –porque, en lugar de apagar la alarma, mi raro le daba a "volver a sonar en diez minutos" y claro, la canción vuelve a sonar en diez minutos– a una se le agota la paciencia. Y decide tirar el móvil del raro con el que tiene una especie de cosa a la papelera, encestando tras rebotar en la pared si es posible.

Así que eso intenté. Pero claro, no había caído en que el chico era Ninja. Qué estrés. Inmovilizada por una llave terrible para que no alcanzara el maldito teléfono, intentaba llegar a la mano del móvil con el pie izquierdo y mandarlo a su destino final de una patada. Mientras, el Ninja (aka "mi raro") mantenía el teléfono lejos con una mano mientras se defendía de mis movimientos con la otra… y el resto de su cuerpo.

Él diría que no practicaba conmigo movimientos raros ni mortales, sino que se defendía (como podía) de los ataques predadores de una fiera, pero no le hagamos caso. Su cuerpo es un arma mortal y yo me muevo por telekinesis, ¿a quién vamos a creer?

En poco tiempo y tras unos cuantos revolcones casi conseguí darle la vuelta a la situación, pero el Ninja debió de recordar algún consejo de su señor Miyagi y retomó el control con un simple balanceo de caderas… Allí, con los pies y manos inmovilizados, intenté liberarme a base de mordiscos, pero el Ninja dio un giro de 45º a la inclinación de mi brazo y no me desnuqué al caer de la cama porque el Ninja no quiso.

Y encima los mordiscos le gustaban pero que mucho, así que a pesar de que le dejé el cuerpo marcado como si le hubiera despedazado una manada de hienas no hubo quejas, y sí otras cuantas entregas de alarma del móvil porque la despedida siguió aún un rato.

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Hum. Recapitulando, los dos amanecimos con el cuerpo lleno de moratones, pero él terminó marcado de mordiscos, y yo no.

Me pregunto si este post no entraría mejor en la categoría de "Yo, Chunga".

miércoles, mayo 07, 2008

Los Chungos de Nuestra Vida: El Famoso


Nuevo chungo, del que ya vimos un avance en los comments del post de Noa del lunes, por cortesía de Géminis Despechada. Les dejo con El Chungo Famoso (técnicamente el segundo chungo famoso, recuerden que ya tuvimos uno, aunque éste es el que se queda con el nombre). Ah, volveré al final con una nota aclaratoria.

Hace unos años conocí a un famoso. Él era – es – 14 años mayor que yo. Muy culto y super guay. Yo tenía 25 años y vivía en una ciudad diminuta. Me hizo sentir super especial. Y, claro, me enamoré de él.

Nos conocimos de casualidad, y eso que yo no creo en las casualidades. Yo le acompañaba como secretaria de una asociación a un acto al que había sido invitado. Al conocerle me pareció estrafalario y no muy interesante. Después fuimos a tomar una caña y una camarera, sin reconocerle, nos pidió que le acercáramos un montón de botellas y vasos vacíos de una mesa. Él fue llevando todos en varios viajes y la chica le dio una bolsa de patatas con una sonrisa como premio, todavía sin reconocerle. Yo le pregunté:

- "¿No te dan ganas ahora de decirle quién eres?"
- "¿Para qué?" – contestó – "Si ya me ha dado patatas…".

Creo que fue entonces cuando me enamoré de él.

Estuvimos hablando toda la noche y terminamos besándonos en la barra de un bar, delante de un montón de gente. Pasé la noche en la habitación de hotel que yo le había reservado, y al día siguiente me fugué con él a la Capital, aunque sólo por tres maravillosos días en los que no nos soltamos de la mano en casi ningún momento, desayunamos en la terraza de su ático delante del Retiro, salí en un famoso programa de televisión con él, y conocí a todos sus interesantísimos y famosos amigos.

Después de eso, volver a la diminuta ciudad fue imposible. Me decían de todo por la calle. Pasé el verano medio siguiéndole en su gira y después unos días en su ciudad natal. Justo después me mudé a vivir aquí a Madrid donde sigo…

… y me dejó por Lucía Etxebarría.
Y luego os preguntaréis por qué estoy despechada...

Vuelvo a ser yo (Be). Debido al espíritu plural y conciliador de QaD, y al hecho de que todas sus posteadoras sienten deseos más o menos frecuentes de golpear gente con armas contundentes pero raras veces se ponen de acuerdo en a quién... queremos explicar la postura común alcanzada por estas cuatro blogueras al respecto de Lucía Etxebarría.

A Noa le parece un horror, a Misia le moló "Beatriz y los cuerpos celestes", a Be no le gustó ése pero sí alguno de los otros -en concreto "Amor, curiosidad, prozac y dudas" y "De todo lo visible y lo invisible"-, y LaPerri pasa bastante. Pero las cuatro estamos de acuerdo en que, si un novio nos dejara por la Etxebarría, le declararíamos odio eterno a ella y a sus libros, y potaríamos en la cara de ambos siempre que fuera necesario (porque no olvidemos que EL CHUNGO ES ÉL).

Una última cosa. Sabemos que Interviú sacó hace tiempo unas fotos de la señorita Etxebarría en la playa con las lolas al aire. Para ser coherentes con nuestra campaña anti Tío Anselmo (ver
parte uno y parte dos), hemos decidido no admitir enlaces a las susodichas en los comments. No queremos coartar la libertad de nadie, pero los interesados que no sean vagos y se hagan un gugel como las personas.

jueves, abril 17, 2008

Los Chungos de Nuestra Vida: La Cordobesa

Tras una temporada con la sección abandonada, retomamos Los Chungos de Nuestra Vida porque a) parece que ninguna de mis co-bloggers se anima a postear, y b) tenemos al señor Trelawney esperando desde hace... no me quiero ni acordar. Les dejo con la Chunga Cordobesa, que la disfruten.

Érase que se era un ingenuo e idealista muchacho (o sea yo) que sólo había conocido el amor en leyendas urbanas, películas de Hugh Grant y en el verano del amor (1999) con una dulce italiana que se coló por el penúltimo día de campamento.

El caso es que tras varios años de adolescencia célibe, llegó la adultez (aún célibe), y tras la adultez llegó la universidad y en la universidad llegó Internet a casa. Nuestro protagonista (sí, yo) dedicaba largas horas a buscar ciberconcubinas que le hicieran pasar un rato de charla agradable mientras sus padres prometían tirar el ordenador por la ventana si no se despegaba de él.

Hacía un año que nos habíamos mudado de casa y teníamos vecinos nuevos. Como el bloque era nuevo, éramos las dos únicas familias que ocupábamos la finca. Así que pasábamos largas horas juntos. Un día mi vecino me dijo:

- ¿Te importa conectarte, agregas al messenger a mi sobrina y que te explique cómo se pone una web cam?

A lo que yo dije:

- No, claro que no.

Tras no poder conseguir enchufar la webcam, y con la muchacha agregada, pasaron las semanas. Y ella y yo fuimos ciberconociéndonos y parece ser que cibergustándonos y cibertonteando. Bromeábamos medio en serio con la posibilidad de que viniera a ver a sus tíos y de paso verme a mí. Nos mandamos incluso algún sms.

En Semana Santa allí estaba. En casa de sus tíos. Quedamos en ir al cine y de camino el tonteo iba en aumento. Hasta que en un momento dado de la película... TACHÁN: BESO EN LOS MORROS! (yo noté como el público nos hacía la ola). Después nos emocionamos y el público ni ola ni leches. Nos mandaban directamente al primer hotel barato que encontráramos.

Pasaron dos días en los que nos dio tiempo a magrearnos más, y a que la conocieran mis amigos (hubo un cumpleaños y la llevé). Y dio tiempo también a la posibilidad de dejar de ser célibes los dos.

Al 4º día lo hicimos, y repetimos. Y yo llamé a mi amigo del alma (solo a él, lo juro): ''¡¡TIO ADIVINA QUE ACABO DE PERDER!!''

Bien, al 8º día se marchó a su casa. Yo tenía un viaje a Pirineos y ella debía volver. Nos separamos con mucho dolor, prometiéndonos amor verdadero y seguir juntos hasta que nos volviéramos a ver, que decidiríamos.

Guay.

Al día siguiente sms suyo: 'Tu chunga te quiere y no te olvida'

Jo, que guay. No llego a los 20 y ya he encontrado el amor verdadero.

A todo esto he de añadir que a mi madre la chica no le había gustado. Tuvimos ciertas broncas, yo decía que estaba celosa (como en las pelis) y ella que esa muchacha no era de fiar. Tonterias.

Pasó el tiempo y al mes llegó la posibilidad de visitarla yo, cosa que hice tras insinuarle de repetir la maravillosa experiencia amorosa (y no solo el sexo malpensados) de la vez anterior a lo que recibí un sospechoso: ya veremos.

Llego a su ciudad después de dos trenes y 8 horas de viaje. Me presenta a toooda su familia. Que aunque no dije nada noté como se reían por las esquinas cuando me miraban. Sospechoso, sospechoso. Después de un fin de semana sin respuesta a mis insinuaciones nos fuimos a su piso de estudiantes (que era un verdadero cuchitril) en la ciudad (ella era de un pueblo) porque eran fiestas y había que pasarlo bien. Una vez solos me dice que no cree bueno enrollarnos, porque lo pasaríamos mal y no quiere.

- ¿Hay otra persona? -dije, algo deshecho, pero manteniendo el tipo capaz de comprender cualquier razón.

- Claro que no -dijo ella como quien no quiere la cosa.

Conforme pasan los días van llegando los componentes de su panda que se mostraron muy amables conmigo, pese a la bordería creciente de ella. Entre humo denso (y no de tabaco) y 'Worms' yo vi como a ella le cambió su cara borde por una cara sonriente cuando llegó un muchacho alto, muy simpático con gracejo sureño y que ceceaba. Conmigo borde, con él estupendamente. Sí, sospechoso.

Esa tarde nos fuimos todos de botellón (a eso de las 6...) y yo que fui el único que no ingirió ningún tipo de sustancias ilegales (ni por boca ni por nariz) va, y me da un jamacuco, mezcla de:
- Alcohol con el estómago vacío.
- Entender que ella estaba liada con ese muchacho tan gracioso.
- Verla meterse casi de todo, cosa que a mí (llámenme aburrido) no me gusta en mis parejas.

Después le pedí explicaciones. Negativa.
Le pregunté a su mejor amiga. Negativa (a quien se le ocurre también...)
Se las terminé pidiendo al muchacho. Confirmación y monólogo:

'Tio, laz mujerez zon azí, ¿zabes? Yo he tenido bronca con ella porque no te quería decir na, y ezo a mi no me parece bien. Pero tu no te rayeh... que por una tía no hay que rayarze. Venga ánimo.'

(Cabrón...)

Me podía volver a casa con mis amigos y familia, a que me consolaran o quedarme. Pero me quedaban sólo dos días y no tenía ganas de nada. Ni siquiera de largarme. Me sentía el mayor pardillo del mundo (miraba detrás mía por si pillaba a alguien aguantándose la risa) y me sentía bastante engañado por ella. Me gustaba lo valiente que parecía ante la vida y resultó no tener valor ni para decirme: Mira no te vengas, porque llevo enrollada dos semanas con un tío. Ni para admitirlo después de saberlo ni para darme una explicación.

Como me quedaban solo dos días, me dediqué mientras hacía de tripas corazón a no dejarlos solos ni un minuto. Suena a rata callejera, lo sé. Pero ella empezó primero. Después me fui (previamente perdí el tren por su culpa). Y poco más supe de ella.

Al volver a casa dije: 'Mamá tenías razón'. Y mi madre puso cara de madre, pero yo sé que pensó: 'Lo sabía, ja!'.

Dos años después me llamó para que fuéramos amigos.

Sospechoso, sospechoso...

TRELAWNEY.

PD: Le di largas y cada cierta temporada vuelve con que quiere que seamos amigos. Le he cogido cierto gusto a darle largas. Y que conste que yo siempre se lo dejo clarito: 'no quiero ser amigo tuyo, como mucho conocido'. Pero ella vuelve. Aunque parece ser que la última vez le quedó claro. Mejor, la verdad.