MANAZAS

Yo, Be, me he cargado la plantilla milenaria de QaD por torpe y con un solo clic. Me autoflagelo ante mis copropietarias y me comprometo a dejarla lo más parecida posible, si no mejor. ¡Palabra!
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martes, septiembre 22, 2009

Mi Madre Mola Mil: el marrón

(El título del epígrafe no se me ocurrió a mí ni en este blog, pero está usado con permiso del autor intelectual. Barbi, adopto el nombre porque creo que en todo blog de chicas debería haber una sección así!!)

Mi madre, esa mujer que se olvidaba de irnos a buscar al cole, que tiene el sentido de la orientación de una lata de atún, que canta jotas mientras me mete mano, que cocina como los dioses, que siempre lleva las gafas sucias, esa mujer de la que os he hablado alguna vez y que lee mi blog... mola mil.

Os pongo un ejemplo.

Yo no visto de marrón. Porque no me parece bonito. Porque no me sienta bien. Por que no me gusta. No me he comprado ropa marrón en mi vida y la evito como la peste. Pero mi madre tiene otras ideas.

No sé si es su color favorito (lo dudo).

No sé si piensa que el marrón pega muchísimo a las morenas, así en genérico -ella es rubísima-.

No sé si piensa que el marrón me favorece en general.

No sé si es porque considera que el marrón el nuevo negro.

No sé. Pero todos los años me regala ropa marrón.

Todos, todos los años le digo que qué bonito SI NO FUERA POR EL COLOR. Y todos, todos los años me dice que no se puede cambiar.

Ejemplos seleccionados de mi guardarropa (se ve raro porque he sacado las fotos de noche y en mi cuarto que está entero pintado de verde pistacho claro):


Es mona, un poco de zíngara, pero mona. Yo no me hubiera comprado una falda marrón caldero ni yéndome de compras después de dos semanas de botellón.


Parece un trapo, pero es por la luz (y que hoy estoy especialmente torpe con las fotos, en fin). Tiene un escotazo tremendo (y eso casi lo salva). Pero pienso en lo bonito que sería en negro y me pongo a llorar.


Esta casi me gusta, tiene un cuello precioso, además. Pero... ¿por qué no en gris, madre, por qué?

Y este verano va y me dice:

MMMM: Be, te he comprado un vestido precioso. Es de tirantes y tiene vuelo y lunares.
Yo: Que guay, mamá. ¿De qué color?
MMMM: Pues no sé, hija, azul.

No es que la creyera, pero la creí. Y cuando me dio mi vestido nuevo...

Esto NO es azul. ¿Se ve bien? Es MARRÓN.





Era de esperar.





La verdad es que sienta de muerte.

(Venga, Mami, osa decir que algo de lo arriba expuesto no es verdad).

miércoles, mayo 06, 2009

El cuartito

En casa de mi abuelo hay un cuartito adosado a la terraza que sirvió como sala de estudio a mis tíos y mi madre, de cuarto de los juguetes para nosotros los nietos y por último como trastero. Este puente mi madre ha venido a Madrid y estuvimos las dos el domingo haciendo una limpieza en profundidad del cuartito.

Ha aparecido de todo. Algunos de mis antiguos juguetes, dibujos de mi hermano y libros, libros de mi madre y mi tía que después heredé yo: Celia, Óscar, Heidi, Tom Sawyer y demás personajes que poblaron mis veraneos madrileños. Fotos en las que mi abuelo parece una estrella de cine de los años 40, fotos de mi abuela que me han hecho darme cuenta de cuánto nos parecemos, fotos de un bebé precioso con los mismos ojos de mi madre. Recuerdos de comuniones, bodas, bautizos y entierros.

Y postales. En concreto las postales que mis padres enviaron a mis abuelos en la luna de miel: una crónica completa de dónde estuvieron, dónde pernoctaron, qué sitios visitaron y qué tiempo les hizo. Una postal por día de viaje, mandando noticias de su recorrido por León, Asturias y Galicia. Me hizo mucha ilusión encontrarlas en un cajón perdido, después de 32 años de ser escritas y enviadas.

Comprobé con sorpresa que casi todas las postales las escribió mi padre (estos abuelos eran sus suegros). Lo que no me sorprendió fue verlas escritas a pluma, como siempre ha escrito mi padre, con su letra picuda y profesional.

Me resultó enternecedor leer ciertas frases, tan inmediatas que parecían escritas ayer. Por ejemplo, mi padre empezó a darse cuenta en el viaje de la verdadera naturaleza de mi madre: "E. es como una lima: la frase que más veces dice a lo largo del día es "S., tengo hambre, ¿cuándo comemos?" ¡no para de comer!". Unas cuantas postales más tarde, mi padre escribe a sus suegros "E. dice que está engordando porque no paramos de comer... aunque en su caso no es verdad". Sólo pude reírme, porque eso aún hoy sigue siendo una característica de mi madre: come un montón pero sin engordar ni un gramo. Eso es algo que yo NO he heredado. Desgraciadamente. Jo.

Esas postales de la época pre-hijos de mis padres son una de las pocas cosas tangibles que quedan de esa época. Mi tío cuando era adolescente quemó toda la correspondencia de mi madre para que mi tía no la leyera. Tampoco había tanta facilidad para hacer fotos como ahora, así que no hay tantas. Todo lo que habría que contar está en la cabecita de mis padres y no se prodigan demasiado. Y no puedo evitar preguntarme cómo eran.

Cuando volví a casa, abrí mi caja, porque ¿qué quedaría de mí si ahora desapareciera? En la caja están mis fotos, las cartas que me enviaban mis amigas de Palma (¡Quelitas, aparecieron tus cartas!), cartas de pseudo amor (absolutamente vergonzantes), postales, felicitaciones, entradas de teatro, exposiciones y cine y, lo peor de todo, mis diarios.

Mis diarios: ese cúmulo de basura emocional. Lo peor de mí - drama, dudas, enfado, egoísmo, torpeza, desesperación, incomprensión, dolor - volcado en papel. Si alguien sin conocerme leyera esos diarios se llevaría la impresión extrañísima de mí, y no creo que precisamente buena. Lo peor es que yo no podría decir que no fuera fundada o falsa, porque todo aquello lo escribí yo como desahogo de los malos momentos, pero espero que fuera una visión sesgada. Espero ser algo más que toda esa montaña de basura emocional. Así que ahora estoy entre hacer una hoguera con ellos (pero hace demasiado calor en Madrid ya) y guardarlos en lo más profundo de algún cajón perdido y olvidarme de ellos... aunque me da pena, y tienen su función porque me permiten no olvidar cosas que no deben ser olvidadas. Ya veré qué hacer.

Volviendo al domingo por la mañana y al cuartito, fue agradable. Había muchas cosas sin sentido, pero abrías un cajón o apartabas un trasto de una estantería y aparecía algo que te llevaba de un salto a años atrás: un recetario hecho de niña por mi madre, la vieja máquina de escribir de mi abuelo, unas muestras de ganchillo de mi abuela o una red para los garbanzos hecha por ella. Pasamos un día de la madre llenando bolsas de basura, moviendo cacharros, haciendo viajes al contenedor... pero juntas, que es lo importante, y totalmente cubiertas de polvo y nostalgia.

viernes, enero 09, 2009

Quédate a Cenar: Solomillo con costra de mostaza


Por petición popular –vamos, "popular"… porque lo pidió Ana Belén en un comment– aquí tenéis la receta estrella de mi última cena de Nochevieja.

Eso sí, las instrucciones culinarias de mi madre son, cuando menos, vagas. Y no sabéis lo que me ha costado que mi madre me dejara subirla al blog con lo suya que es para las recetas, que son como un secreto de familia que hay que proteger con nuestra vida, así que nadie se queje por los "una pizca de" y "cuando veas que ya está". Lo siento, ella es así.

Yo he añadido mis indicaciones en cursiva, pero vamos, que la receta es facilísima. En serio, si contáis con una carne rica lo difícil es fastidiarlo. Así que animaos a intentarlo y ¡buen provecho!

Receta de la madre de Be del solomillo con costra de mostaza

Qué necesitáis:

-Un solomillo (el tamaño depende, claro, del número de comensales y de lo tragones que sean).
-Mostaza Louit "diáfana" al estragón.
-Naranjas (
la cantidad dependerá del tamaño del solomillo).
-Cebollas (
ídem).
-Un poquito de cava (
o vino blanco, pero si es cava, mejor
).
-Sal.
-Pimienta negra.

Para haceros una idea, en Nochevieja fuimos ocho a cenar, el solomillo pesaba 2 kilos y 600 gramos, y para la costra utilicé tres botes de mostaza de distintos tipos (no encontré la Louit "diáfana" -lo de "diáfana" no tiene pérdida porque pone en la etiqueta; a mí es la mostaza básica que más me gusta-) 3 naranjas, dos cebollas y un vaso -de los de agua- de cava. A pesar de que todos tenemos un buen saque no nos lo pudimos terminar: sobró un poquitín.

Cómo se hace:

-Salpimentar el solomillo y colocar sobre una fuente o bandeja de horno.

-Untar bien de mostaza el solomillo, por arriba y por debajo.

-Poner en un vaso de batidora las naranjas peladas y en trozos, las cebollas también peladas y en trozos y el cava
-sin pasarse, lo justo para que se pueda mezclar bien-.

-Batir hasta que se forme un puré más o menos homogéneo
-no tiene que quedar "líquido", pero sí "triturado"-.

-Cubrir el solomillo con la mezcla de naranja y cebolla, que será lo que forme la costra. Dejar reposar
-¡en frío!- al menos un par de horas, si puede ser desde el día anterior, mejor -así se quedará la pulpa sobre la carne y la bandeja llena de juguito, lo cual es perfecto-.

-Calentar el horno a máxima potencia
-el horno de mi madre es una maravilla industrial de gas y ella pasa de temperaturas, el mío es eléctrico y lo puse a tope. Que no sé qué temperatura es, pero serán unos 270ºC o así-.

-Con el horno bien caliente, meter el solomillo bien cubierto con la mezcla.

-Cuando el puré se vaya convirtiendo en "costra", cuando veáis que tiene color y consistencia
-aquí ya no puedo ayudar más, depende del horno y de lo que vosotros vayáis viendo- bajar el horno a una temperatura más suave -yo lo puse a 125ºC-
.

-Dejar cocinar a esa baja temperatura 20 minutos más, así quedará "sellado" por fuera pero crudito por dentro.

-Y ya está. Se puede cocinar con antelación, porque no tiene por qué comerse caliente.

Pues ya lo tenéis. Nosotros lo acompañamos con cebollitas francesas caramelizadas, puré de manzana y una ensalada de lechugas varias con nueces, granada y queso blanco, pero con patatas asadas también está de muerte.

Ya me contaréis.

martes, octubre 07, 2008

Mamá, ya lo sé


Las madres, esos seres que se empeñan en repetirnos una y otra vez cosas que ya sabemos.

-Hija mía, que tu padre no está tan mal como crees. Que va por días.
-Mamá, si ya lo sé.
-De verdad, y ya nos iremos enfrentando a las cosas según vayan pasando.
-Mamá, ya lo séeeeee.
-Y del resto, bueno, pues tranquilidad.
-Mamá, ya lo sé...
-Cuidado, hija, no cierres puertas que tú eres muy drástica.
-Mamá, ya-lo-sé.
-Si necesitas hablar, me llamas.
-Mamáaaaaa, ya lo sé.
-Es una época mala, con muchas cosas, pero todo se supera.
-Mamá… ya lo séeeeee…
-Llora todo lo que necesites, pero en el trabajo, tú fuerte.
-Ma-má, que-ya-lo-sé.
-Y la mente ágil, que la depresión es un pozo y si te dejas caer luego cuesta muchísimo salir.
-¡Mamá, ya lo sé!
-Y come bien, que te pones a dieta cuando peor te viene.
-Mamá, ya lo sé.
-Al menos cómprate vitaminas, mucha vitamina B, que tienes que estar fuerte.
-Mamá, ya lo séeeeee.
-Y abrígate, que hace frío y no puedes ponerte enferma, que tienes un programa nuevo.
-¡Mamá! ¡Ya lo sé!
-Y si necesitas algo, me llamas.
-Mamá, ya lo sé.
-Te quiero, hija.
-Mamá… ya lo sé. Y yo a ti también.

Las madres, esos seres que se empeñan en repetirnos una y otra vez esas cosas que ya sabemos, pero que nos viene superbien que nos repitan.

miércoles, septiembre 24, 2008

Reordenación vital

Hay épocas en las que los cambios vitales se amontonan. Ésta es, para mí, una de esas épocas.

Hace unos meses todo parecía ordenado: vivía con mi chico, teníamos alquilado un mini piso ikea, laboralmente había cambiado de puesto dentro de mi empresa para mejor. Hasta habíamos adoptado a la gatina para acabar de darle estabilidad al asunto.

Ni siquiera sé bien qué empezó el cambio. Supongo que todo fue una conjunción de factores.

A mi chico se le presentó una buena oportunidad, a partir de octubre... en Barcelona.

Yo estaba harta de mi trabajo. Bueno, no exactamente del trabajo en sí (el trabajo me gustaba y estaba genial con mi jefe y con mi compañera) pero estaba harta del gran-mega-jefazo. La gota que colmó el vaso fue su amenaza de, otra vez, despedirme a finales de julio para volver a contratarme a principios de septiembre. Fue una nueva demostración de que daba igual si trabajaba bien o mejor o que me quedara currando hasta tarde si era necesario. Jamás conseguiría que me hiciera un contrato digno, que me subiera el sueldo o, menos aún, que me respetara.

Y, a principios de julio, un domingo, después de una llamada en la que me ofrecían un trabajo mejor, pero no relacionado con lo mío, se hizo la luz y me di cuenta de que tenía que salir de ahí, que ya era suficiente, y de que no me quería quedar sola en Madrid el siguiente curso y en ese curro cabreante. Y decidí dejar el trabajo, rechazar la oferta laboral, e irme... a Escocia. Porque siempre he querido vivir en el extranjero, pero por una cosa u otra, siempre lo he tenido que ir aplazando. Porque me convenía mejorar mi inglés. Porque me habían dicho que Edimburgo es una ciudad preciosa. Porque sí.

Al día siguiente le dije a mi jefe que dejaba el trabajo.

Dejamos el piso Ikea y nos volvimos a Chonilandia, a mi piso, que se había quedado vacío porque Hermano se ha ido a vivir a Munich.

A todo esto, yo me había presentado a unas oposiciones a finales de junio, sin estudiar nada. Me presenté sencillamente porque mi madre insistía, e insistía... y para que no me diera más la lata fui al examen. Al final contesté a todo, pero estaba tan convencida de que no había sacado buena nota que ni siquiera fui a mirar las calificaciones.

Dos semanas después de anunciar mi marcha a Edimburgo a todo el mundo y de decir definitivamente al gran-mega-jefazo que me iba, me llamaron para decirme que había aprobado las oposiciones. Con muy buena nota, aunque sin plaza. Y que había la posibilidad de que me llamaran a lo largo del curso para trabajar.

Pensé en irme de todas maneras a Edimburgo unos cuantos meses y volver cuando se acercara el momento de empezar a trabajar en la administración... pero no ha dado tiempo.

Me han llamado y estoy trabajando en un instituto. Tengo contrato hasta dentro de un año y por primera vez en mi vida voy a conocer cuatro palabras mágicas: vacaciones pagadas y pagas extra.

En fin, que todo ha cambiado: mi trabajo, mi casa, mi chico se marcha temporalmente... Toda una reordenación vital. Para mejor, sin duda (bueno, lo de mi chico... este... sí, conoceré mejor Barcelona. Algo bueno tiene que tener).

Moraleja: haced caso a vuestras madres, amiguitos.

lunes, julio 07, 2008

Dulce despertar


A mi padre le costó casi 20 años adaptarse a la costumbre de mi madre de continuar conversaciones nada más despertarse. En realidad no se trata ni de conversaciones. Y tampoco es algo que pase exclusivamente por las mañanas. Simplemente, mi madre abre los ojos a la hora que sea y suelta lo que sea que se le esté pasando por la cabeza.

-Pues yo creo que no teníamos que haber hecho eso. ¿A ti qué te parece?

Y mi padre a contestar. O:

-500 euros me parece razonable, ¿no crees?

Pues a mi padre no sé, pero a mí a las 6 de la mañana pocas cosas me lo parecen. O:

-Estaba rarísima y no sé por qué. ¿Tú crees que se ha hecho algo?

Sorprendentemente mi padre suele saber de quién habla y a qué se refiere (es que son casi 32 años de amor y despertares).

Pues ahora resulta que la cosa es hereditaria. Mi versión: out of the blue pero a una hora más razonable (las 11:30 de la mañana), abro los ojos y…

-A mí Silk Satin me mola mil, pero creo que Spirit no debería besarla mientras tenga otra novia. ¿Tú crees que en el fondo es un chungo?

Y espero una respuesta coherente, por supuesto.

(Sí, éste es un post de "Oh, Dios Mío, Soy Como Mi Madre!!!")
(También es un post de "¡The Spirit mola! ¡Vivan los chicos con antifaz!")

jueves, julio 03, 2008

Simone


En mi casa siempre ha habido un libro de cocina: las 1080 recetas de cocina de Simone Ortega.


Mi madre, que cocina genial, es fan de este libro. Siempre lo recuerdo en su cocina. Su ejemplar era muy viejito, tenía las páginas amarillas y un montón de papelitos sueltos con recetas escritas a mano entre ellas.

Hace ya un montón de años, una conocida vino a llorar a casa porque su hija (a la que no hacía ni caso porque se pasaba el día en el bingo) estaba anémica. Le preguntó a mi madre cómo estábamos nosotros tan sanos y qué clase de comida comíamos en casa (era la época pre-Arguiñano). Mi madre le recomendó el libro de Simone Ortega, pero mi padre fue más allá: fue hasta la cocina, lo cogió y se lo prestó a la señora. Aún recuerdo la mirada con la que mi madre fulminó a mi padre, que intentó consolarla después comprándole ese mismo día otro ejemplar igual. Pero creo que no entendió que era SU libro de Simone, con un montón de años y sus páginas amarillas y que le tenía mucho cariño. Y no le faltó razón a mi madre, tardamos años en volver a ver a esa señora y no le devolvió el libro. Pero bueno, después de tanto tiempo el libro de Simone de mi madre ya vuelve a tener las páginas amarillas y a estar tan rodado como el anterior.

Cuando yo me fui a vivir sola, lo primero que me compró mi madre fue el libro de las 1080 recetas de Simone Ortega. Y desde entonces está conmigo, y de ahí he sacado las recetas de mousse de chocolate, de arroz con leche o de vichysoisse, entre otras. No son recetas sofisticadas o con grandes florituras, pero muy ricas.


Hoy he leído en el periódico que Simone Ortega se ha muerto a los 89 años. Me quedo con sus recetas y con lo que dijo para agradecer un premio que le dieron hace un par de años:

"Habéis hecho feliz a una vieja dama que siempre ha necesitado amistad, amor... y chocolate".

lunes, junio 30, 2008

Mi madre, el sherpa


Mi madre, esa mujer de la que he heredado –entre otras cosas– el llevar las gafas sucias, esa mujer que nunca hubiera venido a verme jugar al baseball, esa mujer que me lee, tiene un sentido de la orientación legendario. De malo.

Ejemplo 1: Un septiembre que dejamos a mi padre trabajando en Madrid y nos fuimos mi madre, mis hermanas y yo una semana a la playa las cuatro solas. Pues en siete días no se aprendió el camino de vuelta de la playa al hotel. Todas las tardes terminábamos en la misma calle sin salida. Todas las tardes durante una semana. No me preguntéis por qué a la ida no teníamos problemas. Sólo sé que menos mal que, A) a las chicas no nos da vergüenza pedir indicaciones, y B) nosotras -que teníamos de 6, 9 y 12 años- nos orientábamos mejor. Al final acabábamos llegando, aunque más por chiripa que por otra cosa.

Ejemplo 2: Cuando nos mudamos hace mil años le costó aprenderse cómo se iba a casa… Los primeros cuatro o cinco días teníamos que pararnos y preguntar el camino a la gente. Que sí, que ya he dicho que no nos importa nada preguntar, pero es que preguntar cómo se va a tu casa cuando ya llevas cuatro días viviendo allí es hasta ridículo.

Ejemplo 3: Cuando estamos en CasaPadres y por cualquier cosa quiere señalar hacia la panadería, o hacia la estación de tren de Cercanías, o hacia el Carrefour… siempre, invariablemente, se equivoca. Nunca acierta, jamás, ni de casualidad. La llamamos Sherpa Tensing.

Así que cuando el otro día paseando al perro nos metió por un campo que no me sonaba nada, me temí lo peor. Pero íbamos tan felices por entre las encinas, la jara y las gramíneas de metro y medio de alto, que me descuidé. Y me pilló por sorpresa cuando empezó:

-Uy.
-Uy, ¿qué?
-¿Me he pasado la salida?
-¿Eh?
-Nada, no te preocupes, pero creo que por aquí ya hemos pasado.
-Mamá, no me digas eso…
-No sé, creo que estamos andando demasiado.
-Mamá…
-No, no pasa nada, vamos bien.
-¿Cómo lo sabes?
-Tú sigue a Gol.

Gol, pastor alemán, cinco años y medio, color negro y fuego, treintaitantos kilos de peso. El héroe que nos sacó de ahí.

miércoles, enero 30, 2008

Mi madre me lee

Mi novio dice que mi madre reacciona ante mis cosas como la madre de Lorelai ante las cosas de Lorelai. Y tiene bastante razón. Y encima yo también reacciono ante las cosas de mi madre, como Lorelai ante las de la suya.

El otro día mi madre me despertó prontísimo con una llamada telefónica y me dijo que había leído mi blog. Éste, vaya. Me desperté de golpe, y eso que me había acostado a las mil y me moría de sueño. La impresión.

Ella me dijo que le había "encantado" lo que había escrito de mi jefa y Modigliani, pero a mí me vino a la mente el post anterior, ése en el que me autoincriminaba como organizadora de una reunión de Tuppersex, evento altamente censurable -más que probablemente, la opinión de mi madre-, y al que -para más inri- arrastré a sus dos hijas pequeñas.

Me vino a la mente que tengo un pato, que mi madre podía enterarse de lo que es un lover y lo que es un fucker y de las cosas que hace su hija en los ascensores.

Me vino a la mente el post en el que contaba como ella y sus hermanas me metieron mano en una cena famliar.

Me vinieron a la mente las leyendas urbanas masculinas.

Me vino a la mente el post del tío Jeffrey, últimamente de actualidad en mi familia, por lo que se ve.

Y me vino a la mente el post de que odio a Anne Hathaway, aunque ese me dio más igual, la verdad.

En fin, que el post de hoy va dedicado a facilitar a mi madre el trabajo de encontrar los artículos más embarazosos: Mamá, sólo tienes que pinchar en los enlaces de arriba (no sé si al resto de lectores se les ocurre alguno otro digno de mención).

Es más, esto de debajo es la grabación (en dos partes) del programa de Radio3 en el que participamos Perri, Misia y yo, para completar información.

Aprovecho, mamá, para informarte de que se nos ha vuelto a estropear la calefacción. ¡Envíame a los operarios, porfa!

lunes, enero 21, 2008

Regalitos navideños

Ya sé que las Navidades quedan ya un poco lejos (no como el michelín post-polvorones que se me ha instalado aquí, sobre el reborde de los pantalones) pero tenía que contarlo.
¿Recordáis el meme navideño? Una de las preguntas era qué regalo nos gustaría menos. Yo contesté:

Misia: Un calendario de sobremesa de Mafalda. Que Mafalda me encanta, pero es que que me lo regalen por cuarto año seguido...
Pues bien:

Aquí lo tengo, por obra y gracia de mi madre. Y a poco no me regalan uno, sino tres:
Madre: ay, hija, me fui al Tajo anglés y te lo compré... como sé que te gusta...
Hermano: sí, menos mal que llamé a mamá porque en ese momento estaba en el fnuck con idea de buscártelo.
Novio: (por lo bajini) admito que tenía pensado comprártelo... hasta que leí el blog...
Jiji. Pero no me quejo, que el Rey Majo también me ha traído, aparte de algunos de los libros de la lista, esto:


Qué felicidad.

martes, diciembre 11, 2007

Un ExpoFriki familiar

Hace dos fines de semana se celebró en Madrid un gran evento, el ExpoFriki, y la BeFamily participó en pleno: Ro (mi hermana pequeña) vendía tebeos y lucía palmito en uno de los stands, MeriLein (la mediana) y yo nos paseábamos felices y acreditadas… y mis papis andaban por ahí en plan turista.

Mi madre: ¡Uy, hija, cuánto friki!
Yo: Claro, mamá, es el ExpoFriki…
Mi madre: Pues tú ni caso, que tienes novio. Que por cierto no entiendo por qué no ha venido este fin de semana.
Mi padre: Venga, deja a la niña. Oye, Be, qué poca ropa llevan estas chicas, ¿no?
Yo: Sí, papá, es que si vienen disfrazadas no pagan entrada.
Mi padre: Qué gran idea.

Y mientras mi madre y MeriLein iban al stand de Glenat a proveer a toda la familia de las imprescindibles aventuras de Esther, mi padre me preguntaba:

-Hija, ¿aquí hay tebeos de esos porno japoneses?
-Claro, papá.

Así que le llevé a uno de los chiringuitos más cercanos, que no sé si era el de GenX o cuál, puse cara de experta y le dije al chico que vendía los tebeos:

-Hola, ¿me enseñas qué tienes de hentai?

El chico me miró de arriba abajo, entornó los ojos, me evaluó dentro de su cabeza y decidió enseñarme unos pequeños comics de portada roja y negra.

-Mira, este se llama Guachuflein (no pretenderéis que me acuerde, ¿a que no?) y es hentai con una base de género negro.
-Uy gracias –cogí el tebeo–. Mira papi: éste además de japonesas desnudas tiene una trama de robos. Hay gangsters y chicas atadas…

El chico nos miraba raro mientras mi padre y yo hojeábamos el tebeo.

-Pues no sé si me gustan… ¡Todas son iguales!
-Que va, papá. Cada personaje es diferente, mira bien, y cada tebeo más diferente aún. Oye –al chico del stand–, ¿me enseñas más cosas?
-C-c-claro.
-Mira, papi, éste es totalmente distinto…
-Uy, ¿por qué salen bichos llenos de tentáculos?
-Es que se supone que no pueden salir genitales en plan explícito, así que unas veces los sacan pixelados, otras les ponen un borrón encima, y otras los “sustituyen” por tentáculos de monstruos del espacio exterior –yo fardando en plan experta sin haber leído ni un tebeo ni tener más idea que mis tres nociones mal puestas–.
-¿Y estás chicas no son un poco jóvenes?
-Claro, eso parece, pero es que como en Japón está prohibido dibujar vello púbico, pues parecen más jóvenes. Pero es una ilusión óptica.
-Ah, claro. Pues no me gusta.
-Pues nada. Muchas gracias –al chico–, ¡hasta luego!

Y entonces mi madre me mandó un sms citándome en la otra punta del pabellón.

-A ver, ¿qué le regalamos a tu padre?
-Pues mira, hay una cosa que creo que le va a gustar. Déjame llamar por teléfono un momento… ¡Hola! Eme A, ¿sabes dónde puedo encontrar algo de Milo Manara?
-Espera que voy.

Así que volvimos al puesto de GenX, donde el chico de antes me miraba raro, y Eme A nos ayudó a elegir un tebeo chulo con preciosas señoritas desnudas.

-Pero con argumento. No es porno sin sentido, es una historia de mujeres de colonos secuestradas por los indios del Último Mohicano. Y el guión es de Hugo Pratt, el de Corto Maltés.
-Gracias, Eme. ¿Mamá, qué opinas?
-Nos lo llevamos.

Y le encantó. Es que mi padre es un clásico.

lunes, octubre 15, 2007

De cuando la familia da mucho susto

El viernes fue el santo de una de las hermanas de mi madre y tuve que hacer acto de presencia. Mi madre pretendía que aquel día fuera la presentación en sociedad de mi Amó, una barbaridad a la que yo me negué en un primer momento.

Luego ella empezó en plan: “Hija, son las únicas hermanas que me quedan”. Y yo: “Sí, mamá, pero son unas pesadas”. Y ella: “Porque son mayores, pero son muy buenas personas”. Y yo: “Mamá, van a empezar a hablar de don Modesto (su cura de cabecera, recientemente fallecido) y de Federico (sí, ése), y mi novio no está ni bautizado”. Y ella: “Pues que les siga la corriente”. Y yo: “Mamá, nos van a preguntar que cuando nos casamos y me dará un ataque de nervios”. Y ella: “Que va, hija, ya verás como no… ¡es que me hace una ilusión!”. Y claro, se lo propuse.

Menos mal que dijo que “ni loco” (al final me esperó con unos amigos en una cafetería a tres manzanas). En fin, que fui yo sola. Menos mal. ¡Menos mal!

Pongámonos en situación: mi padre, mis hermanas y tres señoras de Huesca de mediana edad celebrando el día del Pilar. Cuando yo llegué las tres oscenses ya iban un pelín pedo.

Padre: -Hola hija.
Hermanas: -¡Hola, Be!
Tía Soltera 1: -¡Qué guapa vienes!
Tía Soltera 2: -¡Pero qué guapa!
Madre: -Ven aquí y besa a tu madre.

Besé a todo el mundo y me sentaron entre mi madre y la más pedo de sus dos hermanas mayores solteras. Según me siento…

TS1: -¿Qué tal, Be?
YO: -Muy bien, tía.
TS2: -¿Y qué tal tu novio?
YO: -Pues muy bien.
TS1: -¿Cuándo os casáis?
YO: -Tía… pues no sé si nos casaremos, en fin, es pronto.
TS2: -¿Pero es majo?
YO: -Sí, es muy majo.
TS1: -¿Y estás a gusto?
YO: Sí, estoy muy a gusto.
TS2: -Pues eso es lo importante.

Entonces mi madre decidió comprobar si desde que cumplí los 30 se me ha caído el culo, para lo cual metió su mano por debajo de mi falda y me pegó un pellizco.

YO: -Mamá, para, anda.
M: -Soy tu madre y toco porque puedo.
YO: -Vale.

Fue como provocarla: por un lado es mi madre y toca porque puede, y por otro no estaba mi perro y para mí que lo echaba de menos, porque aquello era rarísimo. Mi madre, ¡¡la mujer que odia que la toquen!!

YO: -Mamá, en serio, para.
M: -Que te calles.

Yo me callé –por el momento–, pero mis tías no.

TS2: -Qué mal carácter tienes a veces, con lo dulce que tú eres.
TS1: -¿Dónde has dejado a tu novio?
YO: -En una cena…
TS2: -¿Y cómo es?
YO: -Es… ((¿ateo y anticlerical?)) Muy majo.
TS1: -¿Y qué tal con él?
YO: -Pues muy bien, tía.
TS2: -¿Habéis pensado en casaros?
YO: -Pues no, tía, aún no hemos pensado en eso. Es un poco pronto.
TS1: -¿Pero es majo?
YO: -Sí, tía, es muy majo.
TS2: -¿Y estás a gusto?
YO: -Sí, estoy muy a gusto.
TS1: -Pues eso es lo importante.

Y mi madre seguía a lo suyo.

YO: -Mamá, deja de meterme mano.
M: -Ay, hija, de verdad, cómo eres.
YO: -En serio, para ya.
M: -Calla y come.

Mi Tía Soltera número 1 introduce un nuevo tema de conversación.

TS1: -Con lo dulce que eres y el mal carácter que tienes a veces… ¿Has leído el libro del Papa?
YO: -(Flipo) No…
TS1: -Pues es precioso. Te lo tienes que leer.
YO: -(Sigo flipando, pero algo se me ocurre) Pero yo he leído que el Papa advertía que no era un libro para todos los públicos…
TS1: -Yo estoy impresionada por el prólogo, qué cosa tan bonita…
YO: -Lo leí en algún sitio… Decía que la gente no se lo comprara pensando que era un libro sobre la figura de Cristo, que se trata de un escrito teológico sobre la santidad de nosequé cosas…
TS1: -Pues el prólogo es una maravilla. Da las gracias, y habla de todas las personas que han tratado esos temas antes… de Pappini, de… Te lo tienes que leer.
YO: -No suelo leer ese tipo de libros, la verdad…
TS1: -¡Pero si el prólogo es una preciosidad!
YO: -Ya tía, pero si no consigo pasar del prólogo de poco me va a servir…
TS1: -Pues a mí me tiene maravillada. Aunque me quede en el segundo capítulo.
YO: -Tía Soltera número 2, ¡pero qué ricas están las croquetas! Buenísimas…

Sí, intenté desviar la conversación a la comida, pero no sirvió de nada.

TS2: -Pues luego te llevas unas cuantas y que las pruebe tu novio… ¿Qué tal es?
YO: -Pues muy majo.
TS2: -¿Le gusta comer?
YO: -Sí, tía.
TS1: -¿Es goloso?
YO: -Bueno, menos que yo, pero sí.
TS2: -¿Y para cuando lo de casaros?
YO: -(Dioooooooooooos, menos mal que no ha venidooooooo) Pues aún no lo hemos pensado.
TS1: -¿Pero estás a gusto?

YO: Sí, tía, mucho.
TS1: -Pues eso es lo importante.

Decidí probar hablando de libros que no fueran el del Papa y le pregunté a mi padre si le gustaron los últimos que le presté. Mi madre, que pasa del Papa, se había puesto ya a acompañar la jota que sonaba: La Magallonera.

M: -Pulidaaaaaaa… magalloneeeeeeeraaaaaaa…
YO: -Papá, ¿te has terminado “El Caso Jane Eyre”?
P: -Sí, claro, ahora estoy con el de “Las Ovejas de Glenkill”.
TS1: -¿Te has leído el que te regalamos por tu cumpleaños?
YO: -¿El de Paolo Coelho? Er... aún no.
M: - Andaaaaaaaa y dileaaaaaaaaaaaaaaal Santo Cristoooooooooooooo…
P: - Pero creo que el que más me ha gustado de los tres es el de “La Pesca del Salmón en Yemen”.
YO: -Sabía que ése te iba a encantar. Es que es-
TS1: -¿Habéis leído “El Último Encuentro”?
YO: -No… ¡Sí! El de Sándor Márai… Me lo regalaron por Navidad.
M: -Pulidaaaaaaaaaaaaa… magalloneeeeeraaaaa…..
TS1: -¿A que es precioso?
YO: -Sí, un poco triste el final. Los personajes están todos tan solos…
TS1: -Claro, es que el autor se suicidó y se nota en la historia. Anda, come un poco de queso con salsa de mermelada.
YO: -Gracias… Bueno, es que están básicamente esperando la muerte.
M: -Que cuandoooooooooooooo me llame al cieloooooooooooooo…
P: -Pues ése no me lo prestes, ¿eh?
TS2: -Es precioso, precioso. Lo que pasa es que se nota que el autor se suicidó, y por eso.
TS1: -¿Y quién te regaló el libro?
YO: -…mi novio…
TS1: -¿Y qué tal? ¿Es majo?
YO: -La verdad que sí, tía.
TS2: -¿Y pensáis casaros?
YO: -Tía… pues no lo sé… pero estoy muy a gusto. Y eso es lo importante, ¿no crees?
TS2: -Claro que sí, hija, claro que sí. A ver cuándo nos lo traes.
M: -Que me caaaaaaaaaaaaaannnnten la oliveraaaaaaaaaaa….

Se acaba la canción y ella vuelve a tocarme la pierna.

YO: -Mamá, deja de meterme mano.
M: -Ay, hija, de verdad, cómo eres.
YO: -En serio, para ya.
TS1: -Ay, Be, con lo que a mí me gustaría tener aquí a mi madre, que está muerta, y me tocara así.
YO: -(Visualizando a mi abuela volviendo de la tumba para sobar la pierna de mi tía) Si quieres te presto a la mía.
TS1: -Es que no es lo mismo.
YO: -Vale. Mamá, ¿quieres que me quite el vestido para que te sea más fácil?
TS2: -Ay, Be, qué mal carácter tienes, con lo dulce que tú eres siempre…
YO: -Ya…
TS1: -¿Y tu novio qué tal es? ¿Es cariñoso?
YO: -Pues sí… Tía, que buenísimo está esto, ¿cómo lo haces?

Mi Tía Soltera número 2 trae una cesta llena de chaquetitas de bebé que hace para la parroquia.

TS2: -Mira que cosa tan bonita…
YO: -¡Qué monada! Qué pequeño, tía, tiene que ser dificilísimo.
TS2: -No, bueno, depende del punto.
TS1: -A ver si te casas y te hacemos jerseicitos para ti.
YO: -Bueno, tía, aún no entra en mis planes. Mamá, en serio, deja de meterme mano, por favor.
TS1: -Be, con lo que me gustaría a mí tener a mi madre, que está muerta, y que me tocara o lo que ella quisiera. ¡Con lo dulce que tú eres...!

Y así to-da-la-no-che. Y cuando me fui, me metieron mano las tres. Menos mal que no vino mi novio.

Bueno, son familia. Y ya pasó. Y eso es lo importante. En fin, que viva la Virgen del Pilar.

lunes, septiembre 10, 2007

Padres desnaturalizados

Que tus padres se olviden de irte a buscar al colegio es, junto a que no vayan a verte jugar al baseball, lo peor que le puede pasar a un niño estadounidense según el cine: poni (y gordo) asegurado, señores.

En España no somos tan sensibles. O al menos mis hermanas y yo no lo somos, porque nuestros padres se olvidaron de nosotras en el cole un buen puñado de veces. Lo recuerdo como si fuera ayer: ahí las tres, esperando, con las monjas mirándonos con cara de pena.

Y no era como ahora, que todo el mundo tiene móvil… No. El padre o la madre desnaturalizado correspondiente salían de trabajar y hasta que no llegaban a casa no había forma de localizarlos. Tremendo.

Ellos, mis padres, aseguran que nunca sucedió, y estoy segura de que lo creen de buena fe, pero pasó. Un montón de veces. Y aunque en realidad son buenos padres y eso, una era de felicidad (y tranquilidad) comenzó para mí y mis hermanas el día que a mi madre le pusieron un “busca”.

En fin, que eso más que crearnos un poni nos ha hecho más independientes y autónomas. Yo estoy acostumbrada a viajar en metro sola desde los 8 años (que vale, que sí, que sólo eran tres paradas para ir a baloncesto los sábados por la mañana ).

El caso es que mi padre me pidió hace unos días que fuera a instalarles el nuevo ADSL y me dijo que me vendrían a recoger en coche (casapadres está en Las Rozas). Quedé en ir el viernes por la tarde/noche, a la salida de la radio, y así les instalaba el pack, me quedaba a dormir y al día siguiente pasábamos el sábado en familia. Mi madre dijo que el viernes estaría por Madrid hacia la hora que yo salgo (diez de la noche) y se ofreció a pasar a buscarme ella.

Llegó el viernes, dieron las 22:00 horas, y nada. A las 22:15 aún no había aparecido... y yo tuve un déjà vu. Para qué esperar más. Llamé al móvil de mi madre (bendito sea Nokia) y escuché el ruido de la TV de fondo.

-¡Hola, hija, ¿cómo estás?! Te he estado escuchando.
-Hola, mamá. ¿Dónde estás?
-En casa… ¡Ay! ¡Se me ha olvidado!

De momento, los he castigado a una semana más sin Internet.

jueves, julio 12, 2007

Una herencia de gafas sucias

Decía Oscar Wilde que para saber como será una mujer dentro de veinte años basta con fijarse en su madre. Tenía razón.

(También decía que el acabar indefectiblemente pareciéndonos a nuestras madres es la tragedia de las mujeres. Y la de los hombres, no hacerlo).

De jovencita, mi madre se desesperaba porque mi abuela siempre llevaba las gafas sucias. Le decía: “Mamá, qué desastre, no sé cómo puedes ver algo con esto”. Y se las limpiaba.

Hacia los trece años me di cuenta de que mi madre SIEMPRE llevaba las gafas sucias. Y me desesperaba. No hacía más que regañarla: “Mamá, hija, qué desastre. Te vas a quedar ciega”. Y se las limpiaba.

Y ahora… Ahora son mis gafas las que están siempre sucias. Y como no espero tener a corto plazo una hija que me limpie las gafas pero soy una chica de recursos, he buscado soluciones.

Lo tengo comprobado: lo que mejor va para limpiar mis gafas son las camisetas de chico de H&M de 3,90€.