Todo profesor se ha encontrado en algún momento (seguramente en varios, o en muchos, dependiendo del tipo de alumnado que tenga) alumnos que ponen a prueba su autoestima como docente y que le hacen plantearse su capacidad para enseñar. Bien, yo ya he encontrado a la primera de esas alumnas. Y eso que enseño a adultos y en contextos no demasiado formales. Pero me ha hecho pensar "¡dimito!".
Desde hace meses, doy clases de danza oriental. Tengo alumnas de edades comprendidas entre los 16 y los 65 años: el ritmo, la gracia, la facilidad para aprender, la flexibilidad, el interés o las condiciones físicas están desigualmente repartidas entre ellas y tengo alumnas buenas y otras menos buenas, pero creo que puedo decir que todas han ido aprendiendo algo a lo largo del curso, cada una a su ritmo y dentro de sus posibilidades.
¿Todas? No. Una alumna se me resiste, como aldea gala frente a los romanos. Cuando la conocí, supe que iba a ser difícil: si yo le decía "saca la cadera hacia la derecha" ella se quedaba recta, rígida, y se balanceaba levemente, en bloque, como un rascacielos rozado por el viento. Un simple velo se convertía en sus manos en un arma mortal con el que daba latigazos a diestro y siniestro: os puedo asegurar, por propia experiencia, que el reborde de pedrería de su velo lanzado contra la cara duele mogollón. Ni Indiana Jones con su látigo haría tanto daño. Eso explica que cada vez que saca el velo sus compañeras se aparten y se forme un vacío a su alrededor, como los agujeros negros pero al revés.
Ingenua de mí, pensé que sería cuestión de tiempo enseñarle... pero después de seis meses, decenas de explicaciones personalizadas y de largos ratos de dedicarme a ella en exclusiva, puedo decir que ha podido conmigo. No sería grave, aquí no hay aprobados o suspensos y ella lo hace por hobby, pero... ha llegado el momentazo: la exhibición de final de curso.
Llevo tres meses preparando una coreografía con ese grupo de alumnas. Les he dado una copia de la canción, una hoja con los pasos explicados segundo a segundo para que practiquen en casa, hemos ensayado horas y horas. Todas se la han aprendido... menos ella, que aparte de tener una movilidad "reducida" y no tener ritmo (cosas subsanables con esfuerzo), nunca practica, me ignora y siempre va a su bola.
Este es el relato de los cinco minutos del infierno, del último ensayo que fue, a pocas semanas de la exhibición, "memorable":
Minuto 0:10
Alumnas: dan la espalda al público, llevan el velo al cuello y lo van desplegando poco a poco.
Ella: de cara al público, me mira.
Misia: "cariño, al otro lado, date media vuelta, guapa" y "venga, chicas, ahora del tirón, no voy a parar la música pase lo que pase".
Minuto 0:20
Alumnas: giran y se ponen a mirar al público.
Ella: se ha dado la vuelta y continúa mirando a la pared.
Misia: "cariño, vuelve a mirarme".
Minuto 0:30
Alumnas: mueven la caderita y hacen una figura con el velo que se llama "la mariposa"
Ella: por fin mira al público. En vez de parecer una mariposa, se asemeja más a una polilla. O a un murciélago. No acabo de verlo claro.
Misia: "Emmm... umm... bien, pero ¿no podrías estirar un poquitito más los brazos?".
Minuto 0:45
Alumnas: cogen el velo y de un tirón se lo quitan del cuello y bailan.
Ella: tira del velo, pero no sale.
Misia: ...
Minuto 1:00
Alumnas: dan vueltas moviendo el velo.
Ella: sigue enredada en el velo.
Misia: venga, Misi, no seas cruel y no te rías, que es tu alumna, coñe... compostura.
Minuto 1:10
Alumnas: hacen más giros y más movimientos de cadera.
Ella: el velo sigue enredado, ahora envolviendo toda su cabeza y hace frenéticos movimientos para deshacerse de él.
Misia: ¿río o lloro?
Minuto 1:20
Alumnas: paso a la izquierda, cruce de velo...
Ella: Por fin se ve su cabeza. Y el velo ya está en sus manos, más o menos desenredado.
Misia: uf, menos mal. Un poco más y llamamos a los bomberos para liberarla.
Minuto 1:30
Alumnas: vuelta a la derecha, vuelta a la izquierda.
Ella: vuelta a la izquierda, vuelta a la derecha.
Misia: casi...
Minuto 1:45
Alumnas: suave movimiento de brazos hacia la derecha.
Ella: lanzamiento nada-suave de brazo hacia la izquierda. Su Compañera N. da salto hacia atrás para esquivar el brazo mortífero.
Misia: "E., el otro brazo... y cuidado, no me lesiones a N."- ni Rocky lo habría hecho mejor.
Minuto 2:00
Alumnas: todas juntas se encaminan al centro del escenario.
Ella: se queda sola en lateral del escenario.
Misia: "cariño, al centro, al centro"- le sonrío, a ver si le sirve de aliento. Me malinterpreta y se va al centro del círculo que estaban formando todas sus compañeras, para lo que debe dar un empujón a dos de ellas.
Minuto 2:15
Alumnas: dejan el velo en el suelo.
Ella: lo deja en el suelo.
Misia: "¡muy bien, muy bien!"-por fin algo al unísono, hay que premiarlo. Creo que, ahora sin velo, todo irá mejor. Craso error, claro.
Minuto 2:30
Alumnas: ochos adelante, ochos atrás.
Ella: el pañuelo de monedas se le va resbalando desde las caderas.
Misia: preveo la catástrofe y le aviso- "E., cuidado con el pañuelo, te vas a caer, quítatelo".
Minuto 2:45
Alumnas: siguen bailando.
Ella: No me ha hecho caso. El pañuelo se resbala hasta sus tobillos, se tropieza y ella no se cae porque su compañera H. amortigua la caída.
Misia: (¡por favor, que alguien me pase un boli, que me hago un harakiri aquí mismo! ¡Que alguien acabe con mi sufrimiento!). Eso sí, por fuera sonrío, en plan dientes-dientes.
Minuto 3:25
Alumnas: recogen el velo todas a la vez.
Ella: todas no, claro.
Misia: "¡el velo, el velo... recoge el velo del suelo!". Lo hace. Latigazo en cara de compañera N., la misma a la que casi noquea con el puñetazo. ¿Estaría muy mal que la profesora se echara a llorar? Pero no voy a parar la música, a ver si esto acaba ya.
Minuto 3:50
Alumnas: más vueltas de velo.
Ella: Se enreda de nuevo en el velo.
Misia: ¿Otra vez? ¿otra vez? no puedo verlo, no puedo verlo. Y me giro hacia la pared.
Minuto 4:05
Alumnas: ¡AAAAGGGGGHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH!
Misia: me rindo. Paro la música y vuelvo a mirar a mis alumnas.
Ella: al otro extremo de su velo de pedrería tiene enganchada del pelo a su compañera E., que sigue chillando. Ella tira más del velo para ver si, arrancando el pelo, puede desengancharlo. Evidentemente, E. chilla aún más, contorsionándose de forma extraña detrás del velo de Ella. Por fin las desenganchamos. Del velo de Ella, pende un buen manojo de pelo rizado de E.
Suspiré. De repente me sentí tan, tan cansada... sonreí, débilmente, y sólo logré decir: "bueno, la semana que viene saldrá mejor. Espero".
Por cierto, después de finalizar la clase, pensando en las colocaciones definitivas en el escenario, pregunté a la clase si a alguna le apetecía estar en la fila delantera o si preferían mantenerse en una discreta segunda fila. ¿Adivináis quien habló rápidamente para pedirse estar en primera fila y en el centro a ser posible? Ains, esta mujer va a ser mi ruina. Eso sí, como sigamos así, no puedo negar que vamos a ser todo un espectáculo.
Ningún animal ha sido maltratado en la realización de este post. No podemos decir lo mismo referido a cierta alumna