MANAZAS

Yo, Be, me he cargado la plantilla milenaria de QaD por torpe y con un solo clic. Me autoflagelo ante mis copropietarias y me comprometo a dejarla lo más parecida posible, si no mejor. ¡Palabra!
Mostrando entradas con la etiqueta Señoras. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Señoras. Mostrar todas las entradas

martes, julio 17, 2007

Arte Contemporáneo

Hoy me ha tocado enseñar el Reina Sofía a unos profesores estadounidenses. Un suplicio, oigan. Por lo general odio enseñar arte contemporáneo, porque algunos de sus movimientos y artistas no me gustan. Lo peor no es que no me agraden: lo peor es que no los comprendo. Y es difícil hablar con pasión y convencimiento de cosas que no se comparten. A veces me siento como un abogado que tuviera un cliente culpable y que habla en otro idioma, por lo que no tiene ni idea de qué le explica y, a pesar de todo, tiene que iniciar una defensa convincente.
Así que explicar cierto arte contemporáneo es un horror para mí, tenga los alumnos que tenga:
2) Si los alumnos no tienen ni idea de arte contemporáneo es complicado explicar porqué ciertas cosas están en un museo y valen millones. Como os decía, a veces no lo comprendo ni yo, como para convencer a alguien...
2) Si los alumnos saben de arte contemporáneo existe el riesgo de que hagan preguntas muy difíciles y me breen, porque como el tema no me interesa, no sé tanto sobre ello.
Los profesores-alumnos de hoy eran del primer tipo de alumnos, al igual que casi todas mis señoras-alumnas de toda la vida. Y serán yanquis, y profesores, pero han tenido las mismas respuestas que de mis señoras amas de casa de Carabanchel. Porque con el tiempo, me he dado cuenta de que hay tres respuestas al arte contemporáneo (sobre todo abstracto) entre la gente que no está acostumbrada a ver este tipo de arte:
Respuesta Ole Mi Niño: "Qué tomadura de pelo. Mi hijo/nieto de tres años lo podría hacer igualito... incluso mejor".
Respuesta Decora Tu Vida: "Qué barbaridad. Yo nunca lo pondría en mi casa. Ni aunque me lo regalen". En el caso de las más osadas se sustituye por "uy, no sé qué es, pero el color va genial con el sillón de mi salón".
Respuesta Money-Money: "¿Y cuánto puede valer esto? porque mira que me pongo a pintar tres puntos y una raya y me hago rica...". Hoy he tenido una nueva variante en esta categoría, subtipo el-delito-en-la-sangre: "¿sabes si se conocen todos los cuadros de Miró? ¿no podría aparecer uno, como por casualidad, en mi desván? digo yo que nadie notaría la diferencia".

Hala, explícale a una señora de Wisconsin porqué con un solo cuadro de estos se podría comprar unas cuantas granjas de chopocientas hectáreas.

En fin, que espero tardar mucho en volver al Reina Sofía, al menos con gente que me pida explicaciones. Porque al próximo que me pregunte, le suelto un "no sé, pero es bonito" y me quedo tan pancha.

martes, junio 05, 2007

Ella

Todo profesor se ha encontrado en algún momento (seguramente en varios, o en muchos, dependiendo del tipo de alumnado que tenga) alumnos que ponen a prueba su autoestima como docente y que le hacen plantearse su capacidad para enseñar. Bien, yo ya he encontrado a la primera de esas alumnas. Y eso que enseño a adultos y en contextos no demasiado formales. Pero me ha hecho pensar "¡dimito!".

Desde hace meses, doy clases de danza oriental. Tengo alumnas de edades comprendidas entre los 16 y los 65 años: el ritmo, la gracia, la facilidad para aprender, la flexibilidad, el interés o las condiciones físicas están desigualmente repartidas entre ellas y tengo alumnas buenas y otras menos buenas, pero creo que puedo decir que todas han ido aprendiendo algo a lo largo del curso, cada una a su ritmo y dentro de sus posibilidades.

¿Todas? No. Una alumna se me resiste, como aldea gala frente a los romanos. Cuando la conocí, supe que iba a ser difícil: si yo le decía "saca la cadera hacia la derecha" ella se quedaba recta, rígida, y se balanceaba levemente, en bloque, como un rascacielos rozado por el viento. Un simple velo se convertía en sus manos en un arma mortal con el que daba latigazos a diestro y siniestro: os puedo asegurar, por propia experiencia, que el reborde de pedrería de su velo lanzado contra la cara duele mogollón. Ni Indiana Jones con su látigo haría tanto daño. Eso explica que cada vez que saca el velo sus compañeras se aparten y se forme un vacío a su alrededor, como los agujeros negros pero al revés.
Ingenua de mí, pensé que sería cuestión de tiempo enseñarle... pero después de seis meses, decenas de explicaciones personalizadas y de largos ratos de dedicarme a ella en exclusiva, puedo decir que ha podido conmigo. No sería grave, aquí no hay aprobados o suspensos y ella lo hace por hobby, pero... ha llegado el momentazo: la exhibición de final de curso.

Llevo tres meses preparando una coreografía con ese grupo de alumnas. Les he dado una copia de la canción, una hoja con los pasos explicados segundo a segundo para que practiquen en casa, hemos ensayado horas y horas. Todas se la han aprendido... menos ella, que aparte de tener una movilidad "reducida" y no tener ritmo (cosas subsanables con esfuerzo), nunca practica, me ignora y siempre va a su bola.
Este es el relato de los cinco minutos del infierno, del último ensayo que fue, a pocas semanas de la exhibición, "memorable":

Minuto 0:10
Alumnas: dan la espalda al público, llevan el velo al cuello y lo van desplegando poco a poco.
Ella: de cara al público, me mira.
Misia: "cariño, al otro lado, date media vuelta, guapa" y "venga, chicas, ahora del tirón, no voy a parar la música pase lo que pase".

Minuto 0:20
Alumnas: giran y se ponen a mirar al público.
Ella: se ha dado la vuelta y continúa mirando a la pared.
Misia: "cariño, vuelve a mirarme".

Minuto 0:30
Alumnas: mueven la caderita y hacen una figura con el velo que se llama "la mariposa"
Ella: por fin mira al público. En vez de parecer una mariposa, se asemeja más a una polilla. O a un murciélago. No acabo de verlo claro.
Misia: "Emmm... umm... bien, pero ¿no podrías estirar un poquitito más los brazos?".

Minuto 0:45
Alumnas: cogen el velo y de un tirón se lo quitan del cuello y bailan.
Ella: tira del velo, pero no sale.
Misia: ...

Minuto 1:00
Alumnas: dan vueltas moviendo el velo.
Ella: sigue enredada en el velo.
Misia: venga, Misi, no seas cruel y no te rías, que es tu alumna, coñe... compostura.

Minuto 1:10
Alumnas:
hacen más giros y más movimientos de cadera.
Ella: el velo sigue enredado, ahora envolviendo toda su cabeza y hace frenéticos movimientos para deshacerse de él.
Misia: ¿río o lloro?

Minuto 1:20
Alumnas: paso a la izquierda, cruce de velo...
Ella: Por fin se ve su cabeza. Y el velo ya está en sus manos, más o menos desenredado.
Misia: uf, menos mal. Un poco más y llamamos a los bomberos para liberarla.

Minuto 1:30
Alumnas: vuelta a la derecha, vuelta a la izquierda.
Ella: vuelta a la izquierda, vuelta a la derecha.
Misia: casi...

Minuto 1:45
Alumnas: suave movimiento de brazos hacia la derecha.
Ella: lanzamiento nada-suave de brazo hacia la izquierda. Su Compañera N. da salto hacia atrás para esquivar el brazo mortífero.
Misia: "E., el otro brazo... y cuidado, no me lesiones a N."- ni Rocky lo habría hecho mejor.

Minuto 2:00
Alumnas: todas juntas se encaminan al centro del escenario.
Ella: se queda sola en lateral del escenario.
Misia: "cariño, al centro, al centro"- le sonrío, a ver si le sirve de aliento. Me malinterpreta y se va al centro del círculo que estaban formando todas sus compañeras, para lo que debe dar un empujón a dos de ellas.

Minuto 2:15
Alumnas: dejan el velo en el suelo.
Ella: lo deja en el suelo.
Misia: "¡muy bien, muy bien!"-por fin algo al unísono, hay que premiarlo. Creo que, ahora sin velo, todo irá mejor. Craso error, claro.

Minuto 2:30
Alumnas:
ochos adelante, ochos atrás.
Ella: el pañuelo de monedas se le va resbalando desde las caderas.
Misia: preveo la catástrofe y le aviso- "E., cuidado con el pañuelo, te vas a caer, quítatelo".

Minuto 2:45
Alumnas: siguen bailando.
Ella: No me ha hecho caso. El pañuelo se resbala hasta sus tobillos, se tropieza y ella no se cae porque su compañera H. amortigua la caída.
Misia: (¡por favor, que alguien me pase un boli, que me hago un harakiri aquí mismo! ¡Que alguien acabe con mi sufrimiento!). Eso sí, por fuera sonrío, en plan dientes-dientes.

Minuto 3:25
Alumnas: recogen el velo todas a la vez.
Ella: todas no, claro.
Misia:el velo, el velo... recoge el velo del suelo!". Lo hace. Latigazo en cara de compañera N., la misma a la que casi noquea con el puñetazo. ¿Estaría muy mal que la profesora se echara a llorar? Pero no voy a parar la música, a ver si esto acaba ya.

Minuto 3:50
Alumnas:
más vueltas de velo.
Ella: Se enreda de nuevo en el velo.
Misia: ¿Otra vez? ¿otra vez? no puedo verlo, no puedo verlo. Y me giro hacia la pared.

Minuto 4:05
Alumnas: ¡AAAAGGGGGHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH!
Misia: me rindo. Paro la música y vuelvo a mirar a mis alumnas.
Ella: al otro extremo de su velo de pedrería tiene enganchada del pelo a su compañera E., que sigue chillando. Ella tira más del velo para ver si, arrancando el pelo, puede desengancharlo. Evidentemente, E. chilla aún más, contorsionándose de forma extraña detrás del velo de Ella. Por fin las desenganchamos. Del velo de Ella, pende un buen manojo de pelo rizado de E.
Suspiré. De repente me sentí tan, tan cansada... sonreí, débilmente, y sólo logré decir: "bueno, la semana que viene saldrá mejor. Espero".
Por cierto, después de finalizar la clase, pensando en las colocaciones definitivas en el escenario, pregunté a la clase si a alguna le apetecía estar en la fila delantera o si preferían mantenerse en una discreta segunda fila. ¿Adivináis quien habló rápidamente para pedirse estar en primera fila y en el centro a ser posible? Ains, esta mujer va a ser mi ruina. Eso sí, como sigamos así, no puedo negar que vamos a ser todo un espectáculo.
Ningún animal ha sido maltratado en la realización de este post. No podemos decir lo mismo referido a cierta alumna

martes, junio 27, 2006

En busca del cerdo perdido

El viernes di mi última clase a mis señoras. A las mismas de los árboles y las piedras. Y, como no, la última clase fue también de traca. Como excursión de final de curso nos fuimos a Alcalá y se juntaron varios factores en las mismas coordenadas espacio-temporales. A saber:

- La fachada de la Universidad de Alcalá.

- Un acto oficial en la universidad. Por tanto, personalidades: Espe y Leguina.

- Estudiantes.

- Nervios de Misia porque esa tarde a las cuatro tenía el examen de la oposición.

- Señoras.

- Un cerdo.

Con esta mezcla, y mis señoras por medio... ¿cómo podía pretender que la visita fuera tranquila?



Este es el escenario de la tragedia. Por esa puerta salieron los principales protagonistas de esta historia.



Después de ver el interior del Colegio de San Ildefonso, nos dispusimos a ver la fachada.

- Señora 1: Niña, me han dicho que en la fachada hay que ver algo... algo así como la rana de Salamanca, aquí también hay que buscar algo.

- Misia: bueno, sí, se supone que lo que hay que buscar es un cerdo- ya tenía que haber previsto yo que no debía haber dicho eso.

- Señora 1: ¡Un cerdo! ¿Y donde está? ¡Chicas, en la pared hay un cerdo, buscadlo!

Acto seguido, dieciséis señoras se pusieron a mirar por la fachada, a señalar y a reir y a gritarse, con lo que sólo se oía un gran barullo, donde sólo se distinguía de vez en cuando la palabra "cerdo".

- Señora 2: ¿pero dónde está el cerdo?

- Señora 3: ahí, ahí, ¿no lo ves? ah, no, que eso no es un cerdo, es una paloma.

- Señora 4: que no llevo las gafas y no veo el cerdo dichoso.

- Señora 5: que sí, que yo lo vi la última vez que estuve aquí y estaba más o menos por aquí... cerca de la tercera columna... ¿dónde estará el cochinillo?

- Señora 1: oye, chaval - y coge por banda a un par de estudiantes incautos que pasaban por allí- ¿tú sabes dónde está el cerdo?

- Estudiante: Ni idea, señora. ¿Hay un cerdo?

- Señora 1: sí, sí, está por aquí, arriba.

Y se unieron dos estudiantes al grupo. Y después dos más. Y después tres más. Al final, había unas veinticinco personas, todas mirando la fachada y buscando hocicos cerdiles.

Fue entonces cuando comenzaron a salir las autoridades del acto que había dentro de la universidad. Primero, Espe:

- Señoras: Espe, Espe ¡ESPEEEEE!

- Espe: eh, hola, ¿que tal están?, me marcho, adiós.

- Señoras: que maja, mírala, si hasta nos saluda. A ver quien sale ahora...

- Señora 3: ¡Lo he encontrado! ¡HE ENCONTRADO EL CERDO! ¿lo veis? ¡EL CERDO, EL CERDO!- ella seguía en busca del guarro perdido.

Y... ¿quién salía por la puerta? LEGUINA. Un sudor frío comenzó a recorrerme la espalda, porque claro, Leguina miró. Y quizás pensó que lo de cerdo iba por él.

- Señora 3: uy, niña, ¿se habrá pensado que lo de cerdo iba por él?

Yo, yo... no pude contestar. Ante mis ojos habían pasado imágenes y preguntas muy rápidas, así que estaba petrificada intentando controlar el pánico, intentando razonar:

- Si llamas a Leguina "cerdo", aunque sea sin intención... ¿la policía te lleva a la cárcel?

- Si llevan a la señora a la cárcel, tendría que acompañarla, es mi alumna, por tanto mi responsabilidad.

- O ¿quizás la policía me encuentre responsable del ataque verbal de una señora senil y como responsable la que irá a la cárcel seré yo?

- en todo caso, de esta acabo en la cárcel. AAAGGGHH, LA OPOSICIÓN, ¡no voy a poder ir al examen!

- Dios, no he estudiado, pero tengo que presentarme a la oposición de alguna manera, porque no hacer el examen es malo, pero lo peor de todo es... ¿CÓMO LE EXPLICO YO A MI MADRE QUE NO HE PODIDO HACER LA OPOSICIÓN PORQUE ESTOY EN LA CÁRCEL PORQUE UNA SEÑORA LLAMÓ CERDO A LEGUINA!

Bueno, Leguina miró... y se fue. Un alivio me recorrió y ya no me importó que otros dos señores que pasaban por allí se sintieran aludidos con lo de cerdo. Por llamar a un señor normal cerdo no te llevan a la cárcel, ¿no?

lunes, mayo 22, 2006

Oooom II... el poder de los árboles a mí

Tengo un dilema existencial. Quiero contar algo, pero después del post de las piedras, no sé si me vais a creer. Bueno, allá va, con la advertencia de que es verdad (la realidad y mis señoras superan la ficción).

El caso es que el viernes estuve con mis señoras haciendo una visita al parque del Oeste. Con las mismas señoras con las que estuve en el museo de las piedras.

Esta vez, muchas piedras mágicas no iban a encontrar, así que estaba yo la mar de relajada, pero me equivoqué. Porque ¿qué hay en los parques, además de alguna estatua, jardineros y un poco de hierba chusca? Árboles. Hay muchos árboles. Después de esta visita puedo decir que hay demasiados árboles.

Estábamos en la bajada hacia la Rosaleda cuando una de ellas dijo:

- Señora 1: ¡Chicas, un pino! Vamos a abrazarnos a él, porque te carga de energía buena. He leído que los árboles tienen un "áurea"que es muy potente, que se puede ver con un aparato y que es muy buena. Venga, vamos a cargarnos de energía positiva. A este pino, que son los mejores.

Y cuatro señoras se abrazaron a un gigantesco árbol, como si fueran pilas recargables. La quinta no se quiso abrazar:

- Señora 5: hala, ya os habéis abrazado todas y le habéis robado la energía positiva al árbol. Pues me voy a buscar otro pino para mí sola.

- Misia: Um... chicas, yo no entiendo mucho de árboles, pero... ¿estáis seguras de que esto es un pino? porque no se parece demasiado a los pinos que yo conozco.

- Señora 1: que sí, que sí, que esto es un pino.

- Señora 2: pues no sé... ¡vamos a preguntarle a un jardinero!

Y allí, unos metros más abajo, divisaron a su víctima. Raudas y veloces, sobre todo para sus años, fueron directas hacia el pobre hombre:

- Señora 1: Disculpe, señor, ¿a que ese árbol de ahí es un pino?

- Jardinero: No, señora, eso es un cedro.

- Señora 1: vaya, chicas, nos hemos equivocado de árbol. ¿Sería tan amable de indicarnos donde hay pinos?

- Jardinero: Pues... ¿ve toda esa fila de árboles de ahí? todo eso son pinos.

Y el hombre tuvo el privilegio de ver como las cinco señoras se encaminaban a los árboles, se repartían entre ellos (por eso de no robarse mutuamente la energía) y se quedaban abrazaditas a ellos. El señor me miraba con la boca abierta.

- Misia: pues sí, ¿eh? este... qué calor... y qué bonitas tienen ustedes las rosas. - Le lancé una sonrisa de azafata de congresos, y como si fuera la cosa más normal del mundo, me fui. Como dirían los ingleses, ante todo la dignidad y mantener la compostura. Unas cuantas señoras abrazadas a árboles no me van a descolocar.

Cuando las señoras hubieron chupado toda la energía a los pinos, como vampiros vegetarianos, pudimos continuar el recorrido. Lo malo es que en el parque del Oeste hay un recorrido botánico que va indicando qué clase de árbol tienes delante. Y claro, donde hay variedad... Se abrazaron a un álamo. Se abrazaron a un almez. Se abrazaron a un eucalipto blanco. No se abrazaron al tejo porque es venenoso y tiene pinchos. Se abrazaron a... a todo. Parecían teletubbies en sus mejores momentos.

Los teletubbies gritaban "¡abrazo fuerte!" y se abrazaban frenéticamente. Pues igual mis señoras pero al grito de "¡abrazo al árbol!".

La verdad es que mis señoras son encantadoras, majísimas y me río mogollón con ellas. Y tienen muy buen aspecto. Me estoy planteando empezar a abrazar árboles, piedras, peces, enchufes... no sé, lo que dé buena energía.

martes, mayo 16, 2006

El quid de la cuestión está en la sangre


Hace un tiempo, una de mis señoras me miró atentamente y me dijo:

- Tienes mal aspecto.- Una de las características de mis señoras es que pueden ser asquerosamente sinceras.- Tú no te alimentas bien. Seguro que no comes según tu grupo sanguíneo.

- ¿Qué?

- La dieta de la sangre. Resulta que según el tipo de sangre que tengas tienes que comer unas cosas u otras, porque sino tu cuerpo se estropea y te pones enferma. Yo lo hago y estoy estupendamente. A ver, ¿qué grupo sanguíneo tienes tú?

- A, creo.

- Ay, pobre.- Y me miró con cara de profunda pena. Ahí debí comenzar a temerme lo peor.

Al cabo de unas semanas, mi alumna me trajo un regalo: el libro donde se desarrollaba la teoría de la sangre y la comida. La teoría básica del lumbreras que escribió el libro es que el grupo sanguíneo determina la personalidad y las características físicas de las personas. Dice que a partir de un grupo básico africano de sangre, el 0, que es el grupo de los cazadores, salen los demás. Yo soy A, mutación que se hizo entre los agricultores. Los B son los pastores. Y como cada uno tiene sangres diferentes (unas más espesas, otras más claras), deben comer cosas que les vayan bien.

Yo fui directamente a las listas de los alimentos que podía y no podía comer. Ahí entendí porqué dijo mi señora "ay, pobre". Básicamente, a los A nos cae mal comer casi de todo, hay una laaarga lista de cosas ricas que nos sientan fatal y que nos conducen inexorablemente a la trombosis (la teoría es que tenemos la sangre espesa y que se aglutina con estos alimentos y venga, trombos navegando por nuestras venas). Lo que no debemos comer es:

- Todas las carnes, incluidas las de búfalo y tortuga (estas dos no me importan mucho, no voy comiendo búfalos por ahí. Pero las demás... el jamón, el solomillo...).

- Casi todos los pescados, como la merluza, el lenguado, el salmón ahumado (¡mierda!), los mejillones... también me va fatal la langosta, pero como esa no la cato por motivos económicos...

- Lácteos: todos mal. Incluidos los helados, todos los tipos de queso y la mantequilla (aquí sí que me entraron ganas de llorar: ¿qué no puedo tomar leche con colacao? venga, vamos...).

- Harinas y cereales: descartados los cereales de desayuno y el trigo (adiós, pan mimbo, y chapatas, y madalenas, y...).

- Vegetales: pues tampoco patata, pimientos, tomates, berenjenas, melón, plátano...

Hagámoslo a la inversa, quizás sea más fácil. Después de toda esta lista: ¿qué coño podemos comer los A? Porque creo que ya he nombrado todos los alimentos decentes de este mundo...

- Bacalao, sardinas y caracoles de viña (¿qué es eso?).

- Leche de soja (puaj).

- Soja, tofu y arroz (por fin un componente básico en mi dieta. El arroz, digo. Porque el tofu merece ser borrado de la faz de la tierra).

- Perejil, ajo, brécol, calabazas y lo mejor de todo: ¡alfalfa!

- Piña.

- ¡Vino tinto! (será para poder soportar la tristeza de vida sin cosas ricas).

Alfalfa salteada con ajito, perejil y soja, alimento de dioses.

Tengo varias opciones: o me muero de tristeza, o me muero de inanición, o me cambio de grupo sanguíneo. Pero creo que la cuarta vía será la mejor: voy a quemar el libro, a demandar al estadounidense que lo escribió por daños psicológicos (seguro que la demanda en EEUU prosperaría) y ahora mismo me voy a tomar un colacao con madalenas, que tanto hablar de comida me ha dado hambre. He dicho.

P.D. La alumna me regaló el libro hace unos meses, y como fue evidente que no varié mi peso (con lo que hubiera adelgazado si me hubiera mantenido a alfalfa, jo) volvió a decirme que sigo con mala cara... "se nota que no haces caso del libro". Pues no, pero como decía mi bisabuelo, no conozco a ningún grillo que pese más de treinta kilos.

P.D.2 El libro dice que la profesión perfecta para los 0 es la de instructor militar. Jijiji. Como ellos sí que pueden comer carne, tienen fuerza para gritar.

lunes, abril 24, 2006

Oooom... el poder de las piedras a mí

Uno de mis trabajos (agh, el pluriempleo es necesario para mi supervivencia) consiste en llevar a grupos de adultos a hacer visitas por Madrid. Les acompaño a museos, hacemos recorridos por las calles, les explico la historia y el arte de la ciudad (y después, para digerir el tostón, nos vamos de tapas). Casi todos mis alumnos son mujeres, entre 45-70 años: son "mis señoras" y yo para ellas soy "la niña".
El otro día las llevé a visitar el que ellas llaman "el museo de las piedras": estanterías y vitrinas llenitas de rocas. Vamos, una juerga de museo . Nos guió la visita un señor guía geólogo que, muy serio, comenzó a hablarnos de piedras, eras y bichos fosilizados:
- Señor guía geólogo: El cretácico es un periodo que... paleozoico... trilobites... millones de años que... Pangea...
- Misia: zzzzzzz (he desarrollado una increíble capacidad para dormir de pie, con los ojos abiertos y poniendo cara de interés. Es pura supervivencia, si quieres aguantar el mismo rollo sobre piedras tres veces en dos días).
- Señor guía geólogo: Estamos frente a un gran fragmento de cuarzo rosa extraído en... que se forma por... y se fragmenta en...
Y allí, parados ante una gran piedra rosa colocada en el centro de la sala, fue cuando la visita comenzó a ponerse entretenida, porque los verdaderos intereses de mis señoras, que para ser fieles a la verdad no tenían mucho que ver con el cretácico, salieron a la luz:
- Señora 1: ¡Cuarzo rosa! uy, chicas, que el cuarzo rosa da muy buenas vibraciones y mucha energía, y éste siendo tan grande tiene que ser de lo más poderoso: ¡tocadlo, tocadlo!
Y todas a una, cinco señoras se abalanzaron sobre el pedrolo rosa, ante la mirada atónita del guía, y diez manos comenzaron a palpar el peazo de cuarzo como si de calibrar un melón se tratara.
- Señor guía geólogo: ¿buenas qué? no, si el cuarzo es un mineral que se encuentra en la ....
- Señora 1: ¿lo notáis, chicas, notáis como sube la energía por las manos?
- Señor guía geólogo: bueno, la verdad es que ese tipo de cuestiones no tienen ningún fundamento científico... -el Señor guía geólogo tenía una cara rara-. ¡SEÑORAS, POR FAVOR, NO ME TOQUEN EL CUARZO! Um, será mejor que vayamos a la siguiente vitrina: las piritas. La pirita es sulfuro de hierro que se puede presentar en forma geométrica como estos cubos y cuya compos...
- Señora 1: ¡Pirita! Esto es buenísimo para el dinero: ¡mirad, mirad! -abre el bolso, saca el monedero, lo abre y saca... un cubo de pirita, igualito al de la vitrina-. Si la llevas contigo nunca tendrás problemas económicos. Niña, te voy a regalar una, bueno, o mejor te regalo la pirita para el dinero y un cuarzo rosa en forma de corazón para atraer el amor, a ver si te sacas novio de una vez ya.
- Señora 2: Ay, Señora 1, tú que controlas de esto: ¿sabes de alguna piedra que quite el dolor de riñones? Porque a veces tengo unas punzadas aquí que...
- Señora 1: pues dime tu signo del zodiaco y te digo el próximo día cual es buena para ti, porque no es lo mismo si eres de tierra que de agua.
El señor guía geólogo parecía cansado, el pobre.
- Señor guía geólogo: como iba diciendo la pirita cristaliza en cubos equidimensionales, octaedr...
- Señora 3: Niña, la pirita es la que mataba al Supermán, ¿no?
El señor guía geólogo abrió la boca, y la cerró. Y sólo... suspiró. De repente parecía que estaba más canoso, más ojeroso y más bajito. Y parecía tan cansado...
-Señor guía geólogo: Pasemos a las dos siguientes vitrinas, son las últimas que les explico. Las otras tres plantas del museo las tendrán que ver solas, que yo no subo escaleras.
Creo que fue la visita más corta de la historia del museo de las piedras. También creo que ese señor vivirá dos años menos por nuestra culpa. Bueno, o a lo mejor es por culpa del cuarzo rosa, que le chupó la energía y por eso parecía tan cansado.