MANAZAS

Yo, Be, me he cargado la plantilla milenaria de QaD por torpe y con un solo clic. Me autoflagelo ante mis copropietarias y me comprometo a dejarla lo más parecida posible, si no mejor. ¡Palabra!

martes, octubre 05, 2010

Tarde de compras

En diez minutos, hubo tocamientos indeseados, exhibicionismo, accidente casi mortal y sangre: ¿estoy contando un telefilme cutre de antena 3 del mediodía? No. Sólo a mí comprando unas bragas. Me explico.

El otro día fui al Tajo Anglosajón a comprar un conjunto de ropa interior. Perdida entre decenas de estantes llenos de bragas y sujetadores, busqué la ayuda de una de esas dependientas de la vieja escuela. Le expliqué lo que quería y, antes de empezar a buscarlo, me hizo LA pregunta:

- ¿Qué talla de sujetador tienes? - Oh. Me parecía una pregunta sencilla, pero no resultó serlo tanto.

- Una 95B.

- ¿95B? no, tú no tienes una 95B. Espera -sacó una cinta métrica, me midió el contorno de la caja torácica justo por debajo del pecho - tienes una 90... vamos a ver la copa - y me plantó las manos en las lolas. Así, sin decirme ni siquiera su nombre. En realidad al principio en los lados, pero después fue desplazando las manos por todo el contorno, hasta juntar las manos en el centro - C. Tienes una copa C. Vamos a buscar lo que me has pedido.

Yo la seguí a duras penas, aún estaba recogiendo mi mandíbula inferior del suelo, que se me había desencajado después del sobeteo que la tía me había dado (mujeres necesitadas de amor, id al Tajo Anglosajón, sección lencería). La tía se había colado directamente en los primeros puestos del ranking de "profesiones con un nivel de pudor distinto al mío" (ranking encabezado por las esteticienes depilatrix indudablemente).

Con unos diez sujetadores la dependienta sobalolas me dejó en el probador (y sí, comprobé en mis propias carnes que he estado usando una talla equivocada durante años. Al menos el sobeteo sirvió para algo). Estaba tranquilamente allí intentando decidir qué conjunto escogía cuando sin previo aviso... RAAASSS. La cortina se corrió y detrás apareció sonriente la dependienta sobalolas. Al menos tuve suerte y la tía me pilló probándome un sujetador, no en tránsito de uno a otro.

- Uuuy, qué bien te queda este. Llévatelo - mientras la dependienta sobalolas y abrecortinas admiraba mi pecho enfundado en un precioso sostén, la cortina continuaba bien abierta y un par de señoras pasaron detrás de ella, se pararon y se me quedaron mirando. Por un momento pensé que iban a sacar cartelitos con puntuación.

Cuando conseguí cerrar la cortina y elegir (de hecho elegí el que me había visto puesto media sección), fui a pagar a una caja. Caminaba por un pasillo, detrás de la dependienta y resbalé. Mucho. Los pies se me fueron hacia delante, me despegué del suelo, me mantuve levitando durante unos interminables segundos... y la gravedad, la muy hijaputa, actuó: aterricé en el suelo, sobre mi cadera izquierda y mi cabeza terminó entre un montón de bragas que estaban colgadas de sus perchitas. Al menos tuve suerte y acabé entre las bragas y no con las perchas de metal insertadas en mi cerebro (llamadme exagerada, pero cosas más gore se han visto en CSI). Ahí, entre encajes y blondas, vi como las mismas señoras que me habían estado observando en el probador y sus maridos-perchero (especímenes reconocibles por su bolso y abrigo femeninos colgados del brazo y la cara de hastío vital) ahora me miraban yacer entre bragas.

- ¡Te has caído! - la dependienta sobalolas y abrecortinas resultó ser, además, muy perspicaz. - ¿Te has hecho daño?

- Jijiji, no, sorprendentemente no... - milagrosamente (o gracias a la grasita de la cadera, que es un amortiguador estupendo) no me hice nada de daño.

Salí trabajosamente de la selva de bragas que me envolvía, me levanté y nos fuimos a la caja.

- Te voy a precintar las bragas para que puedas cambiarlas si llegas a casa, las comparas con el resto de tu ropa interior y ves que son pequeñas - y con una pistola a presion atravesó la parte de delante y de detrás de las braguitas con una de esas cintas de plástico que suelen sujetar las etiquetas de la ropa. Todo habría ido mejor si no hubiera atravesado, además, su dedo - AAAAUUUUUGGGHHHHH - aquello empezó a sangrar. Abundantemente. Pero la dependienta sobalolas, abrecortinas y perspicaz demostró ser la clase de profesional que antepone sus clientes a la posibilidad de morir desangrada sobre una caja registradora - PAACAAAAA, oye, ven aquí, cógeme las bragas de esta chica y el sujetador y mételos en una bolsa, que los voy a poner perdidos de sangre.

Sonreí débilmente, cogí mi bolsa y salí de allí corriendo: ¿Por qué la simple compra de algo de ropa interior se tiene que transformar en mi vida en algo accidentado y raro?

jueves, septiembre 30, 2010

Comienzo de curso

Ya ha empezado el nuevo curso. En los primeros días toca hacer exámenes, pedir ejercicios y preguntar mucho en clase para hacerse una idea del nivel de los alumnos. Hay que tantear cómo son los grupos y conocer a todos los chavales. Eso pasa por aprenderse los nombres de todos con la mayor celeridad posible, aunque simplemente sea por razones prácticas: es mucho más sencillo decir "¡Gwendi, cállate!" que "¡niña de la camiseta rosa de la tercera fila, cállate!".

Yo soy bastante buena aprendiéndome los nombres de los alumnos, tengo buena memoria para eso. El primer día paso lista y voy preguntando, alumno por alumno, cómo quieren que les llame o cómo se pronuncia su nombre y lo apunto. Puede parecer absurdo, pero el 75% de mis alumnos tienen dos nombres, muchos de ellos no usuales por aquí, con pronunciación rara (nunca acierto con los pobres alumnos chinos) o con ortografías extrañas (puede parecer sencillo escribir "Estefanía", pero no os podéis ni imaginar cuántas variaciones que incluyen nn, y, St, ff, ph he podido llegar a ver en ese simple nombre, que lees Steffannya y te quedas de piedra). Así me evito algunas jugaditas cutres de intento de escaqueo:

- Kevin, haz el ejercicio.

- ...

- Kevin, he dicho que hagas el ejercicio.

- ¿Quién, yo?

- Sí, tú. ¿No te llamas Kevin?

- No, yo soy Jonathan.

- A ver... en la lista pone que eres Kevin Jonathan.

- Ya, pero me llaman Jonathan.

- De acuerdo, Jonathan, haz el ejercicio... ahora que lo pienso... ¿tú no me firmaste el examen como Kevin?

- Sí, bueno, todo el mundo me llama Kevin.

Yo voy conociendo a los alumnos... y ellos me van conociendo a mí. El segundo día de clase, expliqué el tema de la actividad económica y la diferencia entre bienes y servicios. Me lié a poner ejemplos y no sé muy bien cómo, me encontré diciendo:

- A ver, chicos, si yo os digo que yo os hago un servicio ¿a qué me refiero?

Evidentemente, el campo semántico de "educación" no fue el primero que se les pasó por la cabeza a esa clase llena de adolescentes hormonados y la carcajada se oyó hasta en Tombuctú.

Me temo que este año va a ser de traca.

sábado, septiembre 18, 2010

El León, rezando (Vacacionacas en Estambul 2,5/5)


El otro día se me pasó poner una foto de León, así que la traigo hoy.

Está sacada cinco minutos antes de conocerle. Entramos en una mezquita que en principio no estaba en nuestro top 20 de visita obligada, pero que fue una de las que más nos gustó. No era la más grande, ni la más antigua, ni la más bonita. Todo estaba lleno de luz y de silencio. Y sólo había una persona dentro, un hombre, rezando.


Cuando terminamos de ver la mezquita y sus alrededores, León había terminado de rezar. Hablamos, primero en inglés y luego en español. Aún no sabíamos que se llamaba así, porque nos dijo su nombre en turco. Pero luego fuimos a su tienda, a ver cómo vendía abrigos de piel a los rusos. Nos dijo que su nombre en español significaba León. Nos invitó a unos tés y hablamos de la familia, del amor, de la religión, de la vida.

Pero eso ya os lo he contado.

miércoles, septiembre 15, 2010

Folios en blanco

Hay hallazgos que se asemejan a que te caiga una maceta de geranios en la cabeza cuando vas andando por la calle: son inesperados y te dejan ko. Yo hice uno de esos hallazgos hace unos días en Palma, justo antes de volver de mis vacaciones. El ko no me duró más que un minuto, pero me recordó cómo un objeto del pasado puede tener la capacidad de volverte el estómago del revés como si te hubieran dado una patada karateka al más puro estilo de jugador de fútbol holandés.

Estaba en Palma, en mi cuarto de siempre, con todas mis cosas más una pila inmensa de mi hermano, que ha "okupado" toda mi mesa, sus alrededores y mis estanterías. Sus trastos han hecho que mis cajones queden cegados y la mesa invisible a los ojos humanos. Una mañana me levanté pronto y energética y decidí planificar mi estudio para los exámenes de septiembre. Sorteando las cosas de mi hermano pude abrir un poco un cajón en el que creía recordar que había unas libretas viejas, para poner por escrito un planning para los exámenes (que nunca cumplí, como de costumbre). La ranura no era muy amplia, pero sí lo suficiente como para colar la mano y encontrar un taquito de folios.

Al sacarlos y abrir en abanico el taco, me di cuenta de que, enmedio de todos aquellos folios en blanco, había dos escritos. Dos borradores de cartas.

Aclaro que eso me suele ocurrir con relativa frecuencia, ya que siempre me ha gustado escribir y además era un desahogo muy terapéutico. Escribía en diarios, en folios sueltos, en trocitos de papel perdidos, en márgenes de apuntes o libros... Cuanto más abrumada estaba, más necesitaba soltar por escrito mis angustias, así que mis notitas no suelen ser del tipo “qué feliz soy” o “cuánto le quiero”, sino más bien el reflejo de mi faceta drama queen, pero desbocada y sin frenos: son búsquedas absurdas de respuestas (ya que las preguntas nunca llegarían a ser hechas a nadie) o frases demoledoras escritas desde una desesperación que, gracias a Dios, ya no conozco. Muchos de esos papeles quedaron perdidos entre cosas varias y cuando, aún hoy los voy encontrando, los recojo y los voy uniendo al montón de papelitos semejantes que tengo y los aparto, para que no vuelvan a asaltarme por sorpresa más. Porque además, todo sea dicho, la calidad literaria de mis desahogos es patética y a menudo me da vergüenza haber podido llegar a ser tan cursi, dramática, pedante y relamida (ramalazos que aún hoy intento contener, pero no hay manera, la naturaleza se me sale por todas partes. Y me horroriza ser todo eso).

Volviendo a las cartas que encontré, no tenían fecha, pero por lo que cuento en ellas fueron escritas en Palma en el verano de hace diez años. La primera iba dirigida al chungazo de mi vida, con el que tuve una larga relación que fue degenerando hasta convertirse en el infierno en la tierra. La segunda iba dirigida a mi bella S., contándole cómo había ido la visita del chungazo a mi casa.

Al leerlas me quedé helada. Ya no suelo encontrar cosas de esa época sueltas por ahí, un tiempo después de romper con él hice una limpieza concienzuda, las retiré y las tengo guardadas en lo más profundo y lo más alto de un armario, sepultadas debajo de un montón de ropa. Pero estas cartas se me debieron pasar y ahí estaban, de nuevo en mis manos. Las cartas eran de un momento en el que la relación con mi chungo ya era muy complicada, pero aún no había llegado al punto de ser la hecatombe que fue. Nos quedaban por delante dos años y pico infernales.

Y ahí estaba yo, leyendo la carta insustancial que una Misia diez años más joven escribía, cuando aún no tenía mucha idea de todo lo que se le venía encima. A esas alturas yo debería haber estado sobre aviso y haber salido corriendo en dirección contraria: había mil indicios que contaban a gritos que aquella relación era tóxica - por ejemplo, en la carta a la bella S. una frase dice "la visita ha estado bien, no hemos discutido demasiado". ¿Demasiado? la madre del cordero, yo era idiota - pero creo que en aquel momento se juntaron una serie de factores que hicieron que aquello se alargara y empeorara sin que yo le pusiera remedio en el momento justo: era mi primera relación seria, tenía menos experiencia y criterio detectando chungueces, era muy tozuda, era un desastre comunicándome y tenía extrañas ideas sobre las oportunidades que te da la vida.

En fin, que leí ese papel recién llegado del pasado y lo único que me salía era gritarle a la chica que escribió la carta: "¡corre, pobre incauta, corre!¡huye ahora que puedes!". No hubiera servido de nada gritarle, me temo: la Misia del pasado era terca como una mula y no escuchaba demasiado. Me dio un poco de lástima esa chica: con tanta pena por pasar, tan pardilla, tan boba (bueno, y a saber qué le depara el futuro a esta Misia actual, que nunca se sabe).

Por otra parte, por muy punzante y helador que resulte recordar momentos que quiero olvidar, también es un motivo de orgullo: conseguí librarme de toda esa mierda y aprender mucho sobre mí misma y sobre cómo quería vivir mi vida. Y es reconfortante: ahora estoy muy bien, estoy muy lejos de aquello y no pienso volver.

martes, agosto 31, 2010

Una ruta bonita y la teoría del taxi (Vacacionacas en Estambul 3/5)


Mañana vuelvo al trabajo. Va a ser un curso de muchos cambios, pero aún no estoy preparada para hablar de ellos... así que sigo con los posts dedicados a contaros mis vacaciones. Así me regodeo en el recuerdo, como Diane Lane en el viaje de vuelta en tren en Infiel. Voy con el tercero (de cinco) sobre Estambul.

Tengo una teoría. Es una teoría que he compro-bado en diversas latitudes y zonas horarias.

Va: no importa dónde estés, no importa qué hora sea, si levantas la mano viene un taxista a llevarte en coche a donde tú quieres a cambio de dinero.

Hace unos años fui a Roma a visitar a mi amigo iBoy, que por entonces vivía allí. iBoy conoce la ciudad como la palma de su mano, así que preparó un programa estupendo (museos, iglesias, restos, monumentos, tumbas, edificios, calles, plazas, barrios, fuentes). No hicimos apenas colas, vimos la Capilla Sixtina vacía, comimos en sitios estupendos, tomamos el aperitivo en sitios superchupis, bebimos copas en sitios megacool. La ruta intensiva de iglesias (uns 100 en una semana) pudo conmigo y una noche atravesábamos un bosque para volver a casa después de miles de horas de turistear, miles de kilómetros recorridos y miles de copas... cuando me dio una pájara. Como a los ciclistas.

De pronto no pude más. No me podía mover. No podía casi mantener el equilibrio. No podía pensar... más que en un maravilloso taxi que viniera en mi rescate. Utilicé las últimas energías que me quedaban para explicar mi teoría a iBoy.

-Be, esto es un bosque, no hay taxis.
-Que sí, ya verás, funciona siempre.
-Que no, en serio que por aquí no pasa nadie.
-¿Nadie?
-Bueno, sí, un violador que mató a un par de chicas el mes pasado.

La pájara voló. Aquella fue la única vez que, necesitándolo, no he podido probar mi teoría.

Pero volvamos a este verano. Una mañana Noa y yo cruzamos el Cuerno de Oro, llegamos hasta la plaza Taxim...


...bajamos por Istiklal Caddesi (la llenísima de vida calle principal)...


...curioseamos en librerías, compramos libros...


...callejeamos...


...comimos (en el sitio más alto que encontramos) unos meses buenísimos y un pescado para morirse...


...nos perdimos...


...bebimos té en un café de narguile en el que éramos las únicas mujeres...


...nos encontramos...


...llegamos a la torre Gálata...


...bebimos (de nuevo, lo más alto que pudimos) unas cervezas...


...cuando decidimos volver a casa, se había hecho de noche.


Para llegar a la parada del tranvía había que atravesar una maraña de callejuelas sin iluminar. Sabíamos más o menos qué dirección tomar para bajar de la colina, así que nos pusimos en ruta. A la segunda esquina que doblamos ya no se veía nada.

El barrio de Beyoglu, donde estábamos, fue lo más chic en el siglo XIX, pero tras declararse la república y mover todas las embajadas a Ankara entró en decadencia. Cito la mini guía de Lonely Planet: "Las tiendas y restaurantes glamourosos cerraron, los edificios empezaron a caerse y el barrio adquirió mala fama". Y a pesar de que en los 90 en barrio empezó a revitalizarse y ahora es el sitio "de salir de marcha", siguen quedando zonas muy abandonadas.

Estábamos en una de ellas. La calle en la que estábamos no tenía ni suelo ni farolas. Noa es una viajera prudente y, aunque yo me hubiera lanzado alegremente callejuela abajo, por su mirada capté que era un buen momento para probar mi teoría del taxi.

Levanté la mano y... un taxi libre apareció, se paró, nos subimos y en diez minutos nos dejó en el hotel. Por cinco euros.

lunes, agosto 30, 2010

El viento y el León... y el Hayid y el Huseyin (Vacacionacas en Estambul 2/5)

"En estos viajes, las ruinas son secundarias, habrá que pensar en los hombres y las mujeres,
más didácticos y más vivos que las piedras,
en los mercados, los campos de deporte, los juzgados, los cines, las tascas perdidas y hasta los cementerios.
La verdad y la vida no se encuentran en las tiendas para turistas".

Manu Leguineche, La Tierra de Oz.
Me gusta hablar con la gente cuando viajo. Es mi forma de trascender, de ir más allá, de encontrar la verdad y la vida. Porque no todo el mundo va con agenda, como Eduardo.

En una mezquita pequeña y preciosa conocimos a León, un turco que se gana la vida vendiendo pieles a los rusos. Tiene varias tiendas y a la más grande le ha puesto el nombre de su suegra: Pilar Cavero. León está casado con una española, a la que conoció cuando era azafata de Iberia. Él tenía varias "novias" por aquel entonces, pero a los dos días de conocer a Pilar, le dijo: "Me voy a casar contigo". Habla de la familia de su mujer con un cariño tremendo, ahora su suegro está enfermo y él va a venir el mes que viene a España a verle.

León y su mujer tienen dos hijos, a los que han enseñado las dos religiones para que luego decidan ellos. No sé qué tal funcionará eso de elegir, yo creo que la fe se hereda: te la trasmiten de pequeñito y si "prende" se queda ahí para siempre. El tema es complicado. Huseyin tiene 26 años, una licenciatura en Económicas, un MBA en dirección de empresas, un estilo de baile espantoso y unos cuantos amigos en "parejas mixtas" que están intentando hacerlo así. El riesgo, dice, es la sensación de no pertenencia, porque en Turquía la religión marca la estructura de la sociedad.

Y, como la moral sexual, perjudica a las mujeres. Si Huseyin se casara con una chica cristiana, sus padres protestarían un poco pero acabarían por aceptarlo. Si alguna de sus hermanas quisiera casarse con un no musulmán, el lío sería mayúsculo y de muy mala solución. "Las mujeres lo tienen más difícil para ser felices".

Si a la hija de Hayid se le ocurriera enamorarse de un hombre que no fuera turco su padre la repudiaría... a pesar de que él se casó con una protestante. La conoció en Alemania, mientras estudiaba con una becaza del estado turco. Hayid es un antiguo profesor de la Universidad de Estambul que desde que se retiró trabaja de guía en el Palacio Topkapi. Su inglés es impecable, y su alemán aún mejor. Su hija vive allí ahora, y no le tiembla la voz al decirlo: "La repudiaría. Tiene que casarse con un turco. O, al menos, con un musulmán".

Para Hayid su religion es lo más importante: "Sin fe no se puede vivir". Me da cierta envidia, lo tiene tan claro que no duda. La religión le traza el camino y él lo sigue. Yo, que no sé lo que es tener una fe así, dudo todo el tiempo. León también tiene fe. Reza cinco veces al día, pero da a sus hijos la libertad para creer en cosas distintas a las que cree él. Huseyin es "muslim, but not supermuslim", así que no tiene conflictos si el canto del muacín entra por su ventana a las cinco de la mañana y le pilla frinkando.

Aunque la vida era más sencilla de pequeño, cuando se levantaba sólo para jugar al fútbol, iba al colegio para poder jugar al fútbol en el recreo, quedaba con los amigos para jugar al fútbol. Cuando todo era fútbol.

lunes, agosto 23, 2010

La tele que yo quiero


El día 15 cumplí años (33). Lo celebré dos veces, una con la BeFamily y otra con mis amigos, pero en ninguna de las dos ocasiones hubo tarta... ni velas que soplar. El otro día, mientras le daba vueltas a si eso significa que voy a tener mala suerte por siempre jamás o sólo durante los próximos 12 meses, pensé en qué deseo pediría. En qué querría, si pudiera tenerlo todo.

Quiero una tele. Una cadena de TV, vaya.

En esa tele yo sería la jefa, y tendría todos los medios del mundo para hacer lo que yo quisiera y contratar a quien a mí me diera la gana.

Yo tendría un programa que se llamaría "Animales Políticos". Llevaría gafas de Tom Ford y pelazo, como la chica de la foto, vaya, pero con vestidos de Oscar de la Renta. Haría entrevistas a políticos -Duran i Lleida vendría una vez al mes- y famosos -no sé, Xabi Alonso, Clint Eastwood o los Hombres G-, y la tertulia política sería la mejor de la tele mundial, por incisiva, por divertida y por rigurosa. Mi tertuliano estrella sería Javi Quimicefa (visiten su tuiter).

El Hombre Malo presentaría y dirigiría "Qué Grande es el Porno". Una vez a la semana, elegiría una peli y después de la emisión dirigiría la tertulia. Sus tertulianos serían Fernando Marías, Oti Rodríguez Marchante, Eugenia Rico, Beatriz Preciado y Leticia Sabater. Primero, el Hombre Malo haría un breve resumen de lo que pasó el año de producción y repasaría la carrera del director y los actores... y luego cada uno comentaría por turno su escena favorita.

StreetGirl sería la nueva Eva Nasarre -sólo que en pibón sexi-, dando clase de Pilates a todos los españoles. Punto de Luz tendría un programa de bricolaje, jardinería y animalitos. Cattz tendría un programa de cocina que haría que todos los hombres y mujeres del mundo se enamoraran de ella. Tow hablaría sobre manga, introduciendo a las niñas de 13 años en el maravilloso mundo del comic japonés. Xisca tendría un visionado comentado de Expediente-X y Twin Peaks. Scarlett Witch tendría una tertulia de deportes, con un plantel de colaboradores que compensara un poco su colchonerismo. Mr Daine tendría un programa cultural y de tendencias llamado "No sólo empotra", y Chris Evans vendría a presentar allí todas sus pelis. Miss X haría un programa de makeovers vintage, uno en el que llegaras diciendo "a mí lo que me mola es el look de los 20" o "yo quiero ser como Audrey" para que ella te enseñara todo lo que necesitas.

No habría pitonisa nocturna, habría un Chamán. Ya tengo el cástin hecho, será el amigo del mezclador de mi programa, que la primera vez que salimos de copas nos leyó a todas y flipamos mucho.

Efe tendría un microespacio en el que, con un A3 y un rotulador, iría dibujando personajes históricos o de ficción mientras cuenta su historia. Lo que quiero es una especie de José Ramón Sánchez del siglo XXI. Lorz tendría algo parecido pero con marionetas en lugar de los dibujitos: "Los Lorzañecos".

El programa de cine de Eme A se llamaría "Antes la gente pagaba por ver esto". Emitiría pelis como "Cristobal Colón, de oficio descubridor", "Que vienen los socialistas", "El liguero mágico" y "Yo hice a Roque III". El iría en plan Carmen Sevilla, dando de merendar a los participantes en las pelis que aún quedaran vivos.

Roger Fossil tendría otro programa de cine, "Dancing in the Screen", que sería -por supuesto- de cine musical. Somófrates tendría un consultorio romántico-sentimental. Sería de 13 a 14 horas, justo antes de las noticias, y se llamaría "Amor Duro". Isabelo tendría un programa de música a las mil de la mañana, después del Chamán. Pondría videos de rock, el programa llegaría a ser mítico y la gente lo seguiría recordando con cariño 30 años después.

El de Noa también sería de música, pero de música en directo. Se dedicaría a recorrer el mundo, de festival en festival, de concierto en concierto, por todos los países, por todos los continentes. Haría una presentación, entrevistas a los grupos, y daría paso al concierto/festival, que sería la caña y se oiría de coña.

La Perri tendría bastante curro. Su trabajo habitual sería viajar por el mundo como reportera, en países remotos, conflictos armados, catástrofes, eventos que cambian el rumbo de la historia... pero durante la semana de la moda de Milán, NY, París, Londres o Tokio tendría que viajar para allí para contarlo todo.

Misia tendría un programa llamado "Danzarines por el mundo". Recorrería el planeta, Autralia, Nepal, EEUU, El Gongo, descubriendo qué se baila en cada sitio, Moscú, China, Perú, Kenia, aprendiendo los pasos... y cerrando cada programa con una exhibición de lo aprendido. La pregunta que todo el mundo se hace es: ¿iría vestida como los nativos de los distintos sitios? La respuesta: ¡Aaah...! Por si acaso, se ha pedido una hora que tenga poca audiencia, pero me da que iba a marcar máximos.

Mi becaria MeriBella sería mi "reportera de La Sexta". Para foguearse y aprender antes de decidir qué quiere hacer, se dedicaría a hacer reportajes, ir a eventos y hacer entrevistas, todo esto ataviada con vestidos superbonitos. Y tendría su propio becario. Y si luego quiere un programa magacine, adelante.

Jónatan Sark se encargaría del late show, que se llamaría "El Too Late Show" o "Esto es espantoso". Se pondría delante de la cámara, con una taza de chocolate caliente en la mano, y empezaría a despotricar sobre lo que ha pasado. Comentaría la prensa, las noticias, los cotilleos... un poco como hace en casa cada noche, pero para el público general.

Este verano, en lugar de mierdas y reposiciones varias, en mi tele se hubiera emitido Luther, Sherlock, Svetlana, Neighbours from Hell, Pretty Little Liars y la nueva temporada de Royal Pains. Y, seguramente, Persons Unknown. Eso sí, muy de madrugada para que no moleste a la gente normal que no es como mis compis de piso, que la están disfrutando como locos.

En un mundo ideal, yo tendría una tele así.

martes, agosto 17, 2010

Vida

Mi figura se recorta sobre las rocas de la pequeña cala. He caminado por el pequeño acantilado que parte de la playa y que da forma a esta cala mallorquina hasta llegar al final del recorrido. Me quedo parada sobre la roca: detrás, los pinos, delante el mar y la otra orilla de la cala. A mi derecha alta mar. A mi izquierda el camino y, algo lejana, la playa, donde he dejado a Miss X tostándose al sol. Estoy parada sobre la roca. Disfrutando.

Tengo los ojos saturados de los azules y verdes del mar, del color del cielo, de las tonalidades de la piedra, del verde de los pinos. Veo a mis pies el agua transparente, tanto que se puede atisbar qué hay en el fondo: bajo el verde claro fina arena, bajo el azul oscuro las rocas.

Corre el viento por toda la cala, llega desde alta mar, fresco, y me hace tomar conciencia de mi piel seca y cubierta de sal, del movimiento suave de mi pelo sobre mi espalda, de mi bikini aún húmedo. El sol está en lo alto del cielo despejado, haría bastante calor si no fuera por esta bendita brisa marina que resuena y me llena los oídos. Es lo único que oigo: la playa ya queda demasiado lejos como para hacerme llegar sus ruidos y la dirección del viento no le ayuda, sino que me permite estar ahí, aislada. Cierro los ojos. Noto el sabor del mar en la boca. Me lleno de aire los pulmones y hasta ahí me llega el olor de los pinos y del mar.

Me acerco más al borde de las rocas. Me gustaría bañarme: tengo calor y el agua está tan limpia y transparente que me llama. Parece mucho más apetecible que el agua que he dejado atrás, en la playa. Pero hay unos cuatro metros de caída hasta el agua. Se me encoge un poco el estómago al pensar en el salto. Sé que no es mucha altura, pero no puedo evitar que me dé un poco de miedo: no controlo bien la profundidad, estoy lejos de la orilla, las rocas están cerca. Parece seguro, he visto a algún que otro bañista tirarse desde aquí (y a otros cuantos renunciar al salto) pero no puedo evitar la sensación de vértigo al asomarme. Doy unos pasos hacia atrás.

Repaso las sensaciones que sé que se avecinan si salto: coger mucho aire, saltar y caer durante un breve instante por el aire. Entrar de golpe en el agua fresca, quedar envuelta totalmente por el mar y por miles de burbujas. Permanecer en suspenso unos instantes ahí abajo, inmóvil y finalmente impulsarme hacia arriba, braceando y pateando con fuerza. Salir a la superficie e inspirar hondo, feliz.

Vuelvo a avanzar. No está muy cerca, el agua. Miro al fondo. Se me vuelve a encoger el estómago.


Me lanzo.

viernes, agosto 13, 2010

Alianza de Civilizaciones (Vacacionacas en Estambul 1/5)


Ya he vuelto de la primera parte de mis vacaciones y tengo que decirlo: me ha encantado Estambul. He descansado, he visto sitios preciosos, he comido como una princesa, he aprendido mucho, he conocido gente estupenda ¡y he recibido la visita de las musas! Así es, amiguitos: habrá posts -sí, postS, en plural- inspirados por el viaje, habrá reportaje fotográfico, habrá aventuras, humor y amor. Hoy, la primera entrega, con un poquito de autoescarnio.

Me encanta viajar. Me encanta llegar a un sitio nuevo, hacerme una composición de lugar y empezar a recorrerlo para formarme una opinión, para reescribir por mí misma las ideas que haya podido leer en periódicos, novelas o guías de viaje. Mi compañera de aventuras en esta ocasión ha sido Noa. Si hubiera que describir nuestros perfiles de viajeras en dos palabras, yo sería una "risk taker" y ella una "tía prudente".

Y así estaba la cosa, Noa y yo por las calles de Estambul, driblando los piropos, las preguntas políglotas y las invitaciones a cenar, con nuestra guía Lonely Planet y un mapa, buscando restaurantes con terraza en la azotea, porque Estambul hay que verlo desde arriba. Y allí estábamos en nuestra segunda noche, en una terraza en un cuarto piso con las más maravillosas vistas a Santa Sofía, hablando de lo mucho que nos estaba gustando la ciudad.

-Me encanta viajar. No sólo por ver sitios y hacer cosas, sino por las personas que conoces. Si no te relacionas con la gente, ¿para qué viajar? No merece la pena, casi puedes quedarte en casa.

Ésa era yo, poseída por el gran Manitú de la multiculturalidad, como casi siempre que viajo.

Nuestro camarero en esa ocasión era una especie de clon del príncipe Eduardo (ew!), pero era majete y bastante profesional. Se adelantaba a nuestras necesidades, nos atendía perfectamente, buscaba los mejores planos para sacarnos bonitas fotos con la iglesia/mezquita/museo al fondo, contestaba a las preguntas de Noa sobre religión, nos invitaba a tés y a raki (licor de anís)... y todo esto sin ser pesado, ni intentar ligar, ni decirnos lo guapas que somos, ni... Un soplo de aire fresco en un país en el que, en palabras de Noa, "están las 24 horas del día intentando ligar: son como los italianos, sólo que no descansan nunca".

Y cuando terminamos de cenar, el chico nos dijo:

-Vamos a salir unos amigos a tomar algo y bailar, ¿os venís?

Yo dije:

-¡Fenomenal!

Noa dijo:

-¡Ni de coña!

Nos miramos, el chico nos dejó discutiéndolo. La conversación fue como sigue:

-¿Por qué no?
-Porque no les conocemos de nada.
-Pues ya les conoceremos.
-Es correr un riesgo innecesario, Be. Si quieres ir de copas, nos vamos solas.
-Pero es que la gracia es, precisamente, ir con gente de aquí. Es la única manera de ver el verdadero Estambul.
-Ya. Y si resultan ser unos psicópatas violadores, ¿qué?
-Bueno, como a donde vamos es un bar lleno de gente, pues no creo que nos lleguemos a enterar. Pero además, mira al pobre Eduardo, ¿tú crees que tiene malas intenciones?
-Be, éste lo que quiere es ligar contigo.
-¡Que va! ¡Pero si no ha sido nada pesado! Lo que quiere es conocer gente.
-Claro. Pero conocer gente en el sentigo bíblico.
-Que no, mujer, que no todos van de ese palo. Anda, anímate. Si total sólo es bailar y charlar; a mí cuando viajo me gusta conocer gente, ver cómo viven, qué les interesa, qué les preocupa, qué le piden a la vida...

Y en ese momento apareció Eduardo con un papel doblado... que resultó ser una notita para mí.

Decía:

"Please come one floor downstairs, I have something important to tell you".

Mierrrrrda. O era de la CIA o Noa tenía razón. Mientras yo refunfuñaba, Noa se partía de la risa y doblaba la propina del chaval.

Bajamos juntas las escaleras, pero Noa siguió bajando cuando el chico se acercó a hablar conmigo. Y ahí me quedé yo, sola ante el peligro.

-¿Has leído mi nota?

-Sí. Oye, mira, que estamos supercansadas, nos vamos al hotel.

Y entonces dijo una frase que escucharíamos miles de veces a lo largo de los siete días de viaje:

-You broke my heart...

Lo que me dieron ganas de romperle fue la cabeza. ¡¡Hacerme perder una discusión de esa manera tan tonta!!

-Piensa en positivo, Be: Zapatero estaría superorgulloso de tu apasionada defensa de la Alianza de Civilizaciones.

jueves, julio 29, 2010

F5

F5. F5. F5. Por dios, cuándo colgarán las dichosas listas en la web. F5. F5. Nada, que no salen. F5. Me voy a tender la ropa. Vuelvo tras haber colgado sólo la mitad de la colada: en estos minutos podrían haber salido las listas y yo ahí, tendiendo camisetas. F5. Nada. Vuelvo a tender camisetas. F5.

Y así he pasado días, sobre todo mañanas, perdidas dándole al F5 en plan obsesivo compulsivo. Comprobando con otras páginas que sí, que el F5 funciona, que internet no se ha quedado congelado.

No es la primera vez que me pasa, ni mucho menos. Esta vez es cuestión de trabajo, pero lo de obsesionarme con el F5 o con entrar una y otra vez en determinados sitios me ha pasado en otras ocasiones (no mucho, menos mal): ese mail de respuesta que esperas, comprobar si esa persona se conecta al messenger o no, ver si ese blog actualiza por fin...

Al final acabo rabiosa, porque he perdido el tiempo de forma miserable y en el rato en el que podía haber visto series, leer o salir de casa, he estado ahí, dándole al F5. Porque claro, por mucho que intentes hacer otras cosas sigues pendiente del ordenador y en cada párrafo, tras cada escena de la serie, lo dejas para ir a darle al dichoso botón. Lo dicho, acabo rabiosa y con el F5 desgastado.

Al final consigo hacer lo que debería haber hecho horas antes: apagar el ordenador, arreglarme y largarme. Y sí, cuando vuelves a casa a las mil te da un vuelco al corazón porque por fin han salido las listas. Salieron cinco minutos después de coger la puerta e irte... ley de Murphy, supongo.

Post-post: Al final salieron las dichosas listas. No tengo la plaza, como ya sabía, pero me quedé bien en la lista de interinos, aunque no tan bien como debería: hubo un fallo y no me contaron puntos que eran legítimamente míos. Más nervios. Reclamación. Más mañanas de F5, comprobando si las cosas se arreglaban o no. Salen las listas: mejora mi posición. Respiro aliviada: si todo va bien, el curso que viene casi seguro que tendré trabajo. Pero me quedan un par de mañanas de F5, hasta que salgan los últimos llamamientos del verano, ya que la administración se para en agosto hasta septiembre. Me quedan sólo unos días de nervios y TOC. Después estaré tranquila, sabiendo que hasta septiembre no tendré que darle más al F5.

martes, julio 27, 2010

Diez tíos -diez- con pinta de empotrar


Mi becaria MeriBella, que además es amiga y una constante fuente de inspiración, me recuerda cada cierto tiempo lo poco que posteo por estos lares. Ella, mi hermana Ro, mi amigo iBoy y Walita son los que de cuando en cuando me meten presión para que actualice, así que quiero dedicarles este post.

Un post conceptual. Un post sobre hombres. Un post sobre el concepto "empotrar" y hombres que tienen pinta de hacerlo. Un TopTen.

Empecemos, primero, por el concepto. Por la "pinta de empotrar". Es un concepto de MeriBella que entró en nuestras vidas una tarde que una de mis amigas dijo que mi compañero de piso Mr. Daine tiene pinta de empotrar, y todas estuvieron de acuerdo. Desde entonces ha sido el protagonista de muchas de nuestras conversaciones (el concepto, no Mr. Daine).

Un tío con pinta de empotrar es uno que si te coge te empotra. Uno que no sólo tiene la intención de empotrarte sino la capacidad para ello. Por ejemplo, Guillem Gisbert -el cantante de Manel- tiene pinta de poder empotrar, pero preferir por lo general actividades sexuales más tranquilas. En el extremo contrario, Ryan Phillippe parece que sí tiene ganas pero empotrar no le sale, no le ha salido nunca, ni le saldrá jamás. En resumen, tener pinta de empotrar consiste en parecer activo y poderoso (como Dixán Ultra).

Establecido el concepto, pasemos a los hombres. Aquí tienen el Top Ten.

10. Seal
Seal Henry Olusegun Olumide Adeola Samuel. Inglés, nigeriano, arquitecto, cantante, ganador de varios Grammy, enfermo de lupus, marido de Heidi Klum, padre de cuatro hijos, bestia parda.

9. Adam Baldwin
Se llama Adam Baldwin pero no es "un" Baldwin. Sin ser el que más me mola de Firefly ni de Chuck, sí que es el que más pinta de empotrar tiene de ambas series -de Angel no, porque está Él-. Cantemos todos juntos la balada de Jayne: Ah, Jayne, the man they call Jayne!

8. Sawyer
Me da lo mismo cómo se llame el actor, o si a partir de la mitad de la segunda temporada (cuando dejé de ver Perdidos) se vuelve blandito y soso -juraría que no-: Sawyer es lo más, y sin él un TopTen de pinta de empotrar estaría incompleto.

7. Vincent Cassel
Otro imprescindible en esta lista. No es que tenga pinta de empotrar, es que él es la pinta de empotrar. Y una vez le dijo cositas a LaPerri, lo cual significa que tiene buen gusto con las chicas (como se puede ver en este gráfico).

6. Gerard Butler
Este señor lo mismo sale en 300 que en el Fantasma de la Ópera que en el SNL, consiguiendo mantener la pinta de empotrar en cualquier ecosistema. Y es escocés, lo que es un +2 en empotrabilidad.

5. Iker Casillas
Me vais a perdonar que de éste ponga dos fotos, es que Iker me mola mil. En cuanto a su empotrabilidad, no hay más que ver el beso. Iker tiene pinta de empotrador versátil: cuando quiere, empotra, y cuando no quiere, no empotra pero sigue molando. Como debe ser.

4. David Boreanaz
Tanto de Angel como de Booth, este actor insufla a sus personajes no de un hálito de vida sino de una pinta de empotrar que tira de espaldas. Venga, señores, si le gusta hasta a Efe!!

3. Luis Figo
Una de las cosas más me impresionaban cuando era becaria en RadioEstar eran los famosos que aparecían un día sí y otro también. El que más me impresionó de todos fue Figo, que no me lo esperaba, era muchísimo más guapo de lo imaginable y su pinta de empotrar se percibía desde la otra punta de la redacción.

2. Hugh Jackman
Yo creo que no está el número uno porque hace un tiempo que no veo una peli suya, porque a Hugh Jackman le he hecho un post a él sólo, que aunque no iba de la pinta de empotrar no creo que nadie se la discuta. ¿O sí?

1. Xabi Alonso
Tengo una postura muy concreta respecto a Xabi: me encannnnnnta. Y eso que este finde estaba yo en casapadres leyendo el ¡Hola! cuando me topo con unas fotos suyas en la boda de Lorena Bernal y Mikel Arteta. Mi conclusión, que Xabi está más guapo en uniforme de futbolista que de traje. Casi lloro. Peeeero por suerte en el 10 Minutos apareció una foto suya en la playa con su hijo. Mi comclusión, que está aún más guapo en bañador. Y todo acompañado de mucha pero que mucha pinta de empotrar.

¿Y vosotros/as qué opináis? ¿Quién falta en la lista? Y lo más importante: ¿la pinta de empotrar nace o se hace?

miércoles, julio 21, 2010

Living la vida opositora

Por fin han acabado los exámenes de la oposición. Los he aprobado, pero he sacado una nota mediocre que no me valdrá para hacerme con la plaza. Paciencia: a la siguiente, o la siguiente, o a la siguiente, o... la sacaré. Mientras tanto cruzo los dedos para seguir teniendo un buen puesto en la lista de interinos y seguir trabajando este curso.

Los meses anteriores a la oposición y la época de exámenes han sido un horror. Me pongo de los nervios y aflora lo peor de mí, en distintas facetas. Porque estando de oposición, o bajo presión continuada durante un tiempo, una saca los más variados estados de ánimo y ninguno demasiado normal. He oscilado, sin demasiada transición, entre varios estados:

Histerismo: me entraba el nervio y no podía dejar de botar de un lado a otro. Al grito de "¡voy a suspender!" me daba carreritas por el pasillo, se me desbocaba el temblor de piernas, el temblor en el ojo, el nudo en la garganta. Tenía que saltar de la cama después de dar diecisiete mil vueltas sin poder dormir. Mi chico me prohibió terminantemente el café (¡el café! le hice caso... menos algunas tardes en la biblioteca, que sino no había quien estudiara con el calorcito a las cuatro de la tarde). A veces me venía a la cabeza esto. Al hilo del histerismo, llegaba el siguiente estado de ánimo:

El catastrofismo: yo soy exagerada de naturaleza y a ratos un poco pesimista, pero los nervios me lo exacerban. Entre los nervios y el pensamiento negativo, entraba en un bucle "oh, estoy nerviosa, oh, voy a suspender, oh, estoy muy nerviosa, oh, voy a suspender con indignidad y no estaré ni en la lista de interinos. Oh, estoy muy nerviosa. Oh.... VOY A ACABAR EN EL ARROYOOO". Porque sí: en la espiral descendente en mi cabeza todo empeoraba hasta el infinito y más allá y me visualizaba sola (toda mi familia, mi novio y naturalmente la gatina me habrían dejado por ser una inútil) y viviendo debajo de un puente.

Ñoñez: de repente me entraban unos ataques malísimos de ñoñez brutal y acababa llorando por cualquier cosa. No sabéis la de lagrimones que se me han caído con el anuncio dichoso de Pavofrío, por ejemplo. O la hora y pico que me tiré llorando porque rompí la taza favorita de mi chico (sí, el momento torpe ha continuado desde que escribí el post). A veces la ñoñez se me mezclaba con la tristeza y era un apagayvamonos. Insoportable, sobre todo cuando iba por la casa reclamando mimos con voz ñoña. La gatina huía en cuanto oía ese tono lastimero que se me pone. Mi novio no se atrevía a huir (tanto) porque sino podía invocar al siguiente estado de ánimo, la Misia berserker, que era incluso peor.

Cabreo supino: a ratos me entraba la vena berserker y, poseída por la ira, iba dispuesta a morder a todo lo que se me pusiera a mi alcance. Ver la tele conmigo en ese estado era un horror: un chorro de insultos salía de mi boca: "¡pero has visto a ese imbécil! ¡cómo se pueden decir tantas tonterías juntas! se merecería que blablablabla". Mi señor novio iba apartándose a un rinconcito del sofá, se parapetaba tras un muro de cojines por si acaso y me miraba con cara de flipe. Supongo que algo tenía que ver con que todas mis frases acabaran con un "pues se merecería una muerte lenta y dolorosa, a ser posible con despellejamiento incluido".

Al final acabas con la sensación de que vas a tener que llamar a una tropa de psicólogos, a unos cuantos monjes zen o a César Millán para que te equilibren un poco, antes de que el resto de la manada te mande a la mismísima porra. Porque claro, mi manada (novio+gatina) estaba a la expectativa, esperando a ver cómo aparecía yo en ese momento por la puerta, atrincherados en su despacho, ya que la oscilación era rápida e inesperada y más de una vez mi pobre sufridor iba a hacerle un mimo a la Misia ñoña y se encontraba con la Misia berserker. El pobre. Así que ya os podéis imaginar el alivio que ha sido pasar el examen, sobre todo para ellos. Cuando acabé el examen me recibieron por la puerta así:

- Gatina, ¡el ser del inframundo se ha ido y nos han devuelto a Misia!

Los pobres no contaban con que quedaba el segundo examen, la salida de las notas, el periodo de reclamación y la espera de las listas. Urf.

Post-post: Nene, he etiquetado este post como Amor porque está claro que me quieres un montón, me has soportado tan bien... Sorry.

viernes, julio 09, 2010

¡Secuestrados!


Exceptuando alguno que está enterrado bajo varios palmos de cal viva, suelo llevarme bien con mis ex. Como creo que los humanos somos muy de seguir pautas, me fijo en cómo se llevan con sus ex anteriores, ya sabes, por si algún día me toca a mí formar parte del club. Y por lo general la cosa ha ido muy bien. Algunos son buenos amigos míos, a la mayoría les tengo cariño, de todos guardo buenos recuerdos.

Y ellos de mí. Sobre todo algunos.

¿Sabes cuando terminas con alguien y quedas para devolveros mutuamente vuestras cosas? Bueno, pues hay algunos que se resisten. Aquí va el TopTres de secuestros (no los más recientes, ni los más sangrantes, sino los que más me chinchan):

Secuestrado nº3: El tercer CD de los Cranberries, To the Faithful Departed. Hace millones de milenios se lo presté a un chico con el que estaba viviendo un rollete de verano. El verano se acabó, el rollete también... y aunque nos seguimos viendo el chico se resistió con uñas y dientes a devolverme el disco. Hasta el punto de que se lo quedó.

Secuestrado nº2: Mi maravilloso Harry Potter y la Piedra Filosofal en inglés. Tengo todos los libros en los dos idiomas, incluyendo Quidditch Through the Ages y Fantastic Beasts and Where to Find Them, sólo me falta ése. Se lo presté a un "amigo" para que practicara el idioma. Se fue a vivir a Londres. Volvió. ¡Y mi libro sigue en su poder! Le veo casi a diario, de vez en cuando menciona el libro, pero no hace ni el más mínimo ademán de devolvérmelo. Yo hace mucho que perdí la esperanza.

Secuestrado nº1: El primer volumen de la saga de Geralt de Rivia, de Andrzej Sapkowski. Después de darme la vuelta del revés, me devolvió los de Canción de Hielo y Fuego, pero no El Último Deseo. De vez en cuando quedamos para comer juntos o a dar una vuelta en moto, pero del libro ni la sombra. Mamonazo, si me dijiste que tampoco te había molado tanto.

Que ya sé que me lo podría volver a comprar todo, y en otros casos lo he hecho, pero por alguna extraña razón con estas tres cosas no...

Así que al (pen)último chico que se ha quedado a dormir le he hecho leerse Pégate un tiro para sobrevivir por entregas mientras yo dormía. Ni de coña iba a dejar que lo sacara de casa.

viernes, julio 02, 2010

Las chungas de nuestra vida: la perra del hortelano

Hoy publicamos nueva historia de los chungos de nuestra vida. En esta ocasión es chunga-perra (del hortelano) y viene de la mano de nuestra querida Corkiana.

Esta historia es un poco larga, intentaré resumirla lo mejor posible. Conocí a la futura chunga (a la que llamaremos C, de chunga) hace ya unos años, estando yo en la universidad. Era la mejor amiga de un amigo de clase y desde el primer momento me llamó la atención. Poco a poco me fui colgando por ella, a pesar que de entrada sabía que ella era hetero (o eso creíamos todos) y acabé enamorada de ella de una forma bastante patética y más pública de lo que me hubiera gustado, pero, sin embargo, llegamos a ser amigas. Recuerdo esas noches de verano en que nos quedabamos en su casa hasta las tantas, compartiendo confidencias y viendo películas tumbadas en su cama. La palabra frustación existe para definir esos momentos en los que físicamente sólo unos centímetros me separaban de ella y todo contacto estaba vedado.

Convencida de que no se le puede pedir peras al olmo, y dado que C seguía empeñada en su heterosexualidad, yo opté por buscar otras mujeres que sí que estuvieran interesadas en mí, (que tampoco se trataba de torturarme gratuitamente) así que junto con dos amigos nos dedicamos a quemar los fines de semana en bares de ambiente, donde yo de cuando en cuando ligaba (más bien poco). Se podría decir que hasta este punto la chunga soy yo por liarme con otras por despecho, pero, en realidad, el verdadero despecho llegó cuando después de meses de tonteo, supuestamente inocente, C se lió con otra tía (a la que llamaremos O, de otra, y que además tenía una novia a la que todos conocíamos).

Chunguería número 1: Venir a bailar "Devuelveme la vida" (de David Bustamante) conmigo 30 segundos después de haberse liado con O y dejarme el calentón como premio de consolación.

Eso sí que me impulsó a poner mujeres y tierra de por medio, porque no podía soportar verlas juntas. Tanta tierra quise poner por medio, que me fuí de Erasmus un año.

Chunguería número 2: Darme un morreo de despedida horas antes de irme, en el portón de mi casa, a sabiendas de que yo no había salido del armario con mis padres.

El año pasó entre cervezas y alguna que otra irlandesa, y justo después de volver conocí a la que hoy sigue siendo mi pareja, a la que llamaremos N (de novia). Feliz como estaba lo compartí con mis amigos, incluida C.

Chunguería número 3: Mirar mal a N al minuto de conocerla y sin haber cruzado palabra con ella. (¿Estamos ante un típico caso del perro del hortelano?)

Ese momento fue el principio del fín. Al principio pensé que N exageraba un poco por celos. Yo seguía quedando con C porque aún la consideraba mi amiga, y dejaba a claro a N que sus celos eran infundados, (que lo eran)...

Chunguería número 4: Venir a saludarme y quedarse a escasos centímetros de mi cara...como si fuera a besarme, o ponerme la mano en el muslo cuando estabamos cenando todos por ahí, siempre asegurándose de que N estuviera para verlo.

A todas estas, ella se echó novia (que por cierto era lo opuesto de O) y empezó a distanciarse del grupo, además yo cada vez veía las cosas más claras, y empezaban a mosquearme sus salidas de tono, hasta que un día de esto pasó esto:

Chunguería número 5: Tomarse la libertad de tocarme el culo, mientras estoy besándome con N en un bar.

Después de eso, la siguiente vez que la ví, la llevé aparte para hablar y llamarle la atención por lo que había hecho, primero lo negó, después le quitó importancia y después dijo que no lo volvería hacer, aunque en realidad, lo que no volvió a hacer fue saludarme.

Para rematar esta historia, en mi ciudad no hay muchos bares de chicas, así que todos los fines de semana que salgo nos cruzamos, y por supuesto no nos hablamos, pero de vez en cuando...

Chunguería número 6: Hacerle muecas burlonas a N cuando se cruzan en el bar.

Vamos, que nunca llegué a salir con ella, pero creo que reune requisitos para ser considerada una chunga de libro.

martes, junio 29, 2010

Parecidos de familia

Tenemos el blog un poco parado. Menos mal que amistades y comentaristas nos echan un cable y nos han enviado algún post (próximamente, nuevas ediciones de los chungos de nuestra vida). Hoy tenemos un post invitado, enviado por mi querida Adalias. Disfrutadlo.

Parecidos de familia


Me imagino que (casi) para todo el mundo debe ser un orgullo que te digan: “¡¡cómo te pareces a tu hermana!!” o “¡¡tú hermano/a y tú sois clavaditos!!” (máxime si tu hermano mide 1,95, es rubio y de ojos verdes y tu hermana una sílfide pelirroja…como los míos).


Y esto, me lo imagino. Porque en mi caso, eso nunca ha ocurrido, debido a mi extremado parecido a la rama paterna de mi padre y al hecho de que mis hermanos y yo seamos sólo parientes por rama materna. Cosa de las familias disfuncionales de hoy en día.


La cosa nunca me había importado, más bien al contrario, ya que hacía que me sintiera orgullosa de la belleza de mis pequeños, y esperanzada de que el compartir madre tuviera alguna consecuencia.


Hace unos días mi hermano se graduó en la universidad. Un motivo más de orgullo. Y allí acudimos toda la familia (mi hermana, mi madre, su marido y yo) a aplaudir al muchacho. Después, como todo acto solemne que se precie, hubo un vino con su correspondiente catering, para que los homenajeados tuvieran la oportunidad de confraternizar con sus padres y con los padres de sus compañeros.


Mi hermano, como buen anfitrión, nos presentó a los padres de uno de sus mejores amigos. El padre, encantador y bastante discreto. La madre…ainnns.. la madre… le faltaba la silla en la puerta y el corral de vecinas, y sobretodo, le faltaba un candado en la boca o un bozal.


Esta Señora Bocachancla, nada más ver a mis hermanos, dijo, en un tono que habría dejado a Montserrat Caballé a la altura del betún: “Pero que guapísimos que son!!!!!!! Pero cómo se parecen!!!!!!!! Si es que son dos querubines!!!!!! Pero qué guapos!!!!!! Pero qué bellos!!!!!! “


Y justo en ese momento, mi madre, me señaló a mi diciendo: “y esta es mi hija mayor”. Y sí, ahí aparecí yo, con mis ojos castaños, mi pelo castaño y un rostro nada angelical.


La Señora Bocachancla, se quedó parada, pero sólo una décima de segundo, ya que las palabras empezaron a salir de su boca a borbotones “Perooooo ¡¡¡¡¡¡si TÚ NO TE PARECES EN NADA!!!!!!!! ¡¡¡¡¡¡Es que me dicen que sois hermanos y no me lo creo!!!!!!!! Es que, oyes, nada de parecido, ¿¿eh?? ¡¡¡¡Nada de nada!!!!!!


Eso originó la siguiente conversación:


Adalias (a mi madre): Díselo.


Madre: No.


Señora Bocachancla (de fondo, a modo de banda sonora): ¡¡¡¡¡ES QUE NO OS PARECEIS EN NADAAAA!!!!!!! ¡¡¡¡¡Es que me dicen que eres adoptada y me lo creo!!!!!!


Adalias: que se lo digas.


Madre: que no.


Señora Bocachancla: ¡¡¡¡PARECE QUE TE HAN CAMBIADO LOS GITANOOS!!!! (Su tono de voz se parecía ya a un megáfono).


Adalias: Se acabó.


En ese momento, en mi rostro se formó esa sonrisa de “ainns japut*… te vas a c*gar…”


Adalias a Señora Bocachancla: No, miré usted, lo que pasa es que soy hija del primer matrimonio de mi madre, y me parezco mucho a mi padre, no tengo el gusto de haber sido cambiada por los gitanos.


A la Señora Bocachancla, en ese momento, le pusieron un tapón en la boca. Su rostro empezó a ponerse primero rojo y luego carmesí…y casi, sólo casi, se le saltaron las lagrimas de la situación vergonzosa de la que estaba siendo protagonista.


Su cara, para mi, fue todo un triunfo y un consuelo del mal rato que me había hecho pasar. Su cara y la estrepitosa carcajada que soltó su marido a la vez que decía: “¡Si es que no mete más la pata, porque no se entrena!”


(Lo sé, soy mala. Pero hay que ver como lo disfruto a veces)

lunes, junio 21, 2010

Yo fui una cougar (post)adolescente


Cougar: dícese de las mujeres mayores, glamourosas y poderosas que se lían con hombres más jóvenes que ellas. Ver Demi Moore, Kylie Minogue, Halle Berry, Madonna.

Un concepto muy 2009 pero que llegó a mi vida, sin que yo pudiera sospechar que se llamaba así, en el verano de 1999.

Yo tenía 21 años, un grupo de amigos tan descerebrado como yo y todas las ganas del mundo de pasarlo bien. En aquellos tiempos hacíamos locuras como colarnos en fiestas de desconocidos (actividad que funcionaba sorprendentemente bien). Una noche de junio, tras tabernear unos vinos y cuchichear unas margaritas, vimos que había fiesta en una casa que nos era familiar: la de Enrique, un pintor treintañero muy interesante que daba unas fiestas legendarias y al que de hecho conocíamos de colarnos en una de ellas. La primera había ido fenomenal, así que decidimos volver.

Artistas, escritores, DJs, músicos, periodistas, faranduleros varios. Nos (re)presentamos a Enrique, que nos aceptó graciosamente en su fiesta. Bailamos en su salón, valseamos por sus (eternos) pasillos, charlamos con su perra (Luna), confraternizamos con sus amigos. Y entonces... tuvo la culpa i-Boy.

Vimos un chico monísimo. Guapo, jovencito, con cara de tímido pero resuelto. Encantador. Inmediatamente nuestro gaydar decidió que era gay, así que el plan de acercamiento estaba clarísimo: yo haría la primera aproximación y al rato se lo presentaría a i-Boy para una maniobra envolvente. Un poco de sana diversión (post)adolescente.

El niño resultó ser a) hetero (al menos de momento), b) colombiano, c) extremadamente sociable, d) más listo que el hambre.

En su compañía pasé a recorrer los corrillos más interesantes de la fiesta y a conocer a todo el mundo. Después me encontré sentada en un sofá como de cuento, hablando hasta las 6 de la mañana. Y cuando Enrique y su señora novia se fueron a la cama y los rezagados accedimos a dejarles su casa para ellos sólos, nosotros continuamos nuestra charla con un chocolate en San Ginés.

Y de pronto me encontré con un rollete de verano tres años menor que yo (el Niño tenía 18), inmigrante sin papeles (algo que se convertiría en tendencia entre mis amigas, en uno de nuestros momentos más perroflauta/mestizaje/lavapiés ever), pijo colombiano (introdujo en nuestras vidas la expresión "la crema de la crema de la sociedad bogotana"), y que caía bien a i-Boy (lo que desde siempre ha sido señal de que me iba a salir rana seguro).

Y entonces una tarde nos encontramos con mi padre por casualidad. No tuve más remedio que hacer las presentaciones, y luego esperar el chaparrón en casa.

Pero el chaparrón no llegó, y yo me preocupé. Así que le pregunté a mi padre.

-¿No me vas a decir nada de mi amigo?

-No sé, Be, no puedo decirte mucho. Es un niño. Y da la mano así como flojita.

Aquel fue el final del romance.

Bueno, el timeline fue más o menos así: Fiesta de Enrique, primeras citas con el Niño, San Fermín con mis amigos, más citas, picnics con mis amigos, paseos nocturnos y alevosos con el Niño, planes piscineros con mis amigos, encuentro de mi padre con el niño, fiestas veraniego-madrileñas con mis amigos, aparición de mi chungo Nazi, planes chupis con el chungo Nazi, conversaciones intensas con el chungo Nazi, fiestas toga con mis amigas y el chungo Nazi, paseos a la luz de la luna con el chungo Nazi, ruptura traumática con el chungo Nazi... Fue un verano muy movidito.

En fin, que al final el Niño se quedó uno de mis cds de los Cranberries, marca de la casa de mis "rupturitas" por aquellos entonces. Y yo volví a salir con chicos de mi edad o mayores. Como el chungo Nazi, que se quedó mi vinilo de Barrio Sésamo.

Dos años después, me desperté una mañana en mi casa de Londres para encontrarme una sorpresa en mi bandeja de entrada: una fotaca del Niño en el País de las Tentaciones, en un reportaje de moda, ataviado únicamente con una bufanda de Hugo Boss. La enmarqué en un cuadro de peluche de leopardo y la puse en mi mesilla. Aún está en casapadres. Porque el gaydar de i-Boy y mío sólo había tenido un pequeño desajuste temporal: al año siguiente me lo encontré de marcha por Madrid, rodeados ambos de amigos guapísimos. Hetero los míos, gays los de él: el Niño había salido del armario para nunca volver (bien por él).

¿Por qué me habré acordado de esto ahora?

El último chico que se quedó a dormir es alto, moreno, narizotas... y tiene 27 años. Eso son cinco menos que yo, así que mis amigos le llaman "el adolescente" y se empeñan en decir que tiene 12. Casi prefiero cuando me llamaban gerontofílica...

viernes, junio 18, 2010

A pesar de todo (incluida Katy Perry)


Últimamente, cada vez que me pongo a escribir un post, mi impulso es pediros disculpas por no hacerlo más a menudo. No voy a insistir en el tema porque me da la misma rabia ser una cansina que escribir posts mierdosos, pero me asusta que esta situación se retroalimente. Escribo poquísimo, pero espero que sea algo circunstancial debido a la cantidad de curro que tengo.

También creo que parte de la culpa es de Twitter, que permite contar muchas cosas en menos tiempo y con menos esfuerzo que un blog. Y de Formspring, que me permite contestar vuestras preguntas, recomendaros cosas y daros consejos, todo en tiempo record. Serán los años blogueando, será la crisis, será que me estoy volviendo vaga. En cualquier caso, aquí estoy, dispuesta a contaros tres historias... y una idea. Y ninguna de ellas tiene que ver con mi trabajo.

Historia nº 1: Había una vez un chico tan superhetero, tan superhetero, tan superhetero, que una vez les dijo a sus amigos: "Estoy tan seguro de mi sexualidad que podría pasarme la tarde comiendoos la polla a uno detrás de otro, sin dudar por ello de mi heterosexualidad".

Historia nº 2: Érase que se era un apuesto jovencito que una noche, saliendo sus amigos, se pasó horas hablando con una atractiva jovencita que respondía a esta descripción: delgada, elegante, estilosa. En un momento dado la chica se fue al baño, y el apuesto jovencito preguntó a una de sus amigas: "Oye, tu amiga esta tan guapa ¿tiene novio?" La respuesta. "¿Qué amiga? Si llevas toda la noche hablando con Darío..."

Historia nº 3: Hace mucho tiempo existió un chico de 15 años aficionado a los vídeos musicales. Una tarde, mientras veía algunos de sus grupos favoritos, decidió tocarse frente a la pantalla, mirando a la cantante del grupo Placebo. Una semana después descubrió que la cantante de Placebo era el cantante de Placebo y su nombre era Brian.

La idea: en lo que va de 2010 he besado a cuatro chicas y dos chicos. ¿Pero a pesar de todo sigo siendo heterosexual?

Mientras meditamos el asunto, disfrutemos de unos relajantes minutos musicales: