Estoy muy constipada. Constipadísima. Dar así clase es un infierno, porque se junta:
a) Tu voz de moco. La otra variante es la voz de Leonard Cohen (en una cosa de 1,64 m. y cincuenta y tantos kilos NO es sexy).
b) Los pañuelos de papel hechos un gurruño y ligeramente húmedos. Son tantos que vas dejando un rastro. Si Pulgarcito hubiese estado constipado como yo, otro gallo le habría cantado al rastro de piedrecitas.
c) El embotamiento mental. No entendía la mitad de cosas que mis compañeros o alumnos me decían. La otra mitad directamente no la oía, que esto del resfriado me deja medio sorda.
d) Pérdida de vocabulario: "este cuadro tiene unos, unos... ¿cómo se llamaba esto? esas cosas diferentes y brillantes, que son muchos... Colores. Eso, colores. Este cuadro tiene unos colores...".
En las clases del viernes puse a mis alumnos a leer en voz alta el libro, simplemente haciendo incisos para explicar palabras complicadísimas como abdicar o incautar (si pensáis que cualquier adolescente sabe esas palabras es que no conocéis a mis alumnos). A los que les tuve que explicar Arte... lo intenté, pero tras quedar patente que los mocos se me pegan a las neuronas del lenguaje impidiendo salir las palabras... bueno, pues estudiaron mucho latín, que tenían examen después.
El sábado, como no, ensayé para el espectáculo de danza oriental. Normalmente tengo poca capacidad pulmonar, pero con el catarro parecía a una marsopa en movimiento.
Con todo este panorama, fui a la farmacia. Y no, no pude pedir un antigripal, ni un Efferalgan/aspirinas/couldina o simplemente "algún medicamento contra el resfriado". No, entré decidida, me di cuenta de que iba en mi parra e improvisé:
- Hola, buenas tardes, quería un.. un... un... ANTI-MOCOS.
La farmacéutica no lo pudo evitar. Abrió mucho los ojos, intentó contenerse, pero no pudo. Y soltó una carcajada que se debió oír hasta en Murcia (los de Murcia, ¿la oísteis?).
Así que, amiguitos, aquí estoy a las seis de la mañana, desvelada desde hace un par de horas por el catarrazo y pensando que este anti-mocos que me vendió la señora no me ha hecho mucho. Mocosa, desvelada y un poquitito humillada. Hay que fastidiarse.
a) Tu voz de moco. La otra variante es la voz de Leonard Cohen (en una cosa de 1,64 m. y cincuenta y tantos kilos NO es sexy).
b) Los pañuelos de papel hechos un gurruño y ligeramente húmedos. Son tantos que vas dejando un rastro. Si Pulgarcito hubiese estado constipado como yo, otro gallo le habría cantado al rastro de piedrecitas.
c) El embotamiento mental. No entendía la mitad de cosas que mis compañeros o alumnos me decían. La otra mitad directamente no la oía, que esto del resfriado me deja medio sorda.
d) Pérdida de vocabulario: "este cuadro tiene unos, unos... ¿cómo se llamaba esto? esas cosas diferentes y brillantes, que son muchos... Colores. Eso, colores. Este cuadro tiene unos colores...".
En las clases del viernes puse a mis alumnos a leer en voz alta el libro, simplemente haciendo incisos para explicar palabras complicadísimas como abdicar o incautar (si pensáis que cualquier adolescente sabe esas palabras es que no conocéis a mis alumnos). A los que les tuve que explicar Arte... lo intenté, pero tras quedar patente que los mocos se me pegan a las neuronas del lenguaje impidiendo salir las palabras... bueno, pues estudiaron mucho latín, que tenían examen después.
El sábado, como no, ensayé para el espectáculo de danza oriental. Normalmente tengo poca capacidad pulmonar, pero con el catarro parecía a una marsopa en movimiento.
Con todo este panorama, fui a la farmacia. Y no, no pude pedir un antigripal, ni un Efferalgan/aspirinas/couldina o simplemente "algún medicamento contra el resfriado". No, entré decidida, me di cuenta de que iba en mi parra e improvisé:
- Hola, buenas tardes, quería un.. un... un... ANTI-MOCOS.
La farmacéutica no lo pudo evitar. Abrió mucho los ojos, intentó contenerse, pero no pudo. Y soltó una carcajada que se debió oír hasta en Murcia (los de Murcia, ¿la oísteis?).
Así que, amiguitos, aquí estoy a las seis de la mañana, desvelada desde hace un par de horas por el catarrazo y pensando que este anti-mocos que me vendió la señora no me ha hecho mucho. Mocosa, desvelada y un poquitito humillada. Hay que fastidiarse.







Por empezar con polémica. Auster o te mola o te parece caca. Mi catedrático de Literatura Americana le odiaba, por ejemplo (pero el buen hombre adoraba a Bret Easton Ellis, al que yo no daría ni un rincón sin barrer, oscuro y con bichos de este calendario, así que desechemos su criterio alegremente). A mí algunas de sus novelas me han gustado tanto, que le perdono las que no. Y además me parece lo suficiente perturbadoramente interesante como para querer verle desnudo.
Adoro a Arcadi Espada desde el año que hice el Máster del Universo. Le adoramos muchas (y muchos), las cosas como son. Un amigo mío fue alumno suyo y habla maravillas de él. Su blog "El Mundo Por Dentro" fue una de mis mayores diversiones del año pasado (aunque la verdad ya no sé ni si lo hace). Por motivos de trabajo le he llamado por teléfono un par de veces, y es un señor educadísimo y con una voz molona. Y guardo su número de móvil como si fuera un tesoro y yo Golum. Así que a la pregunta de si quiero verle desnudo, amigos, la respuesta es "sí".
A Haddon no me lo esperaba así. Disfruté mucho con El Curioso Incidente del Perro a Medianoche, pero me había hecho una idea de que el autor debía ser mayor, un poco oscuro y tortuoso. Y me encuentro con este chico de aspecto sano y pinta de muchachote bonachón. ¿Mola o qué?
El año pasado me leí, por fin, Sandman (de prestado y a cachitos). Ya lo he comentado un par de veces por aquí (
El Hombre Malo me prestó Las Asombrosas Aventuras de Cavalier&Clay al poco de conocernos, y aunque me costó un pelín, me moló. Se ganó el puesto en este calendario (Michael Chabon, no EHM) en el momento en que leí la parte en la que sale Dalí, aunque habrá quienes aleguen que el mérito no es de Chabón sino del propio Dalí. Me da igual. Luego vi los ojos grises preciosos que tiene y flipé. Chabón es Mayo y punto.
No le tengo cogido el punto. Claro, es que sólo me he leído El Color de la Magia, y me han dicho que hay que leer rapidísimamente el segundo… Y que a mí los que me molarían son los de las brujas… Y encima cuando me cuentan cachitos de los libros me parto… Y miren qué atractivo sale en la foto… Vamos, que lo vuelvo a intentar. Por ejemplo en junio. (Ya sé que está malito, no me lo recuerden, porfa).
Como (casi) toda chica que de pequeña quería ser periodista, en algún momento de mi vida he estado loca por los corresponsales de guerra. O por algún corresponsal de guerra. O por los corresponsales de guerra. Además M., mi mejor amiga de BUP y COU, estaba loquísima por Arturo y me lo metió por los ojos. Sí, por aquella época las novelas de este señor tenían unos finales flojillos, pero eso más o menos lo fue solucionando y tal. Y Alatriste me encanta. Y en julio hace calor. Y además seguro que el c*brón posaría de c*ña.
Mi regalo de cumpleaños. Me encanta este hombre, me apasiona, le adoro tiernamente. Me parece un hombre genio, elegante, tierno, ingenioso y con sentido del humor. I love him so much que retomaría mi largo tiempo olvidado francés para poder hablar con él o leer sus libros en el idioma original. Lo que pasa es que no tengo tiempo, sí, eso, no que mi amor sea como una veleta que se mueve con el viento. Pennac forever, llévame contigo.
En Septiembre llega la ola de pena, y lo que mejor me van son los libros molones. Los de este hombre me funcionan mejor que las dronjas y molan más que la vida misma. Le debo un "Heroínas de Ficción" a su Thursday Next, que escribiré si nadie lo remedia (va por ti, sí, tú, ya sabes a quién le digo, ejem, ejem). En fin, que es una de esas veces que espero que alguien se haga rico por el hecho de ser el autor de algo que me mola. En serio, espero que a Fforde le salga la pasta por las oreja, porque me ha proporcionado tanta felicidad… Vamos, que le querría en este calendario aunque fuera bizco y estuviera en pleno ataque de soriasis el pobre.
Porque Xisca le tiene cierto cariño, y aunque diga –por respeto a Marías, "el mejor escritor español vivo"– que no quiere verlo desnudo, yo sé que sí. Así que se lo regalaría por su cumple.
Por El Gran Gastby. Porque me hizo llorar y me pasé años recordando la fecha exacta en que leí la muerte de Gastby. También por The Diamond as Big as the Ritz y especialmente por Tender is the Night. Ahora que lo pienso, aún no he visto la de Benjamin Button… Y porque el 1 de noviembre es el Día de Todos Los Santos, y si un mes pega tener un escritor muerto desnudo, ese mes es noviembre.
¿Quién mejor para acabar el año? ¿Quién mejor? Nadie.



















