Es mi secreto mejor guardado. Mejor guardado en la blogosfera, quiero decir, y no entiendo por que, porque me encanta contarlo.
Es el autoescarnio hecho post. Peor que reconocer que me pone Juan Pardo, que fui superfan de Rubén y Santi, que me he quedado encerrada en el portal de mi loquera.
Jo, qué ganas de contarlo.
Cuando tenía diecisiete o dieciocho años estaba loca por un cantante. Pero loca, loca.
Tenía todos sus discos. De hecho me los seguí comprando durante un tiempo después de que se me pasara la locura por él. Hoy sólo me siguen gustando el primero, el segundo y el cuarto (tiene nueve) y mi prefe es el segundo (precisamente el que he perdido).
Me gustaba tanto, pero tanto, que cuando salía una canción suya en la radio me ponía supernerviosa, y si resulta que estaba estudiando tenía que parar un rato porque durante los siguientes diez minutos me resultaba imposible concentrarme.
Me encantaba.
Ese cantante era Pedro Guerra.
(Portada del segundo disco) No se confundan: yo era plenamente consciente de que el chico guapo no era. Y que tenía los dientes en arrecife. Y que nadie me iba a entender. Pero me encantaba.
Me ponía locamente, no daba grititos como las fanes de Take That, pero reconozco que se me aceleraba el pulso.
Les pongo tres de mis canciones preferidas, y les aseguro que Pedro Guerra es grandísimo en directo. Inmenso.
(Y esto es para Xisca, una rareza que igual le gusta)
Bueno, el caso es que cada vez que salía en la tele o en la radio mi familia y amigos me avisaban para que le viera/escuchara. Y así un día vi una entrevista suya en Madrid Directo en la que contaba que le gustaba mucho Madrid, a pesar de que seguía pillando millones de resfriados todos los inviernos por culpa tiempo helador, y que vivía "por allí" (sentado en la Plaza de la Paja y señalando en una dirección).
Llamé a mi amiga Pin y le dije:
-Pin, mañana no vamos a clase. Ponte zapatos cómodos que nos vamos a buscar la casa de Pedro Guerra. Mañana a las 10 (tampoco era cuestión de madrugar) en el Intercambiador de Moncloa.
Y allá nos fuimos.
Nos bajamos en el metro de La Latina, cerca de la Plaza de la Paja, y echamos a andar en la dirección en la que Pedro había señalado. Y entramos en todas las farmacias que encontramos (en algún sitio tendría que comprar el pobre el Frenadol) a preguntar si sabían dónde vivía Pedro Guerra.
En la cuarta nos dijeron que no sabían dónde vivía, pero sí dónde comía todos los días, un restaurante que estaba dos calle más allá.
En el restaurante nos dijeron que vivía en la perpendicular, pero que no sabían el número.
En la perpendicular preguntamos en un bar y nos dijeron que vivía justo en el portal de enfrente, en el número 5.
Entramos en el portal y en un buzón ponía en mayúsculas:
1ºB PEDRO MANUEL GUERRA.
Habíamos llegado.
Y entonces no supe qué hacer. ¿Subía? ¿Y qué le iba a decir? ¿Y si me quedaba sin palabras? ¿Y si decía alguna tontería? ¿Y si pensaba que era una fan psicótica que le quería matar?
Me senté en las escaleras y escribí una carta. Se la enseñé a Pin. Ella me dijo:
-No sé, Be, yo quitaría lo de que te gustaría lavarle el pelo con champú.
La reescribí, esta vez sin el párrafo dedicado a la bañera. Y subí al 1ºB.
Me abrió su asistenta. Una mujer encantadora, por cierto, que no se sorprendió mucho y me dijo que Pedro volvería en una hora. Le dejé la carta para que se la diera ella, le di las gracias y me fui.
Ah, la casa la tenía monísima, por cierto.
No le dejé forma para contactar conmigo, tampoco quería que lo hiciera, no sé qué pretendía al escribirle, debía de estar totalmente perturbada, pero le seguí escribiendo postales de vez en cuando. Desde París, desde Donosti, desde Irlanda, desde Almagro (jo, estaba en un congreso de Literatura Popular).
Y entonces mi amiga Coco y yo fuimos al primer gran concierto que dio Ismael Serrano en Madrid. A mí no me gustaba mucho, pero a ella sí. Y nos acompañaron mi madre y su amiga Car, que trabajaba con el padre de él y nos lo iba a presentar.
El concierto estuvo bien, con sus momentos. Y de repente, ¡ZAS! Aparece Pedro Guerra en el escenario. Y cantando la que más me gustaba del disco de Ismael.
Me ponía locamente, no daba grititos como las fanes de Take That, pero reconozco que se me aceleraba el pulso.
Les pongo tres de mis canciones preferidas, y les aseguro que Pedro Guerra es grandísimo en directo. Inmenso.
(Y esto es para Xisca, una rareza que igual le gusta)
Bueno, el caso es que cada vez que salía en la tele o en la radio mi familia y amigos me avisaban para que le viera/escuchara. Y así un día vi una entrevista suya en Madrid Directo en la que contaba que le gustaba mucho Madrid, a pesar de que seguía pillando millones de resfriados todos los inviernos por culpa tiempo helador, y que vivía "por allí" (sentado en la Plaza de la Paja y señalando en una dirección).
Llamé a mi amiga Pin y le dije:
-Pin, mañana no vamos a clase. Ponte zapatos cómodos que nos vamos a buscar la casa de Pedro Guerra. Mañana a las 10 (tampoco era cuestión de madrugar) en el Intercambiador de Moncloa.
Y allá nos fuimos.
Nos bajamos en el metro de La Latina, cerca de la Plaza de la Paja, y echamos a andar en la dirección en la que Pedro había señalado. Y entramos en todas las farmacias que encontramos (en algún sitio tendría que comprar el pobre el Frenadol) a preguntar si sabían dónde vivía Pedro Guerra.
En la cuarta nos dijeron que no sabían dónde vivía, pero sí dónde comía todos los días, un restaurante que estaba dos calle más allá.
En el restaurante nos dijeron que vivía en la perpendicular, pero que no sabían el número.
En la perpendicular preguntamos en un bar y nos dijeron que vivía justo en el portal de enfrente, en el número 5.
Entramos en el portal y en un buzón ponía en mayúsculas:
1ºB PEDRO MANUEL GUERRA.
Habíamos llegado.
Y entonces no supe qué hacer. ¿Subía? ¿Y qué le iba a decir? ¿Y si me quedaba sin palabras? ¿Y si decía alguna tontería? ¿Y si pensaba que era una fan psicótica que le quería matar?
Me senté en las escaleras y escribí una carta. Se la enseñé a Pin. Ella me dijo:
-No sé, Be, yo quitaría lo de que te gustaría lavarle el pelo con champú.
La reescribí, esta vez sin el párrafo dedicado a la bañera. Y subí al 1ºB.
Me abrió su asistenta. Una mujer encantadora, por cierto, que no se sorprendió mucho y me dijo que Pedro volvería en una hora. Le dejé la carta para que se la diera ella, le di las gracias y me fui.
Ah, la casa la tenía monísima, por cierto.
No le dejé forma para contactar conmigo, tampoco quería que lo hiciera, no sé qué pretendía al escribirle, debía de estar totalmente perturbada, pero le seguí escribiendo postales de vez en cuando. Desde París, desde Donosti, desde Irlanda, desde Almagro (jo, estaba en un congreso de Literatura Popular).
Y entonces mi amiga Coco y yo fuimos al primer gran concierto que dio Ismael Serrano en Madrid. A mí no me gustaba mucho, pero a ella sí. Y nos acompañaron mi madre y su amiga Car, que trabajaba con el padre de él y nos lo iba a presentar.
El concierto estuvo bien, con sus momentos. Y de repente, ¡ZAS! Aparece Pedro Guerra en el escenario. Y cantando la que más me gustaba del disco de Ismael.
(Sí, esta versión ni es en directo ni sale Pedro Guerra,
pero en fin, es que el concierto fue antes de los móviles con cámara)
pero en fin, es que el concierto fue antes de los móviles con cámara)
Casi me muero. Porque eso significaba que… después del concierto… a lo mejor… ¡podría conocerle!
Y le conocimos. Fuimos al "backstage" (o sea, lo que toda la vida se ha llamado "detrás del escenario"), y Car nos presentó a Rodolfo (el padre) que nos presentó a su hijo. Muy majo. Nos firmó las entradas y los CDs.
Luego Coco y yo nos autopresentamos a Luis Eduardo Aute, y Car y mi madre vinieron corriendo con Car gritando a voz en cuello:
-¿¡No les darás dos besos a ellas y a nosotras no, que fuimos a tu concierto en Guanchunflein hace 20 años!?
Los presenté y me alejé un poco (por si acaso, a nadie le mola descubrir que su madre es una groupie, aunque a la mía no le pegue nada) y me quedé mirando hacia donde estaba Pedro Guerra con Luis Pastor, como una tonta. Coco siempre ha sido más cortada que yo, y yo… no me atrevía.
Hasta que escuché a mi madre, que está como un cencerro y muy probablemente ni se acordaba del concierto de Guanchunflein, decir:
-Éstas no se atreven, Car, vamos a tener que ir nosotras.
Y yo, visualizando la debacle que se aproximaba, le dije a Coco que antes muerta que dejar que mi madre me hiciera pasar la vergüenza de mi vida, y me lancé.
-Hola…
Pedro Guerra nos dio dos besos, nos firmó autógrafos, nos preguntó si nos había gustado el concierto… y yo le dije:
-Yo… soy Be y…
Y él:
-¿Tú me mandas postales…?
A partir de aquí todo está borroso. Recuerdo que me abrazó, y que era muy delgadito. Que llevaba una camiseta amarilla, y que yo conseguí ser más o menos coherente durante cinco minutos más. Y que me fui y el colocón me duró toda la noche.
Le seguí enviando postales cuando me acordaba.
Nos seguimos saludando después de sus conciertos durante un tiempo.
Hasta que dejé de ir.
Mucho antes había dejado de escribirle.
Ahora vive en Rivas.
Y le conocimos. Fuimos al "backstage" (o sea, lo que toda la vida se ha llamado "detrás del escenario"), y Car nos presentó a Rodolfo (el padre) que nos presentó a su hijo. Muy majo. Nos firmó las entradas y los CDs.
Luego Coco y yo nos autopresentamos a Luis Eduardo Aute, y Car y mi madre vinieron corriendo con Car gritando a voz en cuello:
-¿¡No les darás dos besos a ellas y a nosotras no, que fuimos a tu concierto en Guanchunflein hace 20 años!?
Los presenté y me alejé un poco (por si acaso, a nadie le mola descubrir que su madre es una groupie, aunque a la mía no le pegue nada) y me quedé mirando hacia donde estaba Pedro Guerra con Luis Pastor, como una tonta. Coco siempre ha sido más cortada que yo, y yo… no me atrevía.
Hasta que escuché a mi madre, que está como un cencerro y muy probablemente ni se acordaba del concierto de Guanchunflein, decir:
-Éstas no se atreven, Car, vamos a tener que ir nosotras.
Y yo, visualizando la debacle que se aproximaba, le dije a Coco que antes muerta que dejar que mi madre me hiciera pasar la vergüenza de mi vida, y me lancé.
-Hola…
Pedro Guerra nos dio dos besos, nos firmó autógrafos, nos preguntó si nos había gustado el concierto… y yo le dije:
-Yo… soy Be y…
Y él:
-¿Tú me mandas postales…?
A partir de aquí todo está borroso. Recuerdo que me abrazó, y que era muy delgadito. Que llevaba una camiseta amarilla, y que yo conseguí ser más o menos coherente durante cinco minutos más. Y que me fui y el colocón me duró toda la noche.
Le seguí enviando postales cuando me acordaba.
Nos seguimos saludando después de sus conciertos durante un tiempo.
Hasta que dejé de ir.
Mucho antes había dejado de escribirle.
Ahora vive en Rivas.
En fin, que tenía que haberlo visto venir porque estaba claro que un día tenía que pasar.
Pues claro. Claro que sí. Puede hacer todo eso y mucho más. Como 2.000 flexiones cada mañana.





Pero aunque uno le tenga cariño a todos los personajes de Aliens (menos a la rata miserable de Burke, claro) Vasquez destaca por encima de todos por su contundente presencia. Tiene sentimientos, por supuesto, y llora cuando muere Drake, pero nadie es más duro ni tiene más cojones que ella. De los aliens sólo necesita saber una cosa: hacia dónde disparar.
Cuando Apone requisa el percutor de su arma ella tiene uno de repuesto (y otro de sobra para su amigo) ¿o acaso creíais que se iba a dejar castrar tan fácilmente? Incluso cuando hacia el final el Teniente Gorman acude a socorrerla no puede salvarla, tan solo morir semi-heroicamente junto a ella. No creo que sea casualidad que algunos de los mejores diálogos de la película sean suyos.
Cuando oigo a la gente quejarse de personajes femeninos que "en realidad son hombres disfrazados y no mujeres de verdad" se que se refieren a ella. Parece que se prefiere a heroínas que puedan desactivar una bomba con las uñas pintadas o saltar de un tren en marcha sin despeinarse (literalmente). Parece que para muchos una heroína debe ser una mujer-mujer.
Y nunca la han confundido con un hombre. ¿Y a ti? 








